Seamos Escuela para
la juventud.
Lucas Z. Granda
En los últimos
procesos electorales según el JNE (Jurado Nacional de Elecciones) de cada tres
electores uno es joven (18 a 29 años). En la última elección regional y
municipal del 2022 el voto joven represento el 27.4% de la población electoral.
Por otro lado, la militancia de la juventud ha descendido de 15% en el 2010 al
8% en el 2019, como también se menciona que las principales dificultades para
poder enfrentar la campaña se tienen en un 84% la falta de recursos económicos,
y un 21% por la falta de la organización política como las principales causas
según el Jurado Nacional de Elecciones. Evidenciando que hay una problemática
estructural en la participación política de las y los jóvenes en las
organizaciones políticas que cuentan con la inscripción, pero no se generan
procesos constructivos desde la juventud para enfrentar verdades dogmáticas,
sino se adhieren como una postura facilista y simplista a las estructuras
partidarias de poder.
La
construcción de una postura partidaria militante en ideales se hace muy difícil
y lejano cada vez en el imaginario de la juventud, obedeciendo a formas tradicionales
mercantilistas de los espacios de participación política convencionales, donde
la incoherencia ideológica, los proyectos mesiánicos personalizados en un individuo,
y la postura de reforzar el modo operante de las estructuras de poder, sin
ningún tipo de crítica o cuestionamiento se vive hoy en nuestra clase política.
Donde la juventud no genera procesos contrahegemónicos desde los espacios mas
cercanos de movilización y de organización de la sociedad civil, sino se acopla
en una competencia sin reglas y con el principio “todo vale”.
¿Por qué los
proyectos políticos de las y los jóvenes son individuales? El tener pensamiento
divergente, cuestionamiento critico y construir narrativas contra hegemónicas contra
las estructuras tradicionales y clasistas en la política sígnica negar
protagonismos independientes y apostar por un colectivo que proponga soluciones
articuladas a problemáticas en el territorio, con una ideología coherente, pero
para ello hay que delegar competencias, nutrirse de la sinergia partidaria y
cohesionar alianzas en base a la confianza intergeneracional dentro de un
espacio de participación continuo. Todo este proceso de crecimiento político articulado
y consensuado no cabe en una foto de Instagram, no tiene un enfoque populista,
no se puede marketear solo una imagen, y como atestiguamos la era del homo
videns, que todo tiene que pasar por las redes sociales sino no existe,
entonces los proyectos individuales de la juventud que participa en política se
fortalecen, porque hay un problema estructural en la formación, en la
construcción colectiva de partido, donde actualmente en regidurías, consejerías
y curules en el congreso son proyectos individuales y mesiánicos, sin
cuestionar el establishment de la política peruana, sino se busca la cuota de
poder que se acumula cada año, compitiendo para ser mas candidatiable a un
cargo mayor.
“Se extraña
aquella juventud de corazón abierto, que lo daba todo sin pedir nada a cambio”
menciona Pepe Mujica. Los ideales que se construían en la juventud desde los
movimientos barriales, estudiantiles, sectores productivos y la sociedad civil
en general significaban posturas críticas a los gobiernos nacionales, regionales
y locales de turno, no solo con posturas criticas de las acciones negativas
sino proponiendo soluciones progresivas en el tiempo. Actualmente se ven
jóvenes que se perennizan en el poder hasta en voluntariados, siendo un nivel
de organización genuino y humilde, pero están siendo instrumentalizados por
pequeños cacicazgos juveniles para utilizarlos como trampolines políticos en
procesos electorales.
También hay
jóvenes que asumen puestos de representación popular en la infraestructura del
Estado que se han olvidado de sus banderas políticas que les permitió estar
sentados en un consejo municipal, en un consejo regional y en el congreso, como
el feminismo y el liberalismo. Se plantearon luchas estructurales con
vehemencia, con miras a plantear hitos históricos en cambios generacionales en
la política regional, pero apenas entraron fueron adiestrados y apadrinados por
las malas prácticas en la política, coludiéndose en temas de corrupción, sabiendo
los políticos tradicionales que les encanta la cámara, y se les saca a otras
provincias como mascotas para evidenciar un trabajo cohesionado, exigiendo a
cambio presupuestos para sus viajes y plata para su provincia, para que no se
caiga el discurso ante la población que le dio la confianza en algún momento de
descuido.
No se apuesta
por la institucionalidad democrática, sino en cercenar los presupuestos
públicos por intereses particulares, elefantes blancos con nombres propios de
políticos. No se escucha el canto de la población cuando menciona que “esta
democracia ya no es democracia”, no reconocemos que somos una sociedad que ha
entrado a un estado permanente de anomia, y sino tenemos ese reconocimiento de
nuestras problemáticas estructurales y todo lo queremos resolver con millones y
primeras piedras de obras de construcción, vamos a caer y a convertirnos en lo
que siempre rechazamos, peones de la política convencional y corrupta.
No todo se
pierde en el proceso de construir una participación política cohesionada entre
iguales, por ejemplo, hay espacios que pueden garantizar oportunidades de
cambio en nuestro sistema de representación, dotándolo de nuevos cuadros, como
lo es “Seamos Escuela”, sígnica un proceso constructivo, siendo un programa de
formación política, creando narrativas alternativas y desarrollando pensamiento
crítico de jóvenes de diferentes regiones, complementando problemáticas
estructurales, pero también generando compromisos para cambiar nuestra
realidad.
La lucha no termina mientras los
brazos sigan arriba.




