Para la próximas elecciones
presidenciales y congresales al 2026 la juventud abarcara más del 33% de la
población electoral, corroborando la tendencia en el censo de población y
vivienda aplicado el 2017, donde las y los jóvenes entre 12 a 29 años a nivel nacional
abarcan el 31% de la población, en Arequipa esto es el 30%. La inserción de las
juventudes en la política partidaria es endeble y mirada desde lejos, a veces
bajo una posición de privilegios, considerando que las reglas para ser
candidatos en una lista a regidores deben ser el 30% tanto de hombres como de
mujeres, 20% por personas menores de 29 años y un mínimo de 15% de
representantes de comunidades nativas, pero aún hay cobro de cupos y
clientelismo que obstruyen las reformas quedando solo en el papel.
Según el “Consenso de Montevideo
sobre la población y desarrollo” en el 2013 publicado por la CEPAL se acordó
garantizar un mundo sin discriminación y violencia como pilares estructurales
de paz social; garantizar la participación efectiva en el debate público y en
la toma de decisiones por las juventudes; invertir en la educación pública,
universal, laica, intercultural, gratuita y de calidad para enfrentarse a los
retos del siglo XXI; inserción laboral con derechos óptimos para el ocio,
trabajo y estudio; implementar programas de salud integral para la sexualidad
desde la primera infancia, reconociendo la afectividad, entre otros. Esta
agenda Latinoamérica joven fue hace once años.
En el pleno 2024, la problemática
juvenil maneja una propia agenda arraigada en los nativos digitales, el
internet de las cosas, la incorporación de situaciones negativas como el acceso
a una educación de calidad, empleo digno, salud especializada, un gobierno
abierto para hacer fiscalización, vivienda digna para las familias aún más
jóvenes, tiempo para la recreación, medio ambiente con recursos humanos
sostenibles, participación social y política con voz y voto. Hay pendientes más
estructurados, pero los problemas de construir proyectos políticos
programáticos desde las juventudes aún no encuentran consensos.
Conversando con Denett Pinto
Subsecretaria del Consejo Regional de la Juventud de Arequipa manifestaba que
los voluntariados y las asociaciones juveniles se fortalecieron con la
pandemia, sobre todo las sociales y las animalistas, pero sin discutir
posibilidades de cambio de la estructura hegemónica política y económica que
prima hoy en el país.
Llegando a la conclusión en el debate, las juventudes
escuchan estás disputas ideológicas dentro de los intercambios de ideas rehuyendo,
por eso las personas que están más cerca a los veinte años no consideran que la
política sea un instrumento de incidencia pública cercanos a su grupo etario,
en contraposición a jóvenes que se acercan a los treinta años que si
manifiestan su posibilidad de hacer política partidaria, pero aún sin construir
un gran paradigma ideológico teórico moderno que involucre un recuento
histórico de la problemática real de nuestras sociedades peruanas y una memoria
histórica colectiva que hay que reconocer.

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