Teniendo tantos problemas
estructurales en el Perú, como la inseguridad ciudadana y una inestabilidad
política severa, porque hablar del “entendimiento” diplomático, comercial,
bélico, cultural y político de los países de la República Popular China y
Estados Unidos de América, ¿Por qué? La supremacía del mundo debería estar
amparada en el respeto irrestricto de los derechos humanos, la democracia, la
construcción de la evolución del ser humano como especie y obedeciendo el
dictamen “sin dejar a nadie a tras”; pero como existe la teoría macroeconómica
del multilateralismo, cualquier guerra comercial, financiera y bursátil afecta
a nuestro Perú.
Daremos algunos datos a
considerar para conocer las causas documentadas de las relaciones bilaterales
China-EEUU, para la modificación de la geopolítica mundial, porque eso no
comienza con los aranceles impuestos por Donald Trump, sino tiene una relación
histórica desde el siglo XVIII, empezamos.
Uno de los primeros acuerdos
comerciales fue el tratado de Wanghia, significaba “tratado de paz, amistad y
comercio con los Estados Unidos de América y el Imperio Chino”. Se logro su
firma el 03 de julio de 1844, estando la dinastía Qing por parte de China y
John Tyler como presidente de los EEUU, la vigencia del tratado estuvo vigente
hasta 1943, donde las relaciones diplomáticas fueron retroalimentándose con
mucho mayor rapidez. Donde ya se tenía la construcción de la gobernabilidad de
un país en basa en la democracia y otro a la dictadura.
La revolución de Xinhai en 1911
posibilito que el gobierno imperial de más de 2 mil años acabara, comenzando la
era de la republicana China, donde se unifico un partido único, elevando el
poderío chino a un horizonte cultural en ascenso, como lo manifestó Enrique
Dussel, la cultura posibilita el crecimiento de las naciones, no necesariamente
la economía, porque la cohesión de un territorio no depende solo de cuanto
dinero hay en la ciudadanía, sino los objetivos en común que desean cumplir en
el futuro.
En 1972 el presidente Richard
Nixon viajo a China emitiendo el comunicado de Shanghái donde ambas naciones se
comprometían a normalizar relaciones diplomáticas y poner oficinas de enlace
entre Pekín y Washington.
Entrando a una esfera
contemporánea, las relaciones bilaterales se vuelven ásperas cuando asume
Donald Trump la presidencia, declarando a China como “competidor estratégico”.
Como se manifestó que el siglo XIX fue del Imperio Británico quien domino el
mundo, el siglo XX de Estados Unidos, y en pleno siglo XXI la República Popular
China se hará con la hegemonía según algunos indicadores económicos.
Considerando que el gigante del Asía creo el “Banco Asiático de Inversión en
Infraestructura” y el “Nuevo Banco de Desarrollo”, estableciendo similitudes al
“Banco Mundial” y al “Fondo Monetario Internacional”, históricamente se mantenían
en el eje de Estados Unidos.
Desde que asumió Xi Jinping la
dirección del Partido Comunista de China en el 2012 el posicionamiento
geopolítico ha sido muy ambicioso, estableciendo intercambios comerciales a
través de la ruta de la seda, carrera aeroespacial, las embajadas en países más
pobres y el shock en financiamiento a países en vías de desarrollo.
Esta disputa tiene histórica y
diferentes segmentos para medir el desarrollo y la competencia entre ambas
naciones. Seguiremos narrándolas en los siguientes números.

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