En
el Perú la esperanza se ha perdido desde la endeble institucionalidad que nos
acompañaba en la década del 2010 al 2020, la desconfianza interpersonal se
consolida y se concentra cada vez más en las ciudades sin un ordenamiento
territorial y empieza a contaminar las áreas rurales que se despueblan y
depredan los recursos naturales por capitales extranjeros, por otro lado, el
capital humano se aliena desde las juventudes y las generaciones que integran
la educación básica regular, adoptando con beneplácito la doctrina y dogmas del
conservadurismo, la coacción de un mercado laboral individualista y sin
derechos, dando pase al pragmatismo amparado en lo simple e instantáneo de
entender los modos de vida en nuestra geografía y la mercantilización hasta de
la propia vida familiar. Determinando una lucha cultural y política en el
pensamiento hegemónico en disputa.
Con
lo manifestado, los horizontes de aymi, cohesión social y libre pensamiento se
acaban, aún desde las universidades de Arequipa, mi departamento, donde la
gerontocracia no quiere y no puede investigar para resolver los problemas de la
gente y del territorio, solo lucha para mantener el statu quo de una clase
trabajadora universitaria que pelea por canastas navideñas e incentivos
económicos. Anunciando la muerte del pensamiento critico y complejo que
manifestaba Aníbal Quijano, Rita Segato y Enrique Dussel; porque la universidad
debería ser un espacio seguro y libre desde una mirada horizontal no solo de
ver los hechos sociales, sino de vernos entre personas, garantizando desde el
derecho a opinar hasta el derecho a hacer política universitaria sin ningún tipo
de amedrentamiento, donde muchos profesores y colegas jóvenes que ingresan a la
vida universitaria, con ideas revolucionarias de pensamiento claudican, se
acoplan, y aquel corazón abierto lleno de esperanza se pierde en un interés
supremo por lucrar y solo desea que el sueldo en la cuenta del banco se
incremente cuando pase a nivel de docente auxiliar, asociado y principal, aun
cuando le tome treinta años llegar y hacer favores de todo tipo, no con el
interés de enseñar sino de tener su parcela de poder y oprimir como excluir a
todo libre pensamiento que se cruza en el camino de la universalización de las
ideas.
Todo
lo expuesto no debe amilanarnos, ni me acopla a una forma de ver las cosas
(sistema), solo debe fortalecer nuestras lecturas y mis ganas de seguir en la
línea de investigación y académica. Entonces, en los relatos de las diferentes
coyunturas y mega tendencias que atraviesa Arequipa, Perú, Latinoamérica y el
mundo, solo reafirma el compromiso por seguir en la línea académica
compleja-crítica, investigación desde los problemas tangenciales e inmateriales
que afectan directamente a la población y para poder generar acciones estratégicas
programáticas para incidir dentro de las reformas que debería hacer un Estado
democrático, en lo económico, social, cultural, institucional, comercio,
territorio, ciudades, nueva ruralidad y en nuestra ciudadanía.
Aquí
es donde debe nacer nuestra intención genuina de buscar otros modelos,
constructos, teorías y análisis sociológicos con una visión programática de
entender el desarrollo del pensamiento latinoamericano y lo que esta pasando en
el mundo, porque la educación no solo libera la mente humana sino la hace
creativa desde una mirada divergente de entender nuestros entornos, nuestros
quehaceres y nuestros sentires culturales, determinando el bienestar de la
persona. Siempre mostrando la entrega de poder escuchar, entender, analizar,
construir y estar dispuesto a vivir el proceso de enseñanza aprendizaje que se
inculca en los diferentes ambientes.
Solo
es el inicio de un barco que debe girar de rumbo, y juventud tiene que ser el
soporte epistemológico, línea histórica de construcción de proyectos teóricos y
sobre todo establecer una gran de red de retroalimentación constante que no se
va a romper desde de cuatro años.
El
Perú tienen muchas similitudes en su historia, hay que darle otro sendero a nuestra
ciudadanía, y estoy seguro que se conseguirá.

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