1. Introducción.
Llevar
la parte conceptual-teórica a la praxis en una realidad concreta, con
relaciones, actores, estructuras y cambios sociales tiene muchos bemoles, el
terreno es accidentado y confuso a la hora de transmitir un mensaje a un grupo
o individuo especifico. Con esa idea podemos comenzar a masticar a la sociedad
civil, porque es intangible al ojo humano, pero tan notoria en el debate
público a la hora de tomar decisiones de gran transcendencia para la humanidad.
No
se puede vivir con ideas aisladas porque la interconexión de los fenómenos
multicausales se debe de explicar en su contexto, aplicando lo aprendido de la
historia. Entonces la sociedad civil no es una idea que se reproduce ni se
conceptualiza sola, allí tenemos que hablar de democracia, Estado, ciudadanía,
´mercantilismo, espacio público, ciudad, área rural y un sinfín de términos que
tendremos que hilar para que los desafíos de la sociedad civil se hagan
evidentes.
II. El Contexto de la
Formación del Concepto de Sociedad Civil.
Comenzando
con la idea de Estado moderno, este debe estar interconectado mutuamente con
los derechos humanos en pleno siglo XXI, definido como una forma de
organización del poder que ejerce la representación institucional de la
voluntad popular. Antes esta voluntad se transmitía o se concentraba en la
figura del rey, quien normalmente es la medida de la ley, de la moral, de la
justicia e incluso de la religión. Aquí, Santo Tomas de Aquino proponía la
vertiente iusnaturalista, donde el poder del rey era divino, avalado y consensuado
por la iglesia católica.
Con
diferentes modificaciones el Estado ha venido a constituirse en un requisito
indispensable para el avance del individualismo, incorporando el principio de
legalidad para la primacía del poder sobre la sociedad, agregaría hasta el
mercado. Ejerciendo la violencia legitima a los integrantes que viven en un
territorio soberano. En una vertiente estatal, nace el liberalismo, que conduce
a la vertebración de un Estado limitado en sus poderes (Estado de Derecho), así
como en sus funciones (Estado mínimo), y concede un lugar central a la
protección de los derechos individuales y al ejercicio del poder en el marco de
la ley. La conocida distribución de legislativo, judicial y ejecutivo, velando
los tres poderes para la gobernabilidad de una república.
Todo
Estado crea y utiliza un derecho, todo Estado funciona con un sistema
normativo, pero eso no significa que todo Estado sea un Estado de Derecho. El
Estado de Derecho es el Estado sometido al Derecho, el Estado cuyo poder y actividad
vienen regulados y controlados por la ley, entonces la legalidad tiene que ir
conjuntamente con legitimidad en un Estado constitucional, articulando el binomio
gobierno-oposición entre consenso y disenso en una sociedad democrática.
Para
ese Estado democrático un contrapeso fundamental es la opinión pública, según
Magaly Pérez Campos se establecen requisitos para estos, como: la libertad de pensamiento, expresión y
organización; la existencia de un sistema educativo que difiera cualitativamente
de los sistemas de adoctrinamiento; una estructura policéntrica de los medios
de comunicación y el Inter juego competitivo de éstos, pues una multiplicidad
de persuasores refleja una pluralidad de públicos, lo que a su vez se traduce
en una sociedad pluralista.
Y
otro contrapeso que se debe mencionar para el fortalecimiento del Estado
democrático es la sociedad civil, está se asocia con aquel espacio de la vida
social organizada, que se caracteriza por ser autogenerado, independiente y
autónomo del Estado y cuyas acciones se encuentran circunscritas por un
conjunto de reglas compartidas o, lo que es lo mismo, por el orden normativo.
Llevado a los términos técnicos, debe tener fines públicos, no cuenta entre sus
objetivos el acceso al poder, pluralismo y diversidad. La sociedad civil
pretende arrogarse el derecho a representar la totalidad de los intereses de
una comunidad o un individuo.
III.. Espacio Legitimo de
la representación de la Sociedad Civil partiendo de las Necesidades sociales.
Tenemos
que vincular la idea de sociedad civil y la utilidad que debe tener,
coincidiendo en la idea de satisfacer las necesidades humanas en los
individuos. Partiendo que estos construyen su hábitat, desarrollan sus derechos
humanos y deberes políticos en un espacios-tiempo, la ciudad.
La
ciudad está a la merced a la interactividad que en ella se ocasiona entre sus
heterogéneos componentes, y esto nos ayuda también a entender como las
necesidades conforman un sistema complejo de tal suerte que la satisfacción de
cada una de ellas depende de la satisfacción adecuada de las demás. Estas
necesidades humanas son pocas, finitas, identificables, clasificables,
sinérgicas, para Antonio Elizalde y Manfred Max-Neef el sistema de necesidades
combina categorías axiológicas (nueve necesidades: subsistencia, protección,
afecto, comprensión, participación, creación, recreo, identidad y libertad) con
categorías existenciales (ser, tener, hacer, relaciones).
Hablar
cada una de las categorías axiológicas y existenciales seria insulso, por eso
nos enfocaremos en la participación y la autonomía crítica (derecho a
comunicar, a proponer, a disentir, a decidir, a compartir), en definitiva,
capacidad para participar. Entonces la participación debe ser genuina, para ser
una necesidad que se satisface adecuadamente debe tener, ser, hacer y
relacionar en un proceso: transformar, reflexionar, implicar, articular,
construir, reconocer, aprender, comunicas y comunicarse.
La
participación, en consecuencia, es el nexo que asocia lo público (diversidad de
actores) y lo político (estrategia de puesta en común entre los actores). La
ciudad es entonces una síntesis construida por la fusión entre la forma física
y la cultura, entre el entorno y el medio social, donde el espacio público es
siempre un espacio colectivo donde se encuentran los diferentes, los actores
diversos, las partes que comparten el espacio y que al hacerlo lo elevan a la
categoría de público y colectivo.
El
espacio público, se construyen los acuerdos y limitaciones entre los distintos
grupos sociales e intereses, en permanente construcción, pero en el que siempre
se garantiza la identidad. En primer lugar, es necesaria una nueva cultura
política fundamentada en la habilitación de los ciudadanos para que puedan
acceder a la información y el análisis de sus condiciones de vida; en el
segundo lugar, una nueva cultura política, precisa desarrollar procedimientos
que combinen adecuadamente los principios de solidaridad interterritorial y la
subsidiariedad,
IV. Desafíos Políticos y Públicos de la Sociedad
Civil.
Se
conoce la incapacidad de las oligarquías por romper las viejas estructuras del
clientelismo y paternalismo con el Estado, conformando una relación utilitarista
dentro de las elites de poder, estableciendo un contexto de anomia solapado en
la región Latinoamericana. Es allí donde aparece los nuevos movimientos
sociales, justificando la necesidad de una redefinición teórica de la
ciudadanía, que no se refiere con sinónimo a la sociedad civil, porque esta
última es entendida como la capacidad de acción colectiva.
En
su nacimiento la ciudadanía tenía un carácter discriminatorio, imponiendo la
identidad de un varón blanco de clase media a la multiplicidad de las identidades
reales, ¿es, entonces, la ciudadanía un sinónimo de la sociedad civil? La
sociedad civil se desliga de la utopía autolimitada (Arato y Cohen, 1999) y se
presenta como el sustituto ideal para el Estado opresor, o por lo menos como un
actor capaz de sustituir la racionalidad estratégica del Estado por la
racionalidad comunicativa de la sociedad civil.
La
sociedad civil son las “asociaciones y públicos, estabilizados por los derechos
fundamentales (de asociación, reunión, expresión, prensa y privacidad) que
operan de acuerdo con una lógica normativa de coordinación de la acción
comunicativa”. Esta no existe si se elimina la pluralidad de identidades,
incluyendo las no reconocidas por el Estado, las públicamente no existentes,
ignoradas o incluso desautorizadas por el Estado.
Los
desafíos que presenta la sociedad civil organizada en un Estado Latinoamericano
tradicional, oligárquica y de privilegios muestran muchas tareas que tiene este
poder, muchas veces volátil, pero vigilante en la sombra, la sociedad civil
tiene mucho por hacer.
Por
ejemplo, con buscar el compromiso político de la sociedad civil y la ciudadanía
en una importancia teórica, empezar a construir nuevos individualismos en
relación al colectivo.
Por
otro lado, apostar por las instituciones que le dan una cohesión a la sociedad
civil, estableciendo una estabilidad sobre la base de los derechos, que
clasifican en tres conjuntos: los concernientes a la reproducción cultural
(libertad de pensamiento, de prensa, de expresión, de comunicación); los que
aseguran la integración social (libertad de asociación, de reunión), y los que
aseguran la socialización (protección de la privacidad, intimidad e
inviolabilidad de la persona).
Se
necesita una sociedad civil organizada que haga incidencia ciudadana en el
espacio público, estableciendo una relación de poder equitativo con el Estado,
haciendo vinculante la agenda pública con los gobiernos de turno, pero sobre
todo ciudadanos y ciudadanas que se informen, apostando por una cultura
científica y de conocimiento, construyendo metodologías de fortalecimiento del
colectivo de la sociedad civil, y sobre todo luchando por las reivindicaciones
sociales que hacen falta en la región mas desigual del planeta tierra.
Bibliografía
Alguacil, J. (2008). Espacio Público y Espacio
Político. La Ciudad como el lugar para las estrategias de la participación.
Santiago: Revista de la Universidad Bolivariana.
Ochman, M. (2004). Sociedad Civil y
Participación Ciudadana . Maracaibo: Universidad de Zuila.
Perez Campos, M. (2009). Los
Derechos Humanos en la Definición de la Política Democratica. Universidad
Metropolitana.








