Se piensa que
un instrumento de gestión pública en algún gobierno puede revolucionar la forma
como suceden las cosas, soportando un gobierno asesino y
desinstitucionalizante, donde la verdad es que ni se acerca, pensar que eso va
a suceder es reduccionista y pecar de confiado.
Considerar que
la persona pobre, vulnerable, excluida y discriminada, ¿solo busca un empleo? y
un ingreso mínimo vital, es igualar a la persona con una cifra numérica, y eso no
cambia las relaciones estructurales de poder y economía, no se está viendo el
bosque solo la mala yerba. Se trata de despertar la consciencia humana a favor
de posturas críticas de como suceden los actos de corrupción, la negociación de
personal a cambio de dadivas, la manipulación de diversificaciones curriculares
donde no se ha entendido la diferencia entre contenido y competencia, quien
gobierno no es a quien elegimos sino sus esposas, donde se ha normalizado
trabajar gratis a cambio de nada. Sucesivamente los sentidos comunes se siguen
imponiendo, y la ideología se necesita más que nunca.
Entonces la
gerontocracia, los conservadores y los que tienen sueños trasnochados empiezan a
decir “hay que ser menos ideológicos”, “hay que trabajar mas a favor del
pueblo” (trabajar más para sus bolsillos), “son puras demagogias lo que dicen”,
“tenemos que ponernos de acuerdo en lo que sea para movilizar a la gente”, “si
yo no estoy entonces no sirve el espacio”, “no invitemos a esas personas son radicales”,
“solo invita a nuestros amigos”. El tonto útil piensa que puede hacer eso con
aquellas personas que puede manipular, sabiendo que entre menos discusiones
ideológicas encuentre mejor control de la masa tendrá perennemente, es por eso
que es más fácil reinar entre los tecnicismos y el pragmatismo.
Obviamente la
ideología no revela cuantas propiedades tienes, cuáles son tus ingresos o
expectativas salariales, cuáles serán las personas que conozcas (capital
social) para ascender en las esferas de la “buena sociedad”, sino, sirve en el conjunto
de ideas cíclicas encaminadas en permanente construcción programática para
tomar decisiones, racionalizar nuestro actuar en nuestros entornos y vivir
vehementemente en una austeridad propia del ser humano, parafraseando a Jose
Mujica.
La academia tiene
ideología. A través de la universalización del conocimiento en sus diferentes
ramas de especialización conoce el tecnicismo, pero la carga del pensamiento
define al profesional, define su ética, define sus características frente a la
ciudadanía, frente al usuario, lo define como un ser humano de ciencia y con
pensamiento ideológico.
La ciudadanía tiene
ideología. Últimamente se ha desprendido de este camino, por la alienación a
favor del mercado, el algoritmo de las redes sociales virtuales y el amor
liquito que mercantiliza nuestras relaciones comerciales. La política es
meramente ideológica, que lamentablemente esta en las fauces del
conservadurismo. La empresa junto al mercado es totalmente ideológica, para tener
sentido de acumulación tienes que tener un cumulo de conocimiento a favor de
una postura ideológica, no importa que sea “dejar hacer y dejar pasar” como lo
decía Adam Smith. Todo es ideológico.
Hoy, está de
moda que el tonto útil se vende por trabajitos, sabiendo que puede hacer un
cambio en las estructuras del Estado, solo se apacigua y obedece a sus
captores, cree tener poder de decisión, pero solo se ha convertido en un
instrumento totalmente pragmático, no jugará un papel histórico en los cambios
mundiales como esta sucediendo, solo luchará para que conserven el poder
aquellos que no saben qué hacer con él, porque es ser confiado, en la
construcción de un movimiento con la ciudadanía en un momento electoral,
pidiendo menos ideología, solo están convocando peones.
Pongamos un
ejemplo, creen que Xi Jinping y Putin les enseñaron como hacer ecuaciones y les
interesa los cálculos econométricos de los mercados para sus naciones,
cojudeses dirían ellos, se dedican hacer debates políticos ideológicos para ver
como se reparte el mundo en parámetros geopolíticos.
La ideología
no solo lo es todo, sino que esta más vigente que nunca, pero les molesta
aquellos que ya la perdieron, pero nunca es tarde para apostar por tus ideas y
no por las formas que claudican al tren de la historia que ya partió.

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