Por motivos de un examen me puse a
leer el libro de “La Construcción Social de la Realidad” por Peter Berger y
Thomas Luckmann, generando muchas conclusiones sobre nuestra forma de ver, no
observar las cosas, sentir placer, no disfrutar del proceso, y lo llego a
extrapolar al pensamiento pragmático (inmediatez) que ha capturado el sentido
común de la humanidad en estos tiempos contemporáneos. No queremos conocer las
verdades de lo que nos rodea como especie, no queremos investigar si la Coca
Cola daña nuestro organismo, no queremos saber si pasar mucho tiempo en redes
sociales genera una dependencia que daña nuestra salud mental, ya no queremos
seguir apostando por la libertad de pensamiento y sus sinónimos, sino abrazamos
y muchas veces con nostalgia la ignorancia pasiva y feliz hacia el conocimiento
humano.
Una primera característica del
texto, es la diferencia conceptual entre realidad y conocimiento. El ser humano
ha llegado a su nivel más alto de la cadena alimenticia, sus niveles de
automatización de los procesos cotidianos han sido relegados a la tecnología, facilitando
las tareas domésticas, profesionales, laborales y hasta el ejercicio de la
política electoral; tomado con regocijo el ser humano lo fácil que se ha
convertido su existencia en la tierra, pero a costa de un pensamiento crítico
precario, una curiosidad inerte y observar el mundo con una complejidad
inexistente
Desde que empezamos a recolectar
nuestros alimentos y asentarnos en espacios territoriales de manera sedentaria,
la humanidad empezó a buscar respuestas, primeramente, de los fenómenos
naturales que no tenían explicación como: La lluvia, el sol, truenos, la vida y
la muerte. Sumando a una ganancia en la razón lógica de sus entornos materiales
e inmateriales, cualquiera pensaría que este sería el camino ascendente de la
humanidad, una humanidad que construye ética con justicia social, moral que no
obedece a religiones panteístas, respeto interculturalidad sin abonar posturas
centralistas y tolerancia plurinacional que lucha contra la discriminación. Ese
mundo no existe, y se los perfiles humanos que luchan por esa utopía se
desvanecen con el pasar del tiempo.
Una segunda característica surge de
la pregunta ¿Cómo se construye la realidad social de un individuo? ¿La muerte
del único hijo de una familia europea tendrá el mismo significado de realidad
social que la muerte de un hijo que tiene ocho hermanos en el África? ¿la
pobreza se evidencia por no poder comer tres veces al día en las zonas mas
pobres de Cajamarca, y, por otro lado, llaman pobreza a no poder renovar un celular
cada año en los distritos más pudientes de Lima? Ambas preguntas manifiestan
que hay infinidad de realidades y como percibir lo que nos pasa en nuestra día
a día, pero sobre todo concluir que hay razones históricas para entender como
pasan los hechos sociales y ver similitudes en el tiempo que nos antecede, eso
se evidencia claramente en el Perú con las causas originales de la pobreza
rural y periférica, cuando un abuelo muere siendo pobre es muy probable que el
nieto muera y siga siendo pobre, no por flojo o porque no tenga deseos de
superación, sino porque su realidad que se construye en sus entornos tienen
variables estructurales, como mala educación, no hay posta de salud, no hay
electricidad, es discriminado y lo tildaran de terrorista si sale a marchar a
favor de un derecho humano.
Estas características del texto sigo
aún realimentándolas de los análisis de nuestra geopolítica como el ascenso de
Trump, las economías ilegales tomando el legislativo, una segunda ola conservadora
mundial ataca al mundo libre y izquierdas sin manejo económico para generar
empleo, y una sociedad civil que no puede ver mas allá de egos personales. Hoy
leer y reflexionar es la mejor trinchera para comenzar a resistir.

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