sábado, 19 de julio de 2025

La captura del Estado está vigente.


El 05 de abril se conmemoro 33 años del autogolpe del dictador Fujimori, el gobierno mas corrupto, depredador de la institucionalidad y llevando acuesta delitos de lesa humanidad, que cargarán los hijos e hijas del delincuente presidente. Es un hito histórico que nunca hay que olvidar en la memoria histórica colectiva de la ciudadanía peruana, como tampoco hay que olvidar, las causas estructurales de cómo funciona el ejercicio del poder en el Estado peruano. El primer hecho histórico nos lo cuenta el tiempo transcurrido, cosechando los aprendizajes como derrotas que aún se siente, aún en los fracasos como república, y el segundo Francisco Durand en su libro “La Captura del Estado en América Latina” nos los dirá.

Antes de darle un breve y significativo homenaje a Durand, sociólogo que murió siempre militante en la raíz de su ciencia, cuestionar el poder, no alinearse, tampoco claudicar a cargos políticos, mucho menos universitarios. Daremos una explicación, porque el autor y el libro en este momento histórico abril del 2025. El próximo abril del 2026 escogeremos a dos candidatos o candidatas que pasaran a una segunda vuelta, dando como consecuencia el liderazgo de la presidencia de la República del Perú, ¿Qué nivel de importancia tiene la envergadura del cargo a ostentar? ¿Qué es lo que se piensa cambiar? ¿estamos discutiendo una forma de hacer política y gestión pública? ¿la corrupción es un problema endémico que se combate o que se adaptan las autoridades entrantes? ¿el modelo económico de acumulación es perenne e incuestionable en el país? ¿la ciudadanía se duerme mientras estas preguntas se siguen haciendo? ¿Cuál es el papel de las universidades? ¿acompañar los cambios estructurales y darles una solución, o solo pensar en el redito económico?

Comencemos, Durand ataca directamente a las elites de poder latinoamericanas, revelando el tejido bruto y achorado de como los grupos empresariales y hegemónicos controlan las reglas de juego y el tablero de ajedrez en cada república “soberana”. Manifestando que a través de los procesos electorales en los diferentes niveles de gobierno (nacional, regional y local) se tejen redes de corrupción, mostrando la representación de intereses individuales y económicos a través de financiar campañas electorales, invertir en las líneas publicitarias y ensanchar el populismo de las planchas presidenciales. Con el objetivo de manipular para engañar a la población electoral, vendiendo la idea que mayor represente para pasar la valla electoral y tener mayoría en la primera vuelta en el legislativo, donde se registraran los lobbies que mantienen el statu quo entre las personas que más tienen (ricos) y los que menos tienen (pobres).

Durand comprueba que desde Fujimori hasta Kuczynski (1990-2017) se emitieron 843 decretos ley, donde el 68% son de materia económica. La narrativa que se construye, “sin crecimiento económico no hay desarrollo”, pero la verdad de la milanesa es que mientras el crecimiento no se redistribuya en diferentes sectores industriales en las escalas de la cadena productiva (alta, media y baja), siempre los mas beneficiados serán los que poseen los medios de producción (las empresas, propietarios de los grandes latifundios para la agroexportación, dueños de las concesiones mineras, entre otros), por consecuencia la desigualdad se reafirma, y el pobre no es pobre porque quiere, sino porque lo obligan institucionalmente de arriba hacia abajo, desde la cabeza del gobierno, hasta el alcalde. Por ejemplo, veamos como creció la riqueza de las familias más poderosas del Perú en la pandemia provocada por la COVID-19, solo veamos esas cifras, y el modelo conceptual recreado por Durand cobrará sentido. Chocándonos que la manipulación de los Estados latinoamericanos obedece a un planeamiento maquiavélico a favor del dinero, del capital, de mantener el poder no importa cómo ni con quien.

Durand cita a Amaryta Sen (economista y filosofo de la India) para coincidir que la tecnocracia debe plantear una hoja de ruta institucionalizada para reglamentar el poder y el prestigio, para que la autonomía del Estado, como figura de arbitro en la economía, política y materia constitucional rija de acuerdo al conocimiento, pensamiento crítico y manifestaciones complejas de como evoluciona la sociedad, en un mundo moderno; pero preferimos que los programas de espectáculos y famosos papanatas que hacen videos dicten nuestro ejercicio político.

Desde esta pequeña trinchera, junto a Durand, se manifiesta que las reglas de juego no están en discusión, solo la pelea empieza por decir quién va ser el peón de un tablero que ya tiene los jugadores completos.  



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