Islay, conflictos sin
resolver.
Lucas Z. Granda
Islay, una de
las ocho provincias de la región Arequipa cobra importancia en la esfera
pública por el conflicto socioambiental iniciado el 2007 a causa del Proyecto
Minero Tía María y la Tapada por la Compañía Minera Southern Copper Perú en el
Valle de Tambo, parte agrícola y ganadera de la jurisdicción, abarcando los
distritos de Cocachacra, Punta de Bombón y Deán Valdivia.
Donde la
población mayormente a migrado de la sierra sur por mejores condiciones de vida
y oportunidades de trabajo. Este conflicto sigue en permanente estado de
latencia, guiando la opinión pública y estableciendo tendencias políticas en
movimientos regionales y locales para procesos electorales municipales y
regionales, sin tocar la ebullición violenta que desencadena el conflicto, teniendo
muchos momentos álgidos en el 2011, 2014, 2017 y 2019, Tía María convive con
las demandas populares y necesidades ciudadanas atendidas por las
municipalidades, porque el departamento de relaciones comunitarias de la
empresa minera nunca se fue, como también los dirigentes anti mineros siguen
presentes en espacios de participación y ocupan cargos gremiales donde la
disputa ideológica en el territorio se combina con la idiosincrasia de la
población trasladando las motivaciones y yuxtaposición de intereses a obras de
infraestructura, organización en la pandemia, políticas asistenciales
distritales, manifestaciones deportivas y protestas continuas a menor
escala.
Haciendo
referencia el título del articulo a “conflictos” en plural, porque comenzamos
hablando solo de uno. Para poder reflejar un estereotipo dentro del sentido
común de la gestión pública, gestión de conflictos sociales y el proceso de la
descentralización. Por ejemplo, cuando se conversaba con unos asesores del
Gobierno Regional de Arequipa y de la PCM se tenia una mirada reduccionista de
mirar toda la Provincia de Islay en relación a un conflicto socioambiental
extractivista para insertar la actividad productiva minera, porque su evidencia
se basa en momentos donde el conflicto estuvo en estado de crisis y marco los
noticieros a nivel nacional, pero no se ha hecho el trabajo de bajar al llano,
convivir con las percepciones de la ciudadanía e identificar las lógicas
distritales frente a los sucesos que acontecen desde el 2007.
Toda la provincia
se mueve en dos lógicas territoriales, una que agrupa a Mollendo-Islay y la
otra que gira en torno al Valle de Tambo, no solo está la actividad agrícola
como generadora de empleo, sino la pesca de recursos hidrobiológicos, la
infraestructura turística, el boom de construcción civil por obras por
impuestos que se generan por las industrias y empresas que residen en la
jurisdicción, y la impartición de diferentes servicios. Conociendo además que
esta el Puerto de Matarani como último tramo de corredor minero que viene desde
Cusco, siendo una infraestructura estratégica para el comercio con el mar del
pacifico. Y nos quedamos cortos.
Todas las
actividades mencionadas tienen conflictos sociales relacionados a la
contaminación por actividades industriales posicionadas en la provincia,
paralización de obras públicas por una ineficiente gestión pública,
agroquímicos en los productos de los mercados locales, trafico de terrenos por
dirigentes donde no se encuentra una salida con las familias Vargas Velón y
Toalino, problemas de delimitación territorial entre Mejía y Deán Valdivia, Deán
Valdivia con Cocachacra, como también la delimitación entre la Provincia de
Camaná e Islay en relación a la pertenencia de caletas por la carretera
costare, donde no se puede invertir presupuesto público hasta la fecha, donde
ya hay problemas de malversación de fondos (una tarea para los consejeros de
ambas provincias), entre otros conflictos.
Cuando me toco
vivir mas de dos años y medio en el Distrito de Islay, identificas a una población
que viene de todo el Perú, pero sobre todo conoce muy los espacios de
participación que están devaluados en el Estado, conocen a las autoridades en
su quehacer corrupto, como también a quien se inmola por su gente, conocen muy
bien lo que necesitan y cuales son los canales para poder obtener un beneficio
individual como colectivo. Nunca respire tanta política gremial, partidaria y
participativa que, en la Provincia de Islay, se aprende los principios de la
negociación, identificación de intereses y mecanismos de concertación desde los
espacios públicos, eso no se puede evidenciar en un listado de noticias, ni
mucho menos en reportes de hechos de violencia consumada por la Defensoría del
Pueblo.
El Estado en
Islay ha fracasado para generar institucionalidad y confianza en la ciudadanía,
su tarea es garantizar todos los derechos de la población, trabajando
arduamente para que la población deje de percibirlo como un agente externo y
lejano de la protección de la ciudadanía. Para ello se debe incorporar instancias
de diálogo en el primer nivel de gobiernos subnacionales, es necesario para
poder lograr un mejor entendimiento entre peruanas y peruanos. Que la violencia
no se vuelva una manera de resolución de conflictos cotidiana en la sociedad,
como mecanismo para que puedan prestar atención a las necesidades ciudadanas y
demandas populares que tiene la sociedad civil organizada.

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