La
mirada de la gestión de los conflictos sociales del Estado peruano
Lucas
Z. Granda.
El Estado tiene poca
capacidad para coordinar en pleno conflicto social, no puede prevenir el
bloqueo de carreteras. Como sucedió en el bloqueo del reservorio que abastece a
5 mil personas en el campamento minero de Cuajone en el 2022, por reclamo de
las comunidades campesinas de Tumilaca, Pocata, Coscore y Tala que exigían la
reparación civil de 5 mil millones de dólares a la empresa Southern Perú por
utilizar sus terrenos durante cincuenta años de explotación. Informando los
empresarios de dicha empresa minera que se perdía cinco millones de dólares al
día en exportaciones y 8.5 millones de dólares diarios por concepto de
impuestos y regalías. Pero, por otro lado, tenemos la situación de trece
sanciones por parte del Organismo de Evaluación y Fiscalización Ambiental
(OEFA) a dicha empresa minera, nueve de ellas en Moquegua, sumando sanciones
por más de 30 mil dólares en multas (Convoca.pe, 2022). Evidenciando que se
actúa de manera urgente e instrumental en el tratamiento del conflicto social,
escalando al nivel de problemática para la esfera pública nacional que debería
ser atendida en sus diferentes niveles de gobierno, de acuerdo a su competencia
y funciones vinculantes en el conflicto que se esté desarrollando en el
territorio, trayendo a la agenda el proceso de descentralización en el Perú y
el tratamiento que se ha tenido a los conflictos sociales desde los gobiernos
regionales.
El Estado peruano en el
2008 – 2009 empezó a buscar alternativas y espacios de construcción de diálogo
dentro del Estado, comenzando en la secretaria de Coordinación de la PCM, donde
el sociólogo Víctor Caballero impulsa el tratamiento de los conflictos
sociales, organizando en el 2011 en adelante un equipo especializado para
dirigir la Oficina de Gestión de Conflictos Sociales en la Presidencia del
Consejo de Ministros (PCM), luego pasaría al nombre de Oficina Nacional de
Diálogo y Sostenibilidad. En la actualidad se denomina la Secretaría de Gestión
Social y Diálogo adscrita a la Presidencia del Consejo de Ministros (PCM), como
también diferentes ministerios han logrado conformar sus oficinas de diálogo
para afrontar sus respectivos conflictos sociales, por ejemplo se envía
personal desconcentrado en regiones de la PCM y el MINEM para la gestión de
conflictos sociales; se puede tomar también el caso del Ministerio del Interior
a través de la Dirección General de Orden Público, Ministerio de Transportes y
Comunicaciones , Ministerio del Medio Ambiente y en particular OEFA tienen
equipos que envían cuando hay crisis de conflictos. Los demás ministerios
(Vivienda, MIDAGRI, MINEDU, MINSA, MIDIS) también tienen unidades operativas
que disponen cuando hay conflictos.
Esta mirada vista desde
Lima refuerza la postura centralista de la administración pública, en este
caso, en la resolución de conflictos, porque no se impulsa en las regiones,
provincias ni gobiernos locales la apertura de oficinas de gestión social y
diálogo, bajo un mismo enfoque y metodologías. Siendo siete gobiernos
regionales las excepciones, se trata de Arequipa, Ayacucho, Loreto, Puno, San
Martín, Tacna y Ucayali. Cayendo en contradicción aquellas regiones donde se
concentra el 52.8% del total de los casos de conflictos sociales, que son
Loreto (17) Ancash (12), Apurímac (11), Cusco (10), Cajamarca (8) y Pasco (6).
Por eso que se propone que la administración pública gire su orden piramidal en
el tratamiento de los conflictos sociales en el país, comenzando por el primer
escalón de disputas en los espacios públicos, correlacional a las demandas
populares insatisfechas en los cientos de municipalidades distritales y
provinciales, desde las unidades de participación ciudadana y las gerencias de
desarrollo social, para verificar las competencias y actividades planificadas
que elaboran los gobiernos locales para involucrar a la sociedad civil
organizada, con la idea transversal de generar un tratamiento de conflictos
sociales desde la cohesión social y mejorar los canales de representación,
legitimidad y gobernabilidad territorial.
La propuesta tiene que
recaer, según el sistema de representatividad y las competencias
gubernamentales de cada nivel de gobierno en el país, en la voluntad política
de alcaldes, alcaldesas, gobernadores, gobernadoras, consejeras, consejeros,
regidores y regidoras para insertar la idea referida de innovación de gestión
pública, discutiendo con un trabajo de investigación serio, sistematizando
tanto lo funcional como la realidad vinculante a los gobiernos locales para
abrir posibles espacios de diálogo y concertación en los niveles de gobierno
más accesibles a la ciudadanía, para poder actuar a nivel preventivo y con un
acompañamiento sobre necesidades y demandas populares posibles de ser cumplidas
en los niveles descentralizados de gobierno que la sociedad civil se organice
para exigirlos. Con ello se podrá institucionalizar el rol de los gobiernos
locales a nivel provincial en el tratamiento y prevención de los conflictos
sociales, construyendo una cohesión social entre ciudadanía y Estado.
Por otro lado, se debe
complementar la creación de espacios de diálogo en el gobierno de la
Municipalidad Provincial de Islay con el seguimiento del cumplimiento de
acuerdos en los espacios de diálogo. Reforzando esta idea el Adjunto de la
Oficina de Conflictos Sociales de la Defensoría del Pueblo Rolando Luque, mencionando
en el Informe Defensorial N°187-2021-DP que, del seguimiento de acuerdos
alcanzados en las mesas de diálogo, el 72.5% de éstos fueron asumidos por el
Estado, el 19% por la empresa privada y el 14.4% por la sociedad. Pero el 87%
de los acuerdos no se le encargó a ninguna entidad a hacerle seguimiento
(Defensoría del Pueblo, 2022). Para ello el Estado debe tener las reglas claras
cuando participa en los procesos de diálogo, para ver en qué se puede
comprometer y en qué no.

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