En la configuración de países desarrollados y los que
están en vías de desarrollo se determina los modelos de acumulación, valor
agregado y políticas económicas para la subsistencia y calidad de una
población. Considerando que el Perú no es un país desarrollado amparado en el
modelo económico primario exportador, anteponiendo la misión de extracción de
recursos naturales y la mercantilización de su endeble institucionalidad para
dar el soporte al capitalismo exógeno, mintiendo a los sentidos comunes de la población
que con la gran minería y la agroexportación nos llevaran al primer mundo de la
innovación y la tecnología.
Nuestra forma de entender el desarrollo a depredado
nuestros innumerables ecosistemas, los cuales han sido modificados por las
actividades productivas, condicionando un desborde y desorden popular en los
asentamientos humanos que luego se convertirían en ciudades intermedias.
Aquella gran problemática, compleja e interdisciplinaria, encuentra su núcleo
en considerar la historia humana desde una mirada antropocéntrica, un
entendimiento del nacimiento y la creación de la vida donde comienza y concluye
con el ser humano, partiendo de la falacia que el único animal importante en el
mundo es la mujer y el hombre. Considerando este modelo mental de la
depredación de los recursos naturales comenzó su apogeo desde la revolución
industrial en el siglo XVIII, ocasionando cambios sociales y climáticos donde
muchas especies vegetales y animales se han extinguido.
Eduardo Galeano manifestó muy bien la cultura
extractiva de los recursos naturales por parte de los colonizadores a grupos de
nativos en Latinoamérica en su libro “las venas abiertas de América latina”
(1971). Arrastrando una memoria histórica colectiva latinoamericana de depredación
de recursos naturales sin ningún impacto en la colonia e incipiente en la época
república del esperado desarrollo.
Convergiendo que el medio ambiente y su sostenibilidad
en el Perú es tema público y prioritario, no solamente por ser la gallina de
los huevos de oro para el cambio de nuestra matriz productiva sino porque allí residen
nuestros conocimientos ancestrales y raíces culturales como Wari, Chimú, Puquina,
Churajón, muchas otras más que se posicionaron como grandes horizontes
culturales, fácilmente pudiendo explicar por qué estamos en una permanente
crisis política en nuestra historia contemporánea.
Con
el reto de anteponer una agenda ambiental mancomunada dentro de la
infraestructura gubernamental del Estado, se pudo conversar con Nicole Verde
Ing. Ambiental y forestal de la Universidad Nacional de Tumbes, donde se manifestaba
que los objetivos de desarrollo sostenible (ODS) en el número trece, que
observa el cambio climático, estamos al 25% de avance según el Instituto de
Estadística e Informática (INEI), una cuarta parte a menos de seis años de que
se cumpla la temporalidad asignada, y eso que es una valla mínima. Nos
comentaba que nos están ganando la lucha por el cuidado de la biodiversidad y
las reservas naturales los capitales subterráneos como la minería ilegal, la
tala indiscriminada y los monocultivos en plena ceja de selva, donde las reglas
legislativas favorecen este tipo de economías, claro ejemplo es la elección del
presidente del congreso de la república el Sr. Salhuana, quien lo pone allí son
los capitales de la minería ilegal fluvial en Madre de Dios. Ya no hay un doble
discurso, sino una pérdida de vergüenza y miedo al escrutinio público.
El
tema ambiental siempre ha sido la cola de la agenda pública, siempre con la intención
de regular, sin poner la competencia de fiscalización para darle dientes a la
institucionalidad ambiental para que mantenga a raya los capitales económicos
que depredan nuestra amazonia y biodiversidad.
No
hay una reglamentación clara en materia ambiental, medios de comunicación
comprados por estos capitales formales e informales que no evidencian los
derrames de petróleo, muertes de lideres indígenas que mueren defendiendo su
territorio, la no promoción de una economía circular, no hay cambio de consciencias,
concluyendo en una lejana gobernabilidad ambiental, la cual no existe en el
Perú.

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