Se congregan más
de cien personas de sociedad civil organizada con representación o no, con
legitimidad o no, ¿importa eso o solo que llenen la hoja de asistencia para
manifestar el éxito de una congregación? ¿Cuándo la cantidad se convirtió en
calidad para simpatizar a una cooperante? hasta se presentan algunas
autoridades electas por voluntad popular que creen que están en campaña electoral,
mientras hace agua sus gestiones dentro del Estado terminando el segundo año de
gestión.
A las personas
asistentes los une la indignación, ideas sistematizadas que no salen de la
narrativa noticiosa del poder factico de los medios de comunicación, no hay
análisis, no hay ideología, solo puro romanticismo de izquierdas o derechas
(esa línea ni se tiene claro, porque no se maneja la teoría de ambas
posiciones), pero sobre todo no militan en partidos políticos, ni mucho menos
quieren entran a realizar política partidaria porque mancharían sus
embestiduras, si es que tienen algo que arriesgar o manchar, que ya no este
sucio. Son discursos y diagnósticos de realidades sectarias, con el interés de
desahogarse de toda la mierda que vemos en los medios de comunicación y en
nuestra clase política.
La pregunta
surge, ¿nos merecemos la clase política que tenemos en el legislativo y el
ejecutivo? Yo creo que sí, a pulso y con mucho esfuerzo se logró, hemos
desmantelado todo nuestro pensamiento complejo y crítico de las cosas
“cotidianas”, no nos importa la inseguridad ciudadana, siempre y cuando no me
maten a mí, ni me extorsionen a mí, ni mucho menos me asalten a mí. No me
importa que la educación este por el suelo en comprensión lectora y
razonamiento matemático (solo para dar indicadores convencionales y efímeros),
mientras mis hijos si tengan un buen profesor, o peor aún, que logren ir a un
colegio de alto rendimiento, los famosos COAR, mientras el estudiante que no
logran entrar a una educación de elite pública tiene que acomodarse o adaptarse
a las nulas oportunidades que tiene el Estado para el o ella.
Por otro lado,
tenemos a las personas que replican la revolución con dogmas de 1989, amparados
en la URSS y la caída del muro de Berlín, no encuentran una explicación
intercultural, contextualizada y con un tufillo europeo masticado, es un modelo
reduccionista de las cosas, solo una mirada de la estructura y superestructura,
aplicando puro materialismo histórico, sin pensar que el mismo Marx plantea la
dialéctica como parte del avance científico, las verdades relativas dispuestas
en la innovación y la tecnología, no nos dejemos que nos lleven de las narices
personas que solo quieren candidatear a costa del romanticismo de la
desigualdad y la pobreza.
¿Entonces a
que se junta tanta gente a conversar? Hacer más diagnósticos, manifestar que
hay una ruta, no, porque saben que no la puedan ejecutar, porque son solo aves
de Coffe break, muy ricos, por cierto, aves de bocaditos deliciosos que
auspicia las cooperantes, que gastan sus municiones en reuniones infructuosas,
donde la juventud repele los espacios por los discursos ochenteros y nada
contextualizados de los participantes. Sonara duro, pero la política no está
podrida por las personas que ocupan cargos actualmente, porque seguiremos en la
misma línea el 2026, sino por toda la masa que se acostumbró al populismo, la
demagogia y los liderazgos mesiánicos caudillistas de los noventa con el
Fujimorismo, eso es generacional señores y señoras, eso tiene que morir con las
generaciones que entienden así la política peruana.
Tanta razón
tiene hoy Manuel González Prada en estos espacios de participación ciudadana,
parafraseándolo, “los viejos demagogos, caudillistas y lideres a la tumba y los
jóvenes progresistas a la lucha”.

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