lunes, 23 de marzo de 2020

Sabemos el Inicio pero no el Final del COVID-19


Sabemos el Inicio pero no el Final del COVID-19

El dieciséis de marzo inicio la cuarentena en nuestro país, trasladando a miles de personas que trabajan lejos de su lugar recurrente de residencia, las y los peruanos que se encontraban en otro país por motivos de estudio, recreativo o turismo decidieron regresar de inmediato al escuchar el mensaje del presidente Vizcarra, que cerraría las fronteras, los motores productivos de todo el territorio no podían creer la radical medida que tenía el gobierno para emprender la lucha contra el Covid-19. Los sectores pobres y pobres extremos estaban en la incertidumbre, ya que la mayoría de hogares en esta condición socioeconómica encuentran su dispensa en la informalidad, siendo el 73% de la economía en el Perú. El sector educación nos dio el primer síntoma de prevención contra la pandemia, aplazando el inicio escolar de la educación básica regular y la educación superior (universitaria y técnica). Las sentencias por parte del poder judicial, como las investigaciones por casos de corrupción a organizaciones políticas constituidas para delinquir, habían quedado postergadas. Las grandes campañas de pesca que se realizada en las diferentes escalas, artesanales e industriales, se han detenido, dejando puestos de trabajo a las localidades costeras y pesqueras. Sin contar al sector turismo que esta inamovible, todo para poder impedir las aglomeraciones de personas en lugares cerrados o abiertos, siendo la forma de contagio muy fácil, se han tomado las medidas para resguardarnos como especie humana.

               A inicios del 2020 se empezó a desarrollar y expandir el coronavirus Covid-19, desde Wuhan (China) partió y se convirtió en la lucha mancomunada más grande en el mundo contemporánea. ¿Por qué varios países y ciudadanía en general no vieron la gravedad de la situación que se acercaba para cada uno de sus países? A consecuencia de ello tenemos resultados nefastos, como en Italia, ya llevan más de 5 mil fallecidos a causa de Covid-19, y nos acercamos al millón de infectados en todo el planeta. Se mantuvo la información bajo secreto, los fallecimientos y contagios fueron ocultados por varios gobiernos, hasta que la crisis sobrepaso los diferentes sistemas de salud en el mundo.

               Uno de los principales opositores para tomar la medida al estado de cuarentena obligatoria fueron los diferentes grupos de poder que manifestaban sus argumentos de pérdidas económicas millonarias. Entonces la decisión de varios gobiernos frente a la pandemia definió la configuración geopolítica entre el mercado (mano invisible) y el Estado-Nación (gobiernos que ejercen el poder en un territorio) como agente dominante, siendo el ultimo que ha está imperando en el ejercicio del poder. En la otra orilla se encuentran posturas republicanas que defienden el sentido de la libertad en toda su expresión, oponiéndose a las medidas de cuarentena obligatoria, solo para citar algunos ejemplos, tenemos: a Jaime Bayly (periodista liberal a favor del libre mercado) y Rafael Rey (funcionario de confianza del difundo Alan García). Que creen férreamente en el show del Covid-19 en el Perú, siendo una estrategia populista para poder dar réditos políticos al gobierno, manteniendo su principal postulado: en que cada individuo es libre de hacer con su salud lo que le plazca, y si decide infectarse, es bajo su responsabilidad. Son medidas descontextualizadas a la realidad peruana, jerarquía de poderes, competencias institucionales y sobre todo salvaguardar el bien común.

               El Covid-19 es un virus que no distingue si eres rico o pobre, negro o blanco, costeño o serrano, peruano o venezolano. Solo las enfermedades atacan de manera horizontal y equitativa a todas las personas sin importar su condición social, política, económica o de status. Si, el ser humano es un ser social por naturaleza, desde la época de la iluminación y la revolución francesa en 1789, lo sabemos, la cuarentena está atentando contra el rol social de la interacción, pero la razón tiene que primar en base a la información y el conocimiento de nuestra sociedad. Hay varios sectores, por no decir todos, a nivel nacional que están paralizados, nuestra realidad como Perú no es la que quisiéramos, sin advertir el estado de nuestro sistema de salud, pero tenemos que actuar como comunidad, en base a la reciprocidad y a la solidaridad, valores ajenos al capitalismo y al sistema consumista que impera actualmente, pero nos estamos jugando la vida.

               Esto llevara a una reconfiguración de todo lo establecido o equilibrado que conocíamos, siendo la globalización la proveedora de este statu quo. Mario Bunge definía en cuatro campos el cambio de una sociedad atrasada a una en desarrollo: cultura, política, economía y biología. Es sin lugar a dudas el inicio de una década de rompimiento de paradigmas en el conocimiento, manifestando nuestra fe y sobre todo nuestros esfuerzos en la prevención. Varios han querido darle el nombre de castigo divino o un golpe de la naturaleza, para poder entender lo que la razón no puede darnos como sociedad para las mentes mecánicas y dogmáticas, pero no es así.

               Algunos que podemos manifestar nuestra opinión a través de palabras, se le negó en darle palestra al Covid-19, para colaborar en no caer en la histeria generalizada en el mundo entero, provocando que las muertes sucedan no por el virus sino a consecuencia de la desesperación. Bueno ahora los esfuerzos tienen que ser unificados, sino, ¿Qué sería la vida sin salud?

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¿Pena de Muerte para los Violadores? Obvio, Sacerdotes También.


¿Pena de Muerte para los Violadores? Obvio, Sacerdotes También.

La pertenencia de la vida es individual, propia de cada ser humano, alejada ferozmente de la idea que la vida le pertenece a una deidad divina, que debemos estar agradecidos por despertar cada día a un ente, bueno no daremos la otra mejilla aquí. La vida es un derecho ciudadano en pleno siglo XXI, por la evolución de la humanidad y el conocimiento de la sociedad, en base a luchas, protestas y reivindicaciones colectivas, significando una ciudadanía critica de la realidad y no un rebaño de ovejas que siguen a un pastor.

La “pena de muerte” es un debate contemporáneo, histórico, populista y que está en la opinión pública, actualmente presente por los casos de violación a menores de edad en nuestro país. Centrando la reflexión en los 5140 casos a menores víctimas de violación sexual en el 2019, y solo en enero del 2020 se registraron por los Centros de Emergencia Mujer (CEM) 464 casos de violación sexual a menores de edad, como el caso de la niña Camila de 4 años que fue ultrajada y asesinada en el distrito de Independencia en Lima Metropolitana. 

La pena de muerte lleva el nombre de todas y todos los violadores en el Perú, diciendo la ciudadanía a viva voz que no es suficiente el encierro, no es suficiente 35 años de privación de la libertad, el dolor de perder un ser querido y un familiar, no tendrá compensación justa en un Estado democrático ni en la vida que tienen que caminar.

Entonces responde el presidente Martín Vizcarra: “estamos evaluando la pena de muerte”, haciendo una referencia a los casos de violación contra menores de edad, asesinatos, entre otros, personificando la acostumbrada indignación popular, y es aquí donde podemos ver que no solo es subirse a la ola, en momento de crisis, sino saber cuándo parar, para establecer el orden y hacer pedagogía pública, resguardando el derechos de todas y todos los peruanos. Patinaste otra vez y sin congreso aún.

Porque es cierto que se tiene una generalización del rompimiento del Estado de derecho, transgrediendo las leyes por personas que no encuentran lugar en la sociedad, viendo el crimen y la violación como la cotidianidad de un oficio, haciéndose acreedores a los peores castigos, manifestados y realizados por la ciudadanía. Claro ejemplo son las rondas campesinas en Cajamarca y Puno, donde a los abigeos los queman vivos en los postes de alumbrado público, se les hace caminar desnudos a plena luz del día por todo el pueblo, se les azota en las plazas de las villas, y todo como muestra de rechazo a las actitudes transgresoras de las normas comunales y de convivencia entre iguales. Ósea la pena de muerte inconstitucionalmente es inviable, y para los demócratas y protectores del derecho humanos, como el derecho a la vida, es innegociable, pero en la informalidad y la ausencia del Estado peruano se practica la pena de muerte como sanción popular.

El otro extremo es la anarquía, que no puede apoderarse de nuestro sentido de comunidad, responsabilidad ciudadana, respeto a las normas y sobre todo a la vida. Pero en el supuesto que nos salgamos del Pacto de San José, realizando las reformas pertinentes a nuestra constitución política y sistema de justicia, ¿funcionaria para reducir la violencia y las violaciones a mujeres, niños, niñas y adolescentes?  Sobre todo si tenemos los jueces y fiscales que determinarían la pena de muerte en relación a la magnitud del crimen (los famosos hermanitos), ¿confiamos en nuestro sistema de justicia?, con una justicia equitativa, sin considerar estratos socioeconómicos para aplicar la pena. ¿Mejoraría el actuar de la Policía Nacional del Perú (PNP)?, estando actualmente desmotivada, encontrando organizaciones corruptas que delinquen dentro de la institución, sin respaldo institucional ni de cuadros honestos e íntegros en su centro de trabajo, lograrían mejorar sus intervenciones para atacar la problemática, que de paso es integral y compleja. Son muchos los cabos sueltos que deja una medida extrema e improvisada.

En relación a la pena de muerte hay instituciones supranacionales que han debatido, regulado y polemizado sobre el tema, como la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). Alegando en líneas generales su visión por erradicar esta pena de los sistemas de justicia de cada país adscrito, estableciendo algunos parámetros: en caso de guerra comunicada al inicio y al cierre, si es válida la pena de muerte; no a menores de edad, personas mayores de 70 años, tampoco a madres gestantes ni por delitos políticos; nadie puede ser arrebatado de su vida arbitrariamente, sin un debido proceso, teniendo el derecho de pedir clemencia, amnistía o conmutación; y no se restablecerá la pena de muerte a los países que la han abolido. Todo esto manifestado en la Convención Americana sobre Derechos humanos 08 septiembre de 1983 – CIDH.

Por citar un caso de mal uso de la pena de muerte manifestado por la CIDH. El Caso Raxcacó Reyes vs. Guatemala. Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia de 15 de septiembre de 2005, párr.56: por ser el actor directo de un secuestro a una menor de edad, comprobándose en un juzgado el plagio como autores directos, fue condenado a pena de muerte.

Ahora la Organización de las Naciones Unidas (ONU) tiene una visión diferente, proponiendo su erradicación gradualmente, con restricción, pero con uso legal de la pena. Priorizando la naturaleza de la acusación, evitando tener una pena automática, fría y mecánica, sino enfocarse en la gravedad intrínseca del crimen perpetrado. Quiere decir, una pena de muerte legal, pero con razones de justicia. Concluyendo, que se debe evitar el “fenómeno del corredor de la muerte”, siendo el tiempo que se demoraban en darle viabilidad a la pena. Cabe mencionar que la Defensoría del Pueblo en el Perú, no cataloga a la muerte como pena, porque no es una reinserción a la sociedad, sino es la muerte del individuo, lo cual degenera nuestros valores democráticos y de respeto a los derechos humanos.

Manifestando mi opinión para concluir que no hay derecho para poder quitar la vida, y si es el motivo actual la violación a menores de edad, es una problemática más grande que una pena de muerte. Y si hay cosas que analizar aún, no veamos solo a los estratos más pobres y barrios urbano marginales de las ciudades y ciudades intermedias, sino giremos también la cabeza y miremos todos los casos de pedofilia que durante décadas los sacerdotes, diáconos, obispos y cardenales han perpetrado la intimidad de nuestros hijos, hijas, sobrinas, hermanas, hermanos y ciudadanos en general, haciendo uso su poder clerical, la confianza familiar y en nombre de una deidad, solo es necesario que revises periodismo de investigación, algunas películas como Spotligh (En Primera Plana – Latinoamérica), o puedas viajar a la sierra profunda y converses con los ancianos para que te expliquen que no solo hay violadores de asfalto sino también de habito y sotana los domingos.



lunes, 9 de marzo de 2020

Toro y Gallo: “Tengo el mismo Derecho de Vivir con Dignidad”


Toro y Gallo: “Tengo el mismo Derecho de Vivir con Dignidad


El 18 de septiembre del 2018 más de 5 mil ciudadanos y ciudadanas interponen una demanda de inconstitucionalidad a la Ley 30407 “Ley de Protección y Bienestar Animal”, excluyendo la corrida de toros, pelea de toros, pelea de gallos y demás espectáculos declarados de carácter cultural. A lo cual el Tribunal Constitucional, máxima institución que se encarga de interpretar la constitución del 1993 para salvaguardar los derechos de todas y todos los peruanos, denegó la demanda con 4 votos en contra (José Luis Sardón, Augusto Ferrero, Carlos Ramos y Manuel Miranda Canales.

¿Es una manifestación cultural valida en nuestra sociedad peruana la pelea de gallos y la corrida de toros? (la pelea de toros no acaba con la muerte de ningún animal, ni se manifiesta ninguna acción de crueldad contra el animal), teniendo como base que somos pluriculturales de norte a sur, a lo largo y ancho del territorio nacional, creando pequeños regionalismos – chauvinistas discriminadores, sectarios y divisionistas en nuestro Perú. Surgiendo hasta debates conceptuales, ¿Qué es cultura? ¿La cultura de la mayoría debería tener límites sobre la vida de otras especies, que son defendidas por las minorías? ¿La violencia puede estar catalogada como cultura? ¿La cultura de las corridas de toros y peleas de gallos educa a nuestras generaciones o son las causas de los grandes problemas de inseguridad, enfermedades mentales y una sociedad violenta, transgresora de las normas? Interrogantes que apertura el debate y con la sentencia del TC dejan sentado un antecedente.

Rechazo cualquier acto cultural o no, que involucre el espectáculo con la muerte, violencia y crueldad de un ser vivo, no hay justificación social, económica, costumbrista ni mucho menos educativa para conservar estas manifestaciones que revelan el lado irracional del ser humano a favor de la violencia. Incapacitándonos para tener empatía, compasión ni justicia hacia otro ser vivo. Mostrando a continuación algunos argumentos trogloditas y de poder mediático que tienen como objetivo generar conflicto en la opinión pública, sobre lo que tendríamos que determinar cómo innegociables.

Rosa María Placidos es una periodista y abogada que tiene atinados análisis políticos y sociales en la realidad peruana, pero en este caso lamentablemente recae su postulado sobre la “equivalencia entre el animal y el torero en una plaza, bajo una disputa equitativa digna de apreciar, a diferencia de la muerte que puede tener en un camal”, hay una diferencia entre comer carne y disfrutar el espectáculo violento de la muerte de un animal. La periodista recalca que “las condiciones de sobrevivencia del toro aumentan, motivo por el cual el espectáculo es justo”, se nota la incoherencia de la defender los derechos humanos para otras causas, sin saber que este título no solo se refiere a la especie sino a todos los seres vivos. Alegando ella: “voy vez al año, para ver la verdad, con un animal de 500 kilos contra un hombre, y que un grupo minoritario, como son los animalistas, no pueden prohibirle el derecho de poder tener este espectáculo”, es la excusa encubrirse detrás del derecho de la libertad para poder permitir una cultura de violencia.

El novel Mario Vargas Llosa dice: “la corrida de toros es igual de antigua que la cultura peruana y que poco ciudadanos son enemigos de la corrida de toros, comparando el espectáculo de la corrida de toros con ir al teatro o el ballet”, calificando de fanáticos a los animalistas y los más de 5 mil ciudadanos que presentaron la demanda ante el TC, pidiendo el novel la celebración del fallo a nivel nacional, donde Mario intenta llamar a resguardar la democracia y la libertad. Recayendo en una incongruencia, profesando en cada presentación de libro que va su ideología liberal, sabiendo que la razón es el postulado primordial de esta, se contrapone a una práctica porque no es cultura, replicadora de violencia, morbo y crueldad, que las corrientes modernas las desacreditan.

Tampoco hay que llegar al extremo de profesar mensajes de odio ni mucho menos manifestar deseos de querer eliminar a las personas que encuentren sentido, vitalidad y placer de las corridas de toros y peleas de gallos, sino porque luchamos, si seguimos replicando violencia, contraponiendo ideas basadas en conflicto, en confrontar, hay que establecer los límites claro está, ellos son la vida y la naturaleza, y empezar un proceso de desaprendizaje social, para empezar a valorar la sostenibilidad y la cohabitación de los ecosistemas de manera horizontal entre las diferentes especies incluyéndonos.

Para terminar Marianella Ledesma (Presidenta del Tribunal Constitucional) hace una analogía importante de resaltar, manifestando que antes se sentía al toro como una cosa, pero ahora es un animal que siente, respira y tiene el mismo derecho de vivir en el planeta como la especie humana. Siendo la analogía, que los patrones machistas siguen considerando a la mujer como un objeto doméstico, familiar y sexual, que la modernidad y la democracia nos ha permitido romper estos dogmas retrógrados y cavernícolas en pleno siglo XXI, hay infinidad de temas atrapados o encubiertos por tradiciones y por el statu quo que tenemos que empezar a combatir.