sábado, 21 de octubre de 2023

Inercia de la ciudadanía perenniza al gobierno.

 

Inercia de la ciudadanía perenniza al gobierno.

Lucas Z. Granda.

Parece que hemos interiorizado que la presidenta de la República del Perú se va a quedar hasta el 2026 por más ineficiente que sea su gobierno al afrontar problemas como la suba de los precios de los alimentos, la escasez hídrica, paralización de proyectos de infraestructura, una posición débil frente a los conflictos sociales, crisis política permanente que merma la institucionalidad, endeble política internacional y de ayuda humanitaria por la guerra entre Israel y Palestina por grupos paramilitares como Hamas, priorizando momentos de placer y jolgorio personales, como la visita por un instante al papa Francisco, ganándose también las muestras de rechazo de autoridades europeas, que pierden cada día más la credibilidad en el Perú para poder invertir, generar rutas estratégicas y proyectos latinoamericanos. El mundo no olvida los más de 70 fallecidos por protestas ciudadanas y el mundo no olvidará la violación sistemática de los derechos humanos, todo esto cerrará puertas mientras Dina Boluarte se encuentre en el poder.

También es cómodo manifestar que no hay participación ciudadana en los espacios públicos con una agenda reivindicativa y de lucha política si no se puede observar y sentir la articulación de la sociedad civil organizada al interior de las realidades que cada colectivo y persona esta viviendo. Un padre y madre de familia prioriza su empleo, conseguir comida, lucha contra la violencia de genero que vive en su hogar, esta con un sentido de alarma constante porque tal vez su hijo e hija no regrese a casa con vida, tiene que subirse a una combi del transporte público tres horas para llegar a su destino, tiene que soportar actos racistas por sus superiores en ámbitos laborales estresantes, tiene que almacenar agua en rotoplas no solo por los cortes sino porque no tiene el servicio de agua potable las 24 horas, y a veces ni agua tiene. Haciéndonos la pregunta constante ¿porque la gente no se articula?, no se moviliza, no se informa, no lee sobre historia republicana y contemporánea. Parece no haber respuestas dicotómicas, si o no participa por alguna razón, pero encontramos afirmaciones de una sociedad peruana agresiva con la ciudadanía, agresiva de quien piensa diferente, de aquella persona que desea ejercer ciudadanía.

La sociedad peruana en general ha asumido el costo de vivir con pan y circo, hemos hipotecado nuestro pensamiento crítico y nuestra capacidad de indignación a tik tok de marcas y bailes, programas de reality show que conocen muy bien los estereotipos de género, prejuicios sobre la raza y actos morbosos que le garantizan audiencias exorbitantes. El medio de verificación mas latente son las conversaciones cotidianas en los mercados, transporte público, universidades, reuniones familiares, y cualquier acto de socialización en días festivos. Entonces pagar esta cuenta sin reclamar, pero indignarte en la comodidad de nuestra cama, ¿podrá traer consecuencias negativas para nuestra vida? El sentido común contesta delante de un televisor que no.

Lo cierto es que “mientras no nos toque a uno de nosotros” no pasará nada. Mientras toleremos una dictadura congresal que hace lobby con intereses empresariales, religiosos y con privilegios a quienes controlan los medios de producción en el país, nos sentiremos con modelos imitables de como sobrevivir en el Perú. No se criticará las actitudes corruptas, sino se elogiará de como se roba y no lo atrapan.

Las perdidas en el tejido social por la inercia del ejercicio de ciudadanía en los espacios públicos son incalculables, que nuestra percepción de no materializar estos factores negativos no nos nuble la tendencia que se viene en los próximos años. Dando dos síntomas, la desconfianza total en nuestras relaciones interpersonales e institucionales, como por ejemplo en los operadores de justicia (Ministerio Público y Poder Judicial), autoridades electas por voluntad popular y hasta en nuestra propia familia. Y un segundo síntoma, la mercantilización de la política para el copamiento de puestos de trabajo en el Estado, sin recambio de liderazgos políticos, teniendo ejemplos en las y los propios gobernadores de los departamentos, teniendo un papel reducido a ser captadores de presupuestos del gobierno central para obras de infraestructura, condicionando su silencio al dar una opinión respecto a lo que pasa en el país.

El ejercicio de ciudadanía es posible con investigación, trabajo programático y un comportamiento democrático, pero nos tocará entrar a la amargura del oscurantismo de la inercia en el Perú.  

 


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