jueves, 14 de mayo de 2020

La Confianza que Saldremos del COVID


La Confianza que Saldremos del COVID

Uno de los instrumentos habituales para las y los sociólogos son los talleres participativos que se realizan para entidades privadas, públicas, voluntariados y demás, considerando diferentes grupos de la sociedad civil organizada, es concurrente hacer preguntas de manejo de escenario, que te ayudan a conocer las percepciones de los asistentes, algunas podrían ser ¿quién confía en el Estado? ¿Y en el gobierno? ¿Confías en el Congreso de la República?, si la respuesta es un ¡NO!, rotundo, con carga de indignación y molestia. Podemos empezar a perfilar la idea que queremos dar a conocer, la fortaleza institucional de las entidades en el Perú, enfocándonos en algunas, por la coyuntura política y la gobernabilidad que se manifiesta en este estado de emergencia sanitaria, provocado por el COVID-19.

Otro gran instrumento es la matriz de involucrados que tiene cabida en proyectos de desarrollo social, delimitando el área de influencia y de estudio en un proyecto, para conocer actores que están a favor o en contra de una iniciativa. Bajo lo antecedido, es necesario establecer estos dos ejercicios, orientándolos a la educación ciudadana, que son: la matriz de involucrados y el sondeo de la opinión pública. Para poder configurar una visión informada y con argumento de base, sobre nuestra sociedad peruana. Y es en ese sentido que ira el análisis.

No, es la respuesta habitual cuando se conjugan las palabras confianza y Estado. Siendo una disyuntiva giratoria de muchos comportamientos de la población hoy en día, como la cuarentena, la informalidad o no tirar basura en la vía pública, pasamos a dar más luces en la explicación. El Estado es tan amplio y complejo, confluyendo muchas entidades públicas con diferente grado de institucionalidad. El Estado agrupa instituciones como: Congreso de la República, el Gobierno (el poder ejecutivo), el Poder Judicial, el Ministerio Público, la Contraloría General de la República, la Defensoría del Pueblo, el Banco Central de Reserva del Perú, entre otras más. Entonces cuando se dice que no hay confianza en el Estado, debemos conocer el funcionamiento orgánico y las ramificaciones de la estructura de cada entidad, para así poder determinar la confianza, que tiene que estar amparada en acciones verificadas y contrastadas que desacreditan o no, a las entidades públicas. Bueno, esa idea es una utopía en el sentido común de la población, porque la percepción de la coyuntura determina el grado valorativo de cada ciudadano y ciudadana con respecto al otorgamiento de la confianza, con un sesgo habitual, tradicional y transversal de los medios de comunicación de señal abierta.

¡Desconfía y acertaras! ¿Es el dicho no?, comencemos con la información que obtenemos de los diferentes medios de comunicación, esto no quiere decir que los análisis propuestos en los reportajes o notas periodistas estén errados, pero considerémoslo como insumos para definir nuestra percepción de confianza, ya que no podemos determinar esta como un ejercicio de elegir blanco o negro, hay matices, cosas relevantes, dignas de reconocimiento y otras rechazas, felicitando que sean denunciadas. Pondremos un ejemplo, en esta semana que se fue, tomaremos a la entidad del Congreso de la República del Perú.

El Congreso de la República acepto la renuncia de la Vicepresidenta Mercedes Aráoz, decisión respaldada por toda la población, ¿quedo demostrada la eficiencia del congreso? La polémica está presente siempre en política, pero esta vez en el ámbito normativo hay un vacío constitucional interpretativo con diversos escenarios posibles. El presidente no podría salir del país, porque las piezas de recambio se acabaron, y el presidente del congreso solo asume para convocar elecciones (una figura temerosa, si miramos en retrospectiva los últimos acontecimiento), y un funcionario público que no allá sido escogido por el pueblo en elecciones generales, no puede quedarse a cargo del despacho presidencial. Entonces hay muchos matices, ¿cómo determinas la confianza? ¿Y sobre que lo haríamos? El argumento, está bien o él está mal, queda reducido a una práctica que debe ser purgada en esta época de COVID-19.

Ya acercándonos a los sesenta días de cuarentena obligatoria, como país estamos viendo al desnudo la problemática real y diversa de nuestra configuración como país. Las críticas son muchas y vienen de todo lado, en muchos casos sin el ánimo de sumar sino de causar zozobra y temor en la población, pero las propuestas son pocas y no son consideradas, como por ejemplo la consulta a los gobiernos locales en sus acciones para contener las epidemias descentralizadas en el país, han sido silenciadas en un comienzo, ahora está mejorando la coordinación con el gobierno central.

El COVID-19 ha venido para quedarse un buen tiempo, así que nuestra cultura ciudadana tiene que cambiar, acostumbrada a un débil proceso de planificación, con deseo de resultados inmediatos, sin considerar las ventajas comparativas y competitivas de las acciones que se toman a diario por las autoridades. Recayendo en comportamientos como: no querer mantener los 2 metros de distancia, a no respetar la fila en el mercado, transitando sin una necesidad urgente, siendo vectores de contagios, y allí va nuestra solidaridad con nuestros compatriotas del norte, pero también acompañada a que respeten las normas, la institucionalidad del gobierno, confiando en las medidas que se han tomado, procurando que no nos convirtamos en un número más, sino ser parte de las y los que sobrevivimos para contarlo.



martes, 5 de mayo de 2020

Prefiero tus Críticas que tus Cuetes


Prefiero tus Críticas que tus Cuetes

               ¿Qué hubiera pasado si en las elecciones generales de mayo del 2016, justo en la segunda vuelta ganaba Keiko Fujimori para ocupar la presidencia de la República del Perú? Nos hemos detenido a ver en retrospectiva como se hubiera convertido el escenario político, económico y social del Perú. Tal vez si Verónica Mendoza no salía en un post manifestando su apoyo al candidato Pedro Pablo Kuczynski, tampoco se hubiera logrado evitar que la señora K llegue a ocupar el cargo con mayor poder político en el país. Entonces son un conjunto de hechos que no se hubieran vivido con la misma intensidad hasta la pandemia actual que estamos atravesando. Y es este enfoque de mirar atrás para analizar el presente que vamos a plasmar aquí, siendo necesario involucrar una mirada crítica constructiva (apelando a la mirada que nos deja de bueno el COVID-19), reconociendo las acciones eficientes y rechazando las medidas populista de bajo impacto en la problemática real. Poniendo la atingencia que no se realizara una línea de tiempo desde el inicio del gobierno hasta hoy, sino dividir el análisis en tres coyunturas que se interrelacionan: la gobernanza política, la corrupción y la situación del sistema penitenciario.

               Empezaremos por lo último. El sistema penitenciario tiene problemas estructurales, ahora que la población y la opinión pública lo perciba de manera presente a consecuencia de la cobertura de los medios de comunicación estas dos últimas semanas, porque la realidad de este sector muchas veces invisible para el Estado tiene problemas como: la sobrepoblación penitenciaria en las cárceles del país, alta tasa de reincidentes, hacinamiento carcelario, sobre-criminalización, bajos sueldos del personal del INPE, el bloqueo de los sistemas de celulares, la pena privativa de la libertad temporal y perpetua, entre otros.

               De manera particular entra aquí el tema de la corrupción en el país, han sido menos de 50 indultos humanitarias a mujeres con hijos y embarazas que el gobierno ha dado para alivianar la carga de hacinamiento en los penales, medida con poco impacto, más aun para las 30 mil personas que tienen prisión preventiva y siguen esperando para que traten su caso jurídico. Claro, pero hay privilegiadas que las atienden primero, como Susana Villarán y Keiko Fujimori. ¿Se hubiera apresado a la presidenta Keiko Fujimori? ¿Se hubieran revelado los millonarios aportes de campaña del 2011 y 2016 por las empresas privadas? ¿Se hubiera logrado cerrar el congreso obstruccionista de 73 “congresistas”, hablando en hipotético, abarcando al ejecutivo y legislativo (porque el poder judicial con el Consejo Nacional de la Magistratura ya estaba ganado)? Dándonos cuenta, se ha derribado al imperio totalizador mejor montado después del decenio de Alberto Fujimori, prácticamente el regreso al poder de la dinastía Fujimori, pero este triunfo aun inconcluso, no le pertenece a un gobierno o a un sistema de justicia reformado, sino a las sociedad civil organizada y a personas que teniendo el poder lo utilizaron para hacer lo correcto, a pesar del costo político y económico.

               Ahora con la pandemia del COVID-19, están sucediendo motines en todas las cárceles del país, obligados por el temor de contraer el virus, ante ello el presidente Vizcarra  respondió: “este gobierno no va a dejar en libertad a asesinos, violadores y corruptos”, una declaración que muchos estamos de acuerdo, pero hay que considerar que este es el último sector en poder tener instrumentos para fortalecer e implementar los protocolos de prevención e higiene en los penales, tampoco se dispone pruebas rápidas (serológicas) ni las moleculares que permita separar a las personas que portan el virus de las que están sanas, sin mascarillas y con el personal del INPE renunciando no se avizora mejora.

               Sabiendo que el objetico de las cárceles es el tratamiento de los internos en poder resocializar, rehabilitar y readaptarlos a la sociedad, estas son espacios donde prima la violencia, la promiscuidad entre internos, la inmoralidad en los administradores penitenciarios, siendo problemas enraizados y normalizados por todo el aparato gubernamental y el pueblo mismo. ¿Entonces dejamos que se infecte la población penitenciaria, dejándolas y dejándolos a su suerte? Bueno, ese ha sido el debate en las redes sociales, ¿deberían salir de las cárceles los reclusos? ¿Qué nos garantiza que no robaran o harán fechorías en esta crisis sanitaria? ¿Dónde quedaron los derechos humanos de las personas violadas, asesinadas y perjudicadas por los delitos cometidos, por estas personas que están pidiendo auxilio hoy en los penales?

               Infinidad de dudas, interrogantes y respuestas que la ciudadanía ha manifestado exigiendo que no liberen a nadie sin importar su condición, es legítimo, aquellos ciudadanos y ciudadanas deben ser escuchados porque tiene derecho a opinar y disponen de su libertad. Sentando una posición, y apelando al proceso de socialización que hemos tenido a través de la historia, hemos incluido a los derechos humanos como reguladores de la convivencia en democracia, aceptando este modelo con sus particularidades: justicias e injusticias, regulados por una constitución, permitiendo elecciones democráticas y no modelos autoritarias, pero sobre todo apreciando la vida y la dignidad humana como fin último, no podemos hablar por las personas que murieron a causa de un acto delictivo ni tampoco manejar argumento de defensa para las personas que cometieron estos hechos, pero el desarrollo de nuestra civilización nos inclina a tener compasión, respeto por la vida, el cumplimiento de penas y dotar de las condiciones necesarias para mejorar la calidad de vida carcelaria. Opiniones como: ¡Que se mueran a quien le afecta! ¡Están allí por algo, no tienen valor! ¡la muerte será como un descanso para ellos!, miles de personas que no sabemos cada caso de las y los reclusos, pero adelantamos opinión, claro, es un país libre, pero no somos la sociedad que hemos construido.

               Concluyendo con el tema de la gobernabilidad del país. Vizcarra está orientando su gobierno como el que afronta las épocas de crisis, teniendo asidero político y respaldo general en la ciudadanía, cualquier problema social que surge lo redirección a la sociedad sin que se perjudique su gobierno, claro siempre hay patinadas poco perceptibles. El mayor realce que se ha tenido desde el 16 de marzo hasta hoy, en pleno aislamiento social obligatorio, es opacar  la capacidad de respuesta de los gobernadores y alcaldes a nivel nacional, patinando estos con las restricciones tomadas en la adecuación de mercados itinerantes, restringir el ingreso a las plataformas de abastecimiento, y prohibir el transporte público, entendiendo tarde, que las restricciones no educan, menos en los espacios públicos a la ciudadanía, siendo estas medidas de los gobiernos locales y regionales que generará mayor aglomeración, hasta podríamos aseverar que los cargos públicos-políticos que ocupan alcaldes y gobernadores hoy no están asegurados por un proceso de revocatoria.

               ¿Cuál es el mensaje que se analiza? Vizcarra da un encargo implícito, que está siendo interiorizado por la ciudadanía, no hay liderazgo posible ahora en el Perú que el suyo, peligro mensaje si se cree férreamente, porque hemos tenido momentos populistas del presidente Vizcarra, lo cual nos dice que sabe manejar percepciones del pueblo. Y aun con su postura de no postular en el 2021, es una respuesta política,  asechando las elecciones generales rumbo al bicentenario el próximo año.

                                Es Perú un ejemplo de combate a la corrupción en América Latina? | CNN