El 05 de abril
se conmemoro 33 años del autogolpe del dictador Fujimori, el gobierno mas
corrupto, depredador de la institucionalidad y llevando acuesta delitos de lesa
humanidad, que cargarán los hijos e hijas del delincuente presidente. Es un hito
histórico que nunca hay que olvidar en la memoria histórica colectiva de la
ciudadanía peruana, como tampoco hay que olvidar, las causas estructurales de
cómo funciona el ejercicio del poder en el Estado peruano. El primer hecho
histórico nos lo cuenta el tiempo transcurrido, cosechando los aprendizajes
como derrotas que aún se siente, aún en los fracasos como república, y el
segundo Francisco Durand en su libro “La Captura del Estado en América Latina”
nos los dirá.
Antes de darle
un breve y significativo homenaje a Durand, sociólogo que murió siempre militante
en la raíz de su ciencia, cuestionar el poder, no alinearse, tampoco claudicar
a cargos políticos, mucho menos universitarios. Daremos una explicación, porque
el autor y el libro en este momento histórico abril del 2025. El próximo abril
del 2026 escogeremos a dos candidatos o candidatas que pasaran a una segunda
vuelta, dando como consecuencia el liderazgo de la presidencia de la República
del Perú, ¿Qué nivel de importancia tiene la envergadura del cargo a ostentar?
¿Qué es lo que se piensa cambiar? ¿estamos discutiendo una forma de hacer
política y gestión pública? ¿la corrupción es un problema endémico que se
combate o que se adaptan las autoridades entrantes? ¿el modelo económico de
acumulación es perenne e incuestionable en el país? ¿la ciudadanía se duerme
mientras estas preguntas se siguen haciendo? ¿Cuál es el papel de las
universidades? ¿acompañar los cambios estructurales y darles una solución, o
solo pensar en el redito económico?
Comencemos, Durand
ataca directamente a las elites de poder latinoamericanas, revelando el tejido
bruto y achorado de como los grupos empresariales y hegemónicos controlan las
reglas de juego y el tablero de ajedrez en cada república “soberana”.
Manifestando que a través de los procesos electorales en los diferentes niveles
de gobierno (nacional, regional y local) se tejen redes de corrupción,
mostrando la representación de intereses individuales y económicos a través de
financiar campañas electorales, invertir en las líneas publicitarias y
ensanchar el populismo de las planchas presidenciales. Con el objetivo de
manipular para engañar a la población electoral, vendiendo la idea que mayor
represente para pasar la valla electoral y tener mayoría en la primera vuelta
en el legislativo, donde se registraran los lobbies que mantienen el statu quo
entre las personas que más tienen (ricos) y los que menos tienen (pobres).
Durand
comprueba que desde Fujimori hasta Kuczynski (1990-2017) se emitieron 843
decretos ley, donde el 68% son de materia económica. La narrativa que se
construye, “sin crecimiento económico no hay desarrollo”, pero la verdad de la
milanesa es que mientras el crecimiento no se redistribuya en diferentes
sectores industriales en las escalas de la cadena productiva (alta, media y
baja), siempre los mas beneficiados serán los que poseen los medios de
producción (las empresas, propietarios de los grandes latifundios para la
agroexportación, dueños de las concesiones mineras, entre otros), por
consecuencia la desigualdad se reafirma, y el pobre no es pobre porque quiere,
sino porque lo obligan institucionalmente de arriba hacia abajo, desde la
cabeza del gobierno, hasta el alcalde. Por ejemplo, veamos como creció la
riqueza de las familias más poderosas del Perú en la pandemia provocada por la
COVID-19, solo veamos esas cifras, y el modelo conceptual recreado por Durand
cobrará sentido. Chocándonos que la manipulación de los Estados
latinoamericanos obedece a un planeamiento maquiavélico a favor del dinero, del
capital, de mantener el poder no importa cómo ni con quien.
Durand cita a
Amaryta Sen (economista y filosofo de la India) para coincidir que la
tecnocracia debe plantear una hoja de ruta institucionalizada para reglamentar
el poder y el prestigio, para que la autonomía del Estado, como figura de
arbitro en la economía, política y materia constitucional rija de acuerdo al
conocimiento, pensamiento crítico y manifestaciones complejas de como
evoluciona la sociedad, en un mundo moderno; pero preferimos que los programas
de espectáculos y famosos papanatas que hacen videos dicten nuestro ejercicio
político.
Desde esta
pequeña trinchera, junto a Durand, se manifiesta que las reglas de juego no
están en discusión, solo la pelea empieza por decir quién va ser el peón de un
tablero que ya tiene los jugadores completos.

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