Que un migrante no te diga que su tierra es hermosa y
el mejor lugar para nacer y morir, es porque ya paso por un proceso de
alienación, aculturación y se arranco del corazón aquello que su consciencia
denomina nostalgia, que el pasado te muestra en pequeños momentos durante la
noche antes de dormir. Eso es Camaná y el Perú para aquellas personas que
añoran regresar y no pueden, porque su vida cotidiana no se lo permite.
La provincia de Camaná es parte de las ocho que
integra el departamento de Arequipa en el sur del Perú, a diecisiete horas en
bus para llegar a la capital, que es Lima. Según el último censo de población,
vivienda y comunidades campesinas en el 2017 la población asciende a 59 370,
con una proporción equitativa entre hombres y mujeres, siendo sus playas las
mejores de todo el territorio departamental. Desde que llego la metodología de
los monocultivos y la urea en 1960 al valle camanejo identificado en la
monografía de José María Morante, la migración fue un fenómeno demográfico que
acompaño el proceso de interculturalidad en la provincia, haciendo una
simbiosis entre patrones tradicionales costeros e idiosincrasias rurales como selváticas.
Desde esta narración de hechos que identifica las dos
ideas principales en los párrafos precedentes abrimos la discusión sobre lo
imperceptible de la atención a la teoría de los cuidados en la construcción de
una cultura machista en la provincia de Camaná.
Definiendo el concepto, parafraseando a Carol Gilligan
en 1982 en su texto la “Ética del cuidado” plantea habilidades morales para la
praxis del cuidado, siendo la empatía, paciencia, perseverancia, escucha, entre
otras, considerando la visión moral de las responsabilidades y las necesidades
en el hogar y vivienda. Considerando que la teoría de los cuidados recae en el
proceso de acompañamiento múltiple sobre la atención particular y colectiva en
lo físico, emocional y lo espiritual (pensamiento mágico-religioso) dentro y
fuera de las familias como ámbitos de socialización, recreando espacios más
pacíficos y de libre entendimiento entre diferentes formas de sentir, actuar y
decidir sobre los asuntos comunales e individuales.
Donde las mujeres representan las cualidades
mencionadas no por voluntad propia, no por consideración, no por respuestas
técnicas, no por evolución natural, no por consulta popular, sino por
imposición autoritaria como acciones conservadoras amparadas en la hegemonía de
roles muy tradicionales y desproporcionados.
Desde este pequeño diagnóstico de la distribución de
roles y la división sexual de trabajo desde unidades territoriales locales,
nacionales e internacionales nos sirve para explicar el planteamiento de estrategias
y procesos de planificación para el empoderamiento económico, social, cultural
y político de las mujeres en sus entornos, en una primera fase, donde los
consensos se articulan para una lucha frontal contra la violencia de género a
nivel económico, patrimonial, comunitario, sexual, psicológico, físico y
tecnológico. Manifestando que roles de cuidado y de género deben estar inmerso
en los hombres equitativamente, para cuestionar los lazos de poder
intervinculante, y la construcción de sociedades más libres y democráticas.
¿Y el machismo en Camaná como se relaciona con la
teoría de los cuidados? Comenzando por identificar las características de
relaciones sociales entre las personas que cohabitan el territorio, se puede
manifestar un orgullo desmedido, interpretación dogmática sobre el
entendimiento de la religión y el futbol, un machismo tradicional vinculado
solo a las mujeres y el ejercicio de la virilidad de las juventudes para ganar
poder y reconocimiento en la opinión pública, y por último, las actividades
productivas como la agricultura, la pesca y minería se prevalece
multidimensionalmente al hombre por encima de las mujeres, desde el salario
hasta su forma de pensar.
Como no recordar la niñez en Camaná, donde las tías,
las abuelas y las primas tenían la responsabilidad de cuidarnos, de cocinar, de
atender, de escuchar, de sobrevivir, de tolerar la violencia por dependencia
económica, tolerar el famoso “que dirá” de la opinión pública sino hacen lo que
demandan los roles tradicionales camanejos machistas heteronormativos en vez de
hacer lo que cada una quiere, eso es una libertad negada por décadas. Cuando
miremos a nuestras abuelas, preguntémosles ¿Cómo fue ser mujer y lo que tenias
que tolerar por serlo?
Esa generación de camanejos que creció evidenciando la
violencia, de mayor manera si eras mujer y con privilegios si eras hombre,
ahora ya en pleno 2025 se cuestiona sus roles de género para ser mejores
ciudadanos en el cuidado de nuestros adultos mayores y enseñando
manifestaciones vehementes de defensa de ideas, pero sin vulnerar al otro, sin
ejercer violencia.
Observo a mis amigos y amigas de colegio, y veo la lucha
constante contra los patrones machistas y conservadores de nuestros padres,
madres, abuelos y abuelas, que para poder cambiarlos no solo es decidir
hacerlo, sino construir una cultura de cuidados, construir un nuevo modelo
cambiante contemporáneamente a entendernos y respetarnos como individuos y como
colectivo social, aún con nuestras diferencias físicas, sexuales, etarias y
emocionales.
La teoría de los cuidados no es solamente para la
construcción de paz en sociedades violentas, sino para la participación
militante en el ejercicio de derechos civiles e intrafamiliares.

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