sábado, 17 de febrero de 2024

Seamos Escuela para la juventud.

 

Seamos Escuela para la juventud.

Lucas Z. Granda

En los últimos procesos electorales según el JNE (Jurado Nacional de Elecciones) de cada tres electores uno es joven (18 a 29 años). En la última elección regional y municipal del 2022 el voto joven represento el 27.4% de la población electoral. Por otro lado, la militancia de la juventud ha descendido de 15% en el 2010 al 8% en el 2019, como también se menciona que las principales dificultades para poder enfrentar la campaña se tienen en un 84% la falta de recursos económicos, y un 21% por la falta de la organización política como las principales causas según el Jurado Nacional de Elecciones. Evidenciando que hay una problemática estructural en la participación política de las y los jóvenes en las organizaciones políticas que cuentan con la inscripción, pero no se generan procesos constructivos desde la juventud para enfrentar verdades dogmáticas, sino se adhieren como una postura facilista y simplista a las estructuras partidarias de poder.

La construcción de una postura partidaria militante en ideales se hace muy difícil y lejano cada vez en el imaginario de la juventud, obedeciendo a formas tradicionales mercantilistas de los espacios de participación política convencionales, donde la incoherencia ideológica, los proyectos mesiánicos personalizados en un individuo, y la postura de reforzar el modo operante de las estructuras de poder, sin ningún tipo de crítica o cuestionamiento se vive hoy en nuestra clase política. Donde la juventud no genera procesos contrahegemónicos desde los espacios mas cercanos de movilización y de organización de la sociedad civil, sino se acopla en una competencia sin reglas y con el principio “todo vale”.

¿Por qué los proyectos políticos de las y los jóvenes son individuales? El tener pensamiento divergente, cuestionamiento critico y construir narrativas contra hegemónicas contra las estructuras tradicionales y clasistas en la política sígnica negar protagonismos independientes y apostar por un colectivo que proponga soluciones articuladas a problemáticas en el territorio, con una ideología coherente, pero para ello hay que delegar competencias, nutrirse de la sinergia partidaria y cohesionar alianzas en base a la confianza intergeneracional dentro de un espacio de participación continuo. Todo este proceso de crecimiento político articulado y consensuado no cabe en una foto de Instagram, no tiene un enfoque populista, no se puede marketear solo una imagen, y como atestiguamos la era del homo videns, que todo tiene que pasar por las redes sociales sino no existe, entonces los proyectos individuales de la juventud que participa en política se fortalecen, porque hay un problema estructural en la formación, en la construcción colectiva de partido, donde actualmente en regidurías, consejerías y curules en el congreso son proyectos individuales y mesiánicos, sin cuestionar el establishment de la política peruana, sino se busca la cuota de poder que se acumula cada año, compitiendo para ser mas candidatiable a un cargo mayor.

“Se extraña aquella juventud de corazón abierto, que lo daba todo sin pedir nada a cambio” menciona Pepe Mujica. Los ideales que se construían en la juventud desde los movimientos barriales, estudiantiles, sectores productivos y la sociedad civil en general significaban posturas críticas a los gobiernos nacionales, regionales y locales de turno, no solo con posturas criticas de las acciones negativas sino proponiendo soluciones progresivas en el tiempo. Actualmente se ven jóvenes que se perennizan en el poder hasta en voluntariados, siendo un nivel de organización genuino y humilde, pero están siendo instrumentalizados por pequeños cacicazgos juveniles para utilizarlos como trampolines políticos en procesos electorales.

También hay jóvenes que asumen puestos de representación popular en la infraestructura del Estado que se han olvidado de sus banderas políticas que les permitió estar sentados en un consejo municipal, en un consejo regional y en el congreso, como el feminismo y el liberalismo. Se plantearon luchas estructurales con vehemencia, con miras a plantear hitos históricos en cambios generacionales en la política regional, pero apenas entraron fueron adiestrados y apadrinados por las malas prácticas en la política, coludiéndose en temas de corrupción, sabiendo los políticos tradicionales que les encanta la cámara, y se les saca a otras provincias como mascotas para evidenciar un trabajo cohesionado, exigiendo a cambio presupuestos para sus viajes y plata para su provincia, para que no se caiga el discurso ante la población que le dio la confianza en algún momento de descuido.

No se apuesta por la institucionalidad democrática, sino en cercenar los presupuestos públicos por intereses particulares, elefantes blancos con nombres propios de políticos. No se escucha el canto de la población cuando menciona que “esta democracia ya no es democracia”, no reconocemos que somos una sociedad que ha entrado a un estado permanente de anomia, y sino tenemos ese reconocimiento de nuestras problemáticas estructurales y todo lo queremos resolver con millones y primeras piedras de obras de construcción, vamos a caer y a convertirnos en lo que siempre rechazamos, peones de la política convencional y corrupta.

No todo se pierde en el proceso de construir una participación política cohesionada entre iguales, por ejemplo, hay espacios que pueden garantizar oportunidades de cambio en nuestro sistema de representación, dotándolo de nuevos cuadros, como lo es “Seamos Escuela”, sígnica un proceso constructivo, siendo un programa de formación política, creando narrativas alternativas y desarrollando pensamiento crítico de jóvenes de diferentes regiones, complementando problemáticas estructurales, pero también generando compromisos para cambiar nuestra realidad.

La lucha no termina mientras los brazos sigan arriba. 



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