viernes, 18 de julio de 2025

Reuniones de lideres pirotécnicos y sin militancia programática.


Se congregan más de cien personas de sociedad civil organizada con representación o no, con legitimidad o no, ¿importa eso o solo que llenen la hoja de asistencia para manifestar el éxito de una congregación? ¿Cuándo la cantidad se convirtió en calidad para simpatizar a una cooperante? hasta se presentan algunas autoridades electas por voluntad popular que creen que están en campaña electoral, mientras hace agua sus gestiones dentro del Estado terminando el segundo año de gestión.

A las personas asistentes los une la indignación, ideas sistematizadas que no salen de la narrativa noticiosa del poder factico de los medios de comunicación, no hay análisis, no hay ideología, solo puro romanticismo de izquierdas o derechas (esa línea ni se tiene claro, porque no se maneja la teoría de ambas posiciones), pero sobre todo no militan en partidos políticos, ni mucho menos quieren entran a realizar política partidaria porque mancharían sus embestiduras, si es que tienen algo que arriesgar o manchar, que ya no este sucio. Son discursos y diagnósticos de realidades sectarias, con el interés de desahogarse de toda la mierda que vemos en los medios de comunicación y en nuestra clase política.

La pregunta surge, ¿nos merecemos la clase política que tenemos en el legislativo y el ejecutivo? Yo creo que sí, a pulso y con mucho esfuerzo se logró, hemos desmantelado todo nuestro pensamiento complejo y crítico de las cosas “cotidianas”, no nos importa la inseguridad ciudadana, siempre y cuando no me maten a mí, ni me extorsionen a mí, ni mucho menos me asalten a mí. No me importa que la educación este por el suelo en comprensión lectora y razonamiento matemático (solo para dar indicadores convencionales y efímeros), mientras mis hijos si tengan un buen profesor, o peor aún, que logren ir a un colegio de alto rendimiento, los famosos COAR, mientras el estudiante que no logran entrar a una educación de elite pública tiene que acomodarse o adaptarse a las nulas oportunidades que tiene el Estado para el o ella.

Por otro lado, tenemos a las personas que replican la revolución con dogmas de 1989, amparados en la URSS y la caída del muro de Berlín, no encuentran una explicación intercultural, contextualizada y con un tufillo europeo masticado, es un modelo reduccionista de las cosas, solo una mirada de la estructura y superestructura, aplicando puro materialismo histórico, sin pensar que el mismo Marx plantea la dialéctica como parte del avance científico, las verdades relativas dispuestas en la innovación y la tecnología, no nos dejemos que nos lleven de las narices personas que solo quieren candidatear a costa del romanticismo de la desigualdad y la pobreza.

¿Entonces a que se junta tanta gente a conversar? Hacer más diagnósticos, manifestar que hay una ruta, no, porque saben que no la puedan ejecutar, porque son solo aves de Coffe break, muy ricos, por cierto, aves de bocaditos deliciosos que auspicia las cooperantes, que gastan sus municiones en reuniones infructuosas, donde la juventud repele los espacios por los discursos ochenteros y nada contextualizados de los participantes. Sonara duro, pero la política no está podrida por las personas que ocupan cargos actualmente, porque seguiremos en la misma línea el 2026, sino por toda la masa que se acostumbró al populismo, la demagogia y los liderazgos mesiánicos caudillistas de los noventa con el Fujimorismo, eso es generacional señores y señoras, eso tiene que morir con las generaciones que entienden así la política peruana.

Tanta razón tiene hoy Manuel González Prada en estos espacios de participación ciudadana, parafraseándolo, “los viejos demagogos, caudillistas y lideres a la tumba y los jóvenes progresistas a la lucha”.

 


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