La
discriminación, el insulto y el rechazo a la evidencia científica son parte de
los principios de derechas radicales fascistas en el mundo, posicionándose en la
última década en el Perú y en Arequipa. Como muestra, en la ciudad blanca lo
estamos evidenciando en los integrantes que provienen de las áreas de
comunicación de las municipalidades distritales de la metrópoli, donde reciben
financiamiento en publicidad, considerando que el 90% de su contenido son
improperios sin evidencias, sin análisis, sin respetar el espacio
tiempo-histórico, posturas xenófobas y vulnerando los derechos de las mujeres
públicamente, concluyendo en una ignorancia programática que cautiva a jóvenes
profesionales que colindan con conservadurismos y tradiciones, que por
contradicciones y falta de construcción de un norte ideológico son atrapados
por rancios fanatismos.
Entendemos que
hay un cambio de época en el ejercicio político, acompañado de una cultura
comunicacional imperante en los sentidos comunes, donde importa más las reconciliaciones
del gato cuba que la crisis de la democracia evidenciada en la toma del
Ministerio Público por la Junta Nacional de Justicia y Patricia Benavides
conjuntamente con satélites que se encuentran en el Congreso de la República.
Ya no se quiere hablar, ya no se quiere debatir, solo se quiere imponer por la
fuerza las opiniones de las mayorías, dando la espalda a la modernidad, avances
científicos y nuestros sentidos más empáticos por las culturas que coexisten en
un mismo territorio.
Primero tenemos
que evidenciar el problema para gestar las estrategias para poder combatir en
el campo de las ideas y la evidencia científica a estas posturas extremistas
fascistas, porque se está apoderando de los sentidos comunes, concluyen en una
sociedad más pragmática y desinformada, que no ejerce un pensamiento crítico sino
acata lo que la moda y el dinero le impone. Entonces la pregunta que surge,
¿Qué es el fascismo y cuales son sus características?
Tomaremos los
textos de “UR-Fascismo” de Umberto Eco y “De como la singularidad de la derecha
radical populista en América Latina permite repensar a la derecha radical
populista global” de Juan Carlos Ubilluz para parafrasear las proposiciones que
ejerce este pensamiento sobre los imaginarios de los sentidos comunes en la
ciudad de Arequipa.
El fascismo es
una corriente de pensamiento ideológico-fanática que preserva dogmas del
pasado, donde cree tener un grado de moral superior a las grandes mayorías, y
cree tener un bienestar psicológico autosuficiente, pensando que tiene la
representación de un héroe de guerra o mitológico que reivindicara las “buenas
costumbres” de los localismos de tiempos trasnochados siglos atrás, para salvar
a Arequipa, en este caso.
Mantiene una
fuerte relación servicial y clerical con todas las religiones e iglesias, utilizándolas
para incidir en la manipulación de la educación, recreando modelos de
servidumbre y no basados en la libertad de pensamiento. Favoreciendo las
dictaduras y modelos autoritarios para gobernar en los territorios, aplicando
la famosa “mano dura”, sin importar las muertes de conciudadanos, siempre y
cuando, provengan de estratos socioeconómicos pobres y desiguales, donde ahora
se les denomina terroristas urbanos.
Manifiestan
abiertamente el control de las líneas editoriales de los medios de comunicación
de señal abierta, el desmantelamiento de sindicatos, el control del poder
legislativo, ejecutivo y judicial, primando el irracionalismo, gritando a viva
voz “universidad, guarida de comunistas”. Como lo viene haciendo Donald Trump
con Harvard. Basando su actuar político en populismos, hacer lo que demanda el
pueblo con cálculos electorales, ejemplo, Rafael López alcalde de Lima
Metropolitana.
Sobre todo,
los fascistas creen gozar de un elitismo, un aspecto típico de toda ideología
reaccionaria, fundamentalmente aristocrática. Concluyendo siempre en un
desprecio por los débiles, amparándose en el tradicionalismos y
conservadurismos.
Hay que estar atentas
y atentos a los contenidos que vemos y analizamos como ciudadanía, no podemos
ser reaccionarios sino analíticos con nuestros entornos, siempre triangulando
fuentes de información y construyendo posturas políticas e ideológicas que
cambian con los avances científicos, basándonos siempre en la razón y la lucha
por la erradicación de la pobreza y la desigualdad en las personas que menos
tienen.
Consideremos
que el proceso electoral ya comenzó, y estas posturas fascistas ya están en
Arequipa, caminando y con un micrófono delante.

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