En clase
discutíamos sobre el aprendizaje colaborativo como un mecanismo de adquirir y
hacer sostenible los conocimientos para el individuo respetando el trayecto colectivo,
a la otra orilla, tenemos a la interiorización de la automatización de
conocimientos, como la instrumentalización de la memoria, que no necesariamente
fomenta procesos de reflexión y análisis que nos involucra en ejercitar un
pensamiento crítico, debiendo madurar en un pensamiento complejo. Discutíamos, siempre
con la consigna de aportar al debate desde las interrogantes y recrear los
ejemplos para un mayor entendimiento, esas dos simples cosas eran las consignas.
De vital importancia poner las reglas de juego y manifestar nuestra intención
de participar para ver que me llevo, retos pendientes y cosas que no estoy de
acuerdo. Considerando que el promedio de edad estaba entre los 17 a 20 años de
edad, en un ambiente controla de formación académica.
Hoy, en los
espacios de participación de la convencional y tradicional sociedad civil
organizada no hay consignas para los aportes, no se piden comentarios, no se
piden opiniones, concluyendo, nadie viene a sumar sino a pavonearse, manifestando
que tan jodido esta Arequipa y el país en relación a percepciones egocéntricas e
individualistas que lo venimos escuchando reunión en reunión durante muchos
años. Así, merecemos las y los representantes que tenemos, así merecemos que
nos sigan llamando subdesarrollados, así somos una república con pensamiento
colonial vigente, porque no nos damos cuenta las cosas que tenemos al frente ni
la problemática que pasa en el mundo, nos distraemos sobre los hechos
noticiosos, la burla, el morbo y nuestro nivel de debate es bastante limitado,
sin extrapolación y con conformismo. Totalmente comprobado, porque siguen yendo
los mismos actores a las mismas reuniones y haciendo los mismos comentarios, ¿Qué
cambia?, a parte de el numero de canas en la cabeza. Nada.
Aquellos
ambientes no son de formación universitaria, ni el promedio de edad es menor de
20 años de edad, sin ninguna duda, como se dijo en el primer párrafo. Muchas de
las personas que participan vienen de procesos interesantes de construcción de
ciudadanía democrática y periférica, pero se quedaron allí, murieron allí,
recordando que tan buenos fueron y llevando el debate de la reunión entre elogios
recíprocos de los asistentes, entre
franeleadas para la foto, que pena y
vergüenza, porque no miramos mas lejos de los limites que nos pone la
visión, porque solo pedimos lo básico, pedimos que se acabe la violencia, se
respeten los valores democráticos y se tenga dinero en el bolsillo de la gente,
totalmente insignificante para un país que debería exigir un nuevo modelo de
desarrollo, no basado en la extracción de recursos naturales y un proceso de
distribución de riqueza del chorreo, queriendo decir, si las elites opulentas
tienen más dinero, los pobres tendrán migajas mas grandes, ¿no?, ese es el
desarrollo a la peruana.
Se podía
determinar los comentarios de cada una y uno de los actores que estaban
presentes, estamos hablando el lenguaje, que desde que estoy en voluntariados y
articulación con la sociedad civil organizada se sigue repitiendo, y estoy
seguro que las personas que pintan canas, tienen más de cuatro décadas hablando
sobre las mismas cosas, peor aún sobre los mismos problemas no resueltos.
Todavía se
pregunta en esos espacios, “¿ya van a venir los sindicatos y los gremios como
la FDTA (Federación Departamental de Trabajadores de Arequipa) y los sindicatos
como construcción civil?”, obviamente que la respuesta es NO, no van a venir
nunca, porque esta pequeña reflexión en este articulo de opinión aquellas
instituciones gremiales ya lo conocen de primera mano hace muchas décadas,
saben que se piensa, se analiza y se discute y todo queda la foto, suficiente
para la cooperante por supuesto, el apelativo de espacios caviares queda muy atinado
en la foto.
Espacio
aburrido, los mismos temas, las mismas franeleadas y las mismas suplicas. “¿Qué
hacemos?” preguntaron algunos, recibiendo aplausos del público, vergüenza,
tenemos un pensamiento dogmático, simplista y neocolonialista. Dogmático porque
no entendemos que el mundo ha cambiado, pudiendo tener un desarrollo no solo
amparado en la extracción de recursos naturales sino en energía renovables y
más. Simplista, porque tenemos un reduccionismo sobre las cosas que queremos y
como imaginamos nuestro futuro. Y neocolonial, porque los problemas los tenemos
que resolver nosotros, no esperar que alguien nos diga lo que tenemos que
hacer, no esperar un mesías, no esperar que nos digan como pensar, eso si es
deplorable en cualquier debate y en cualquier nivel de articulación.
También hay
que mencionar a los grandes consultores que los presentan como dioses de la
gestión pública y desarrollo territorial, pero aquellas participaciones no dan
crédito a las experiencias regionales que ayudaron a construir esos modelos
mentales que plantean reformas, fortalecimiento de políticas públicas y
revoluciones dentro de los contratos sociales, por mas que se le incomode de
hablar de aquellas temáticas, que obviamente no son creación heroica sino
importan esas ideas, les ponen sus títulos con su autoría y lo manifiestan en
espacios regionales por supuesto. Así, ni siquiera tenemos una forma
institucional de tener redes de conocimiento en las universidades regionales,
por mas que se mencione en un discurso centralista y hegemónico.
Hay miedo a
dar el salto a la política participativa, miedo a dejar su zona confort. Como les
mencionaba a algunos actores, no siempre vas a estar calculando las cosas, se
tiene que sentar posición, pero se prefiere no cuestionar el modelo de
desarrollo, recrear el poder en instancias concejales y regidurías (fáciles de
dominar), tratando, porque no creo que lo logren, conducir mejores olas para
que los vean deslizarse, para la foto también.
El gran
aprendizaje parte de madurar nuestros propios procesos de participación,
articulando otros de menara ascendente, con coherencia, posición y trabajo
programático, tenemos que seguir madurando en nuestra participación ciudadana y
política, porque sino estaremos como personas que representan algunas ONGs
repitiendo el discurso de izquierda de 1980, donde los progresismos modernos lo
han olvidado, donde no hay cuestionamientos de construir un pensamiento
latinoamericano.
No cuestiono
el espacio, siempre y cuando se renueven los actores y las metodologías para
poder no solo dialogar, sino, carajo, tener acuerdos concretos y viables de
articular desde la poca institucionalidad que tiene la sociedad civil
organizada. Donde algunos decidiremos migrar a donde seamos más útiles y menos
repetitivos.

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