Inercia de la ciudadanía perenniza al
gobierno.
Lucas Z. Granda.
Parece que
hemos interiorizado que la presidenta de la República del Perú se va a quedar
hasta el 2026 por más ineficiente que sea su gobierno al afrontar problemas como
la suba de los precios de los alimentos, la escasez hídrica, paralización de
proyectos de infraestructura, una posición débil frente a los conflictos
sociales, crisis política permanente que merma la institucionalidad, endeble política
internacional y de ayuda humanitaria por la guerra entre Israel y Palestina por
grupos paramilitares como Hamas, priorizando momentos de placer y jolgorio
personales, como la visita por un instante al papa Francisco, ganándose también
las muestras de rechazo de autoridades europeas, que pierden cada día más la credibilidad
en el Perú para poder invertir, generar rutas estratégicas y proyectos
latinoamericanos. El mundo no olvida los más de 70 fallecidos por protestas
ciudadanas y el mundo no olvidará la violación sistemática de los derechos humanos,
todo esto cerrará puertas mientras Dina Boluarte se encuentre en el poder.
También es
cómodo manifestar que no hay participación ciudadana en los espacios públicos
con una agenda reivindicativa y de lucha política si no se puede observar y
sentir la articulación de la sociedad civil organizada al interior de las
realidades que cada colectivo y persona esta viviendo. Un padre y madre de
familia prioriza su empleo, conseguir comida, lucha contra la violencia de
genero que vive en su hogar, esta con un sentido de alarma constante porque tal
vez su hijo e hija no regrese a casa con vida, tiene que subirse a una combi
del transporte público tres horas para llegar a su destino, tiene que soportar
actos racistas por sus superiores en ámbitos laborales estresantes, tiene que
almacenar agua en rotoplas no solo por los cortes sino porque no tiene el
servicio de agua potable las 24 horas, y a veces ni agua tiene. Haciéndonos la pregunta
constante ¿porque la gente no se articula?, no se moviliza, no se informa, no
lee sobre historia republicana y contemporánea. Parece no haber respuestas
dicotómicas, si o no participa por alguna razón, pero encontramos afirmaciones
de una sociedad peruana agresiva con la ciudadanía, agresiva de quien piensa
diferente, de aquella persona que desea ejercer ciudadanía.
La sociedad peruana
en general ha asumido el costo de vivir con pan y circo, hemos hipotecado
nuestro pensamiento crítico y nuestra capacidad de indignación a tik tok de
marcas y bailes, programas de reality show que conocen muy bien los
estereotipos de género, prejuicios sobre la raza y actos morbosos que le
garantizan audiencias exorbitantes. El medio de verificación mas latente son las
conversaciones cotidianas en los mercados, transporte público, universidades,
reuniones familiares, y cualquier acto de socialización en días festivos.
Entonces pagar esta cuenta sin reclamar, pero indignarte en la comodidad de
nuestra cama, ¿podrá traer consecuencias negativas para nuestra vida? El
sentido común contesta delante de un televisor que no.
Lo cierto es
que “mientras no nos toque a uno de nosotros” no pasará nada. Mientras
toleremos una dictadura congresal que hace lobby con intereses empresariales,
religiosos y con privilegios a quienes controlan los medios de producción en el
país, nos sentiremos con modelos imitables de como sobrevivir en el Perú. No se
criticará las actitudes corruptas, sino se elogiará de como se roba y no lo
atrapan.
Las perdidas
en el tejido social por la inercia del ejercicio de ciudadanía en los espacios
públicos son incalculables, que nuestra percepción de no materializar estos
factores negativos no nos nuble la tendencia que se viene en los próximos años.
Dando dos síntomas, la desconfianza total en nuestras relaciones
interpersonales e institucionales, como por ejemplo en los operadores de justicia
(Ministerio Público y Poder Judicial), autoridades electas por voluntad popular
y hasta en nuestra propia familia. Y un segundo síntoma, la mercantilización de
la política para el copamiento de puestos de trabajo en el Estado, sin recambio
de liderazgos políticos, teniendo ejemplos en las y los propios gobernadores de
los departamentos, teniendo un papel reducido a ser captadores de presupuestos
del gobierno central para obras de infraestructura, condicionando su silencio al
dar una opinión respecto a lo que pasa en el país.
El ejercicio
de ciudadanía es posible con investigación, trabajo programático y un
comportamiento democrático, pero nos tocará entrar a la amargura del
oscurantismo de la inercia en el Perú.
