El cariño que
tenemos por nuestros amigos de cuatro patas es muy especial, nos involucra a
envolvernos en nuevas etapas de vida, que tal vez no las hubiéramos pasado sino
nos damos la oportunidad de arriesgar y darle un hogar a cualquier animal que
lo necesita. Pasado el tiempo, se convertirá en aquel compañero y/o compañera
que se desvele junto a ti cuando el trabajo apremie y las obligaciones
coaccionen.
Hay temas que
no se tocan ni se escriben porque no involucra cámaras, no involucra aplausos y
no involucra que estén en la agenda pública de las autoridades y de la sociedad
civil organizada, dando como consecuencia que no se atienda ni mucho menos se
mencione el maltrato animal, el abandono de las mascotas, el desecho crías de
gatos y perros en la basura, como si su vida fuera solo utilitaria para los
momentos de felicidad del ser humano, siempre viéndolos desde una posición
infravalorada y no como miembros de nuestros ecosistemas urbanos.
El cariño debe
ser genuino hacía cualquier animal, pero no todas las personas lo tienen,
considerando que en el año 2023 solo hubo doce sentencias del Poder Judicial
peruano por maltrato cruel de animales, ese mismo año se registro 1123 animales
domésticos y silvestres que fueron victimas de algún tipo de abandono o acto
cruel según registra la Policía Nacional del Perú (PNP). Muestra una
insensibilidad por parte de nuestra sociedad generalizada, donde se ha perdido
el rol de colaborar con el vulnerable ya sea animal de dos o cuatro patas.
No podemos
descartar la generación que realiza actos de caridad comunitarios, en algunos
barrios y urbanizaciones que construyen organización, por ejemplo, vecinos
juntándose en el Distrito de San Martín de Porres a encontrar a hogares para
perritos y gatitos que fueron dejados en una bolsa de plástico en un contenedor
de basura (totalmente inhumano), siendo chispazos de esperanza para una
problemática que nos sigue atacando.
En los
asentamientos humanos periféricos a las ciudades y carentes de servicios
públicos, sobre todo donde la institucionalidad del Estado no llega con
policías ni serenazgo, el perro se vuelve en un actor que genera seguridad
familiar y ciudadana, cuidando las casas de los robos que se vienen
acrecentando en la ciudad de Arequipa, justamente por ese motivo es que
nuestros valientes caninos defienden la familia hasta con su propia vida,
porque muchos de ellos mueren por el veneno que les dan los ladrones para que
puedan ingresar a robar en los días subsiguientes a la muerte del can.
Aún se puede evidenciar
en la sombra de cada árbol a las mascotas que dieron su vida para cuidar a su
familia, donde tuvieron un hogar y un espacio para poder alimentarse y dormir
sin que lo botaran.
En este mundo
contemporáneo y moderno en el cual vivimos, con crisis políticas cotidianas y
sin un rumbo como república, nuestras batallas culturales deberían de comenzar
allí, con nuestros incondicionales amigos y amigas perrunos y gatunos,
aprendiendo de su comportamiento, dejarlo todo por nuestra familia y colectivo
sin esperar nada a cambio.

No hay comentarios:
Publicar un comentario