lunes, 8 de marzo de 2021

La Camanchaca Eterna de Martín Vizcarra

 

                Martín Vizcarra nació en Moquegua hace más de cinco décadas. Se hizo gobernador regional de su departamento por el movimiento “Integración Regional por Ti”, acompañado de su hombre de confianza Ivan Manchego, se tuvo los logros importantes, como que siete niños de diez de segundo grado de secundaria comprendieran lo que leen, estando por encima del promedio latinoamericano y nacional. Fueron peldaños para construir la famosa muralla Moqueguana que gobernaría el país con Karen Roca, William Flores y Oscar Vásquez. Vizcarra se parece a Fujimori, porque se interesaba en ver en campo el avance de las obras, meticuloso y obsesivo, con entrevistas y cámaras. Empezamos.

               La tranquilidad a las doce del día era una sensación que percibían muchos hogares, en plena pandemia, a partir del 16 de marzo del 2020, donde comenzó la cuarentena en el Perú, sonaba a programa de radio “al medio día con Vizcarra”, parecía broma en aquel presente, pero ahora parece un guion muy bien escenificado. ¿Qué capitalizo Martín Vizcarra? ¿Por qué empezó a quererlo la gente? ¿Por qué los casos de corrupción se vieron más rápido en la opinión pública? Muchas preguntas, pero pocas respuestas.

               El ejercicio de la descripción nos puede ayudar a desmenuzar la realidad de un hecho social o descifrar los intereses más oscuros de un actor, revelando los objetivos principales y primogénitos del político, pero sobre todo de un traidor, sobre todo si ha corrompido los valores que construyo en campaña y defraudado a sus colaboradores de confianza que lo acompañaron en el gobierno, sobre todo si humillo a médicos, serenos, personal de parques y jardines, intensivistas, policías, bomberos, adultos mayores, utilizando la investidura del cargo de presidente de la república para beneficio propio, vacunándose en la clandestinidad, callando por frascos de inmunidad para su compañera y hermano mayor, dando la espalda a aquellas personas que le dieron su apoyo en las diferentes crisis políticas que tuvo que pasar su gobierno, ya no te creemos Martín.

               “Un error fatal que no volverá a suceder”, son aquellas frases que salen a relucir por parte de la ciudadanía, motivadas por la rabia y la desesperación de conseguir un balón de oxígeno, estar a la espera de una vacuna, una cama hospitalaria o que un familiar pueda entrar a la unidad de cuidados intensivos. La participación ciudadana en la agenda pública tiene estas frases debido a la emotividad del electorado a la hora de manifestar su voto en las urnas, de la misma manera en la percepción de aprobación o desaprobación del gobierno de turno, está volatilidad en la confianza que ofrece a sus autoridades electas tienen mucho romanticismo, coyuntura, circo y poco argumento. De esto se valió el ciudadano Vizcarra para tomar las decisiones más importantes en las diferentes coyunturas políticas, sin mencionar a sus supersticiones claro está, notándose chispazos fujimoristas en su actuar, moviéndose al copas de las encuestas, populismo puro y duro en la marea de la incertidumbre.

               El ciudadano Vizcarra siempre polémico, pero recurrentemente se le preguntaba sobre su plan para la gobernabilidad del país, la reducción de brechas, como se llegaría al bicentenario o cual es el norte del barco del gobierno, no había ancla fija, podía encallar en cualquier agua turbia o mansa, según le convenga.

               Vamos a diagnosticar la decepción más grande del bicentenario, ayudando a la población a pasar el trago amargo de la traición, sintiendo la ciudadanía la puñalada, no en el pecho, sino por la espalda, la ciudadanía en su mayoría se identificaba no con una persona, líder, político o mucho menos con el ciudadano Martín Vizcarra, así lo denominaremos ahora, sino por el significante que había capitalizado desde el ascenso al poder, la manera como encaro a una mayoría fujimorista con 73 escaños en el congreso, con una postura obstruccionista con el único objetivo de ver arder el país, empuño la bandera de la lucha contra la corrupción creando la Comisión de Alto Nivel para la Reforma Política conocida como la comisión Tuesta, planteando los pilares para refundar la política, dándole niveles de popularidad y aceptación jamás antes visto en un funcionario público. Esa película que vendió a la población término siendo aburrida, falsa y sobre todo decepcionante al final. 

               Sello su popularidad con el cierre del Congreso de la República, claro, este hecho según la historia ha significado un redito político, obteniendo la confianza ciudadana en todo su esplendor, poco a poco se van sintiendo los calambres de inmortalidad en esta vida terrenal. Pero Vizcarra no fue la excepción, siempre cuando el avión logra despegar la turbulencia del emborrachamiento del poder hace que se desplome lo que demoro mucho en levantar el vuelo. Y aún sigue cayendo Martín.

               Cuando lo vacaron el 09 de noviembre del 2020, la ciudadanía salió a las calles, sobre todo los jóvenes del bicentenario, pero no marcharon por Martín, que quede claro, sino por la crisis de representatividad que ya se tenía desde que fue elegido PPK en el 2016, ocasionada por el fujimorismo y partidos políticos que veían intereses propios, mientras el pueblo moría en hospitales a causa de la COVID-19. Vizcarra nos había dotado de una desconfianza total en las instituciones, en lo que dicen, en lo que hacen, en lo que escuchamos, en los chismes, donde lo único que nos puede dar la verdad son las investigaciones, empezar a leer ciencia y construir argumentos cohesionados con la realidad en la que vivimos.

               La indignación nos lleva a sugerir un castigo para el máximo funcionario público de la República del Perú, debería renunciar a su candidatura al congreso por Somos Perú, y no volver a laborar en el sector público para que pueda limpiar su nombre, hasta que las investigaciones puedan concluir.

               En la saga de Star Wars: Episodio III, “La Venganza de los Sith” no podría describirlo de la mejor manera en una conversación de Obi Wan a Anaki para hacer alusión a la decepción que significo Martín Vizcarra: “Tú eras el elegido, debías destruir a los sit no unir a su fuerza, ibas a darle equilibrio a la fuerza no a dejarla en la oscuridad” “Eres mi hermano Anakin, yo te quería”. La decepción Vizcarra.

               El ciudadano defraudo, se convirtió en aquello que juro destruir. Ahora estaremos vigilante del pillo Martín, como lo hacemos con Keiko, para que puedan pagar por los casos de corrupción y el daño que le han hecho al país, tesoro público, salud mental de las personas, lucha contra pandemia de la COVID-19 y la crisis política.

               Lo bueno es que empoderaste a muchos jóvenes a no creer en lo que las personas puedan decir, sino antes verificarlo, formar un argumento propio, con ciencia y en base a líneas claras de grandes pilares como derechos humanos, desarrollo sostenibles, participación ciudadana, democracia, gobernabilidad, política, ética y filosofía.

               La camanchaca es conocida en Moquegua como el único momento del año en que la ciudad se nubla. Al parecer será el estado político por un largo tiempo del ciudadano Martín Vizcarra. El Perú no estuvo primero para Martín Vizcarra.



El Oportunismo no Perdona Pandemias

 

               El esfuerzo que puedes dar en un proyecto educativo, para forjar nuevos paradigmas o reforzar corrientes teóricas que no necesariamente tiene un beneficio individual sino colectivo, aquello que vive en las comunidades campesinas, el aymi y la minka, explicado desde la reciprocidad entre la población y la solidaridad para afrontar crisis de todo tipo. Es aquel esfuerzo que involucras en un proyecto donde no hay tintes políticos, no hay aprovechamiento, no hay objetivos subalternos y no debería haber oportunismo.

               Como hoy, al acabar una reunión de funcionarios públicos, donde se pedían explicaciones por no haber alcanzado las metas propuestas del año pasado, ¿no recuerdo si eran explicaciones o solo querían conocer como estaban las diferentes áreas?, bueno, la improvisación y la poca preparación son buenos aliados para un fracaso seguro. Justamente aquella reunión con figuras ausentes, conflictos internos por el poder, niñerías en la investidura del puesto, trabajadores seguros de la confianza que le tienen en el cargo, solo son hechos que se suman a la ecuación de la incertidumbre. Presentándose el oportunismo en aquellas personas que viven y vivirán del trabajo de otros.

               Se hace más pesada la carga en los hombros de las personas que hacen su chamba, teniendo como obligación que poner a flote el barco, no por intereses económicos, de hecho no son los mejores incentivos en los gobiernos locales, sino dar la lucha, porque tienes responsabilidades que asumiste desde el principio, para mejorar los servicios públicos, reducir brechas, cumplimiento de metas o compromisos con las autoridades políticas. Pero hay una frase con la cual se culminó la reunión, ya cuando en los pasadizos había muchos murmullos, que puede perder la utopía de la sinergia organizacional por mejorar los valores de la institución, haciendo reflexionar al trabajador, pensando y dudando mucho, tomando en consideración la redacción de una carta de renuncia: “Lo que algunos tienen de ingenuos, otros lo tienen de pendejo”.

               En la interpretación de la frase, no hace alusión a la criolla peruana de infringir las normas o aprovechar el poder para influir en algunos beneficios individuales, sino converge en la idea que hay trabajadores que trabajan a toda máquina sin descanso y hay aquellos que venden las mercancías a terceros, sin consultar, y teniendo un beneficio propio. Es el oportunismo, el beneficio propio sobre el trabajo de otros.

               El oportunismo que se asoma y se apropia del trabajo de los demás, negando la participación de los demás, solo dejando participar a aquellas personas que saben que lo harán mal, prácticas de reírse cuando se interviene, son motivaciones de inseguridad, mantener una confabulación con un agente de poder o que goza de cierta popularidad en un espacio de desarrollo profesional no es garante de los conocimiento e ideas que puedes aportar, si puede darte un plato de comida a futuro, pero no te da el derecho de apropiarte de un espacio construido con fines académicos, profesionales, colectivos, mucho menos si se tiene una idea política a futuro.

               Así se camuflan las y los que buscan hacerse un nombre, cuando en la universidad no pudieron destacar por sus investigaciones, intervenciones, militancia política y mucho menos por la rigurosidad por el conocimiento. Ahora lo quieren hacer a costa de otros. Oportunismo.



Ana Estrada puede Saltar

 

                En este mes se inauguró una obra de infraestructura, un puente peatonal, había dormido más de un año sin terminarlo, era conocido por la población como las “escaleras al cielo”, porque prácticamente subías hasta el final y luego no había nada, solo veías el cielo. Lamentablemente dentro de los gobiernos locales es costumbre no terminar las obras del gobierno pasado a él, pero son gestos de desprendimiento que quedan en la cancha de la escasa voluntad política terminar aquello que algún día se empezó.

               Justamente en este puente peatonal, poco utilizado estos días, porque la gente prefiere correr antes de que le alcance algún vehículo, arriesgando su vida, motivado por la imprudencia y lo inmediato que produce cruzar la calle de la Av. Arequipa, produciendo un estado de inercia a la obra de infraestructura, tentando a la muerte y susurrándole al oído.

               Una mañana antes de las siete del día el puente peatonal estuvo en el centro de la opinión pública de la región Arequipa, el sur y un poco a nivel nacional, había un varón de treinta seis años que estaba en el techo del puente, buscando tirarse al vacío, decidido a terminar con su vida, evaluando tal vez si lo mataría la caída o algún vehículo que pasaría sobre de él.

               Hablar sobre el hombre o las circunstancias que llevaron a tomar esa decisión son parte de la noticia y los intereses subjetivos de la ciudadanía al darle realce al acontecimiento, pero nos ayuda a reflexionar sobre los sucesos que podrían orillar a una persona a tomar la fatal decisión de quitarse la vida, solo para sentar la pregunta: ¿el ser humano es libre de hacer lo que quiera con su vida?

               En la otra orilla esta Ana Estrada, mujer de cuarenta y cuatro años que padece de polimiositis, enfermedad rara y degenerativa. Hace poco salió el fallo a favor de su demanda para que el Estado le reconozca su derecho a la muerte, ella menciona que se siente tranquila y contenta al tener el derecho de una muerte digna, lo que ha ganado Ana es autonomía sobre sus decisiones, porque lleva sufriendo mucho tiempo por un mal que la aqueja, sentando un precedente para que la excepción a la regla se vuelva una alternativa para aquellas personas que han decidido acabar por su vida libremente.

                Ambos casos tienen que ver con la vida y la muerte de un ser humano, en el primer caso la policía rescato al individuo, pero se encuentra en depresión. En el segundo caso, gano el derecho a una muerte digna, estando la persona con muchas ganas de emprender nuevos proyectos hasta que la fuerza le alcance y pueda utilizar su última carta de un permanente adiós.