Cuando los apodos no te incomodan
sino te nutren, cuando las injurias no te molestan sino las transformas, cuando
evidencias que la política peruana no importa las medidas y propuestas para
resolver problemas profundos sino la ridiculez que puede significar generar
tendencias comunicacionales, ya eres precandidato para la lógica del
exvicepresidente Martín Vizcarra.
La tercera semana de mayo del
2025, Vizcarra estuvo en la ciudad de Arequipa con la algarabía de jugosas
billeteras de las y los supuestos candidatos a diputados, alcaldes, Sergio Dávila
y otros que fueron al aeropuerto. Nadie puede negar que la organización, la
planificación del itinerario y la línea comunicacional del caudillo es
orgánica. Sin duda el pionono es un buen caballo de arrastre electoral, vale la
pena que muchas guari poleras pragmáticas se hagan sus préstamos financieros,
ansiosos de sentarse en un cargo público marchan al compás de la música que
ponga el bebito.
El mitin ocurrido en la Plaza
España tuvo respuesta de la población al asistir al evento de proselitismo
político, porque el lagarto se ha convertido en una figura del show político,
no es un orador apoteósico cuando habla con el pueblo, no genera emociones
cuando tiene gestos con la población, no es un técnico que viene de la ingeniería
civil por mas que egrese de la Universidad Nacional de Ingenieras, no es un
académico programático con investigaciones publicadas, no es un político
militante en un pensamiento ideológico que entienda los vaivenes del mundo,
Latinoamérica y el Perú, ¿Qué es Martín?, es un showman, un transmutador de
pieles, es un artista, es un candidato fujimorizado en pleno 2025. Hasta cerro
el congreso igual que el dictador. Conoce muy bien lo que quiere la población,
y no necesariamente es salir de la pobreza o reducir la desigualdad por cada
clase socioeconómica.
¿Estar en contra del pionono es
estar a favor de los 41 partidos políticos en carrera? No, al ser un año
electoral todos vienen a proponer circo, payasadas, confeti, serpentina,
cerveza en fiestas costumbristas y promesas populistas, con la venia de todos
nosotros, porque sabemos cómo es el menú electoral cada 5 o 4 años. Es nuestra
endeble democracia representativa, debiendo migrar a una democracia
participativa, tendremos que esperar unas décadas para ello, pero podemos
comenzar ahora si queremos estar vivos para ver cambio en nuestro país.

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