viernes, 18 de julio de 2025

No solo los animales de dos patas tienen derecho a vivir dignamente

El cariño que tenemos por nuestros amigos de cuatro patas es muy especial, nos involucra a envolvernos en nuevas etapas de vida, que tal vez no las hubiéramos pasado sino nos damos la oportunidad de arriesgar y darle un hogar a cualquier animal que lo necesita. Pasado el tiempo, se convertirá en aquel compañero y/o compañera que se desvele junto a ti cuando el trabajo apremie y las obligaciones coaccionen.

Hay temas que no se tocan ni se escriben porque no involucra cámaras, no involucra aplausos y no involucra que estén en la agenda pública de las autoridades y de la sociedad civil organizada, dando como consecuencia que no se atienda ni mucho menos se mencione el maltrato animal, el abandono de las mascotas, el desecho crías de gatos y perros en la basura, como si su vida fuera solo utilitaria para los momentos de felicidad del ser humano, siempre viéndolos desde una posición infravalorada y no como miembros de nuestros ecosistemas urbanos.

El cariño debe ser genuino hacía cualquier animal, pero no todas las personas lo tienen, considerando que en el año 2023 solo hubo doce sentencias del Poder Judicial peruano por maltrato cruel de animales, ese mismo año se registro 1123 animales domésticos y silvestres que fueron victimas de algún tipo de abandono o acto cruel según registra la Policía Nacional del Perú (PNP). Muestra una insensibilidad por parte de nuestra sociedad generalizada, donde se ha perdido el rol de colaborar con el vulnerable ya sea animal de dos o cuatro patas.

No podemos descartar la generación que realiza actos de caridad comunitarios, en algunos barrios y urbanizaciones que construyen organización, por ejemplo, vecinos juntándose en el Distrito de San Martín de Porres a encontrar a hogares para perritos y gatitos que fueron dejados en una bolsa de plástico en un contenedor de basura (totalmente inhumano), siendo chispazos de esperanza para una problemática que nos sigue atacando.

En los asentamientos humanos periféricos a las ciudades y carentes de servicios públicos, sobre todo donde la institucionalidad del Estado no llega con policías ni serenazgo, el perro se vuelve en un actor que genera seguridad familiar y ciudadana, cuidando las casas de los robos que se vienen acrecentando en la ciudad de Arequipa, justamente por ese motivo es que nuestros valientes caninos defienden la familia hasta con su propia vida, porque muchos de ellos mueren por el veneno que les dan los ladrones para que puedan ingresar a robar en los días subsiguientes a la muerte del can.

Aún se puede evidenciar en la sombra de cada árbol a las mascotas que dieron su vida para cuidar a su familia, donde tuvieron un hogar y un espacio para poder alimentarse y dormir sin que lo botaran.

En este mundo contemporáneo y moderno en el cual vivimos, con crisis políticas cotidianas y sin un rumbo como república, nuestras batallas culturales deberían de comenzar allí, con nuestros incondicionales amigos y amigas perrunos y gatunos, aprendiendo de su comportamiento, dejarlo todo por nuestra familia y colectivo sin esperar nada a cambio. 



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