viernes, 18 de julio de 2025

Espacios de diálogo que no generan compromisos ni cambios.

En clase discutíamos sobre el aprendizaje colaborativo como un mecanismo de adquirir y hacer sostenible los conocimientos para el individuo respetando el trayecto colectivo, a la otra orilla, tenemos a la interiorización de la automatización de conocimientos, como la instrumentalización de la memoria, que no necesariamente fomenta procesos de reflexión y análisis que nos involucra en ejercitar un pensamiento crítico, debiendo madurar en un pensamiento complejo. Discutíamos, siempre con la consigna de aportar al debate desde las interrogantes y recrear los ejemplos para un mayor entendimiento, esas dos simples cosas eran las consignas. De vital importancia poner las reglas de juego y manifestar nuestra intención de participar para ver que me llevo, retos pendientes y cosas que no estoy de acuerdo. Considerando que el promedio de edad estaba entre los 17 a 20 años de edad, en un ambiente controla de formación académica.

Hoy, en los espacios de participación de la convencional y tradicional sociedad civil organizada no hay consignas para los aportes, no se piden comentarios, no se piden opiniones, concluyendo, nadie viene a sumar sino a pavonearse, manifestando que tan jodido esta Arequipa y el país en relación a percepciones egocéntricas e individualistas que lo venimos escuchando reunión en reunión durante muchos años. Así, merecemos las y los representantes que tenemos, así merecemos que nos sigan llamando subdesarrollados, así somos una república con pensamiento colonial vigente, porque no nos damos cuenta las cosas que tenemos al frente ni la problemática que pasa en el mundo, nos distraemos sobre los hechos noticiosos, la burla, el morbo y nuestro nivel de debate es bastante limitado, sin extrapolación y con conformismo. Totalmente comprobado, porque siguen yendo los mismos actores a las mismas reuniones y haciendo los mismos comentarios, ¿Qué cambia?, a parte de el numero de canas en la cabeza. Nada.

Aquellos ambientes no son de formación universitaria, ni el promedio de edad es menor de 20 años de edad, sin ninguna duda, como se dijo en el primer párrafo. Muchas de las personas que participan vienen de procesos interesantes de construcción de ciudadanía democrática y periférica, pero se quedaron allí, murieron allí, recordando que tan buenos fueron y llevando el debate de la reunión entre elogios recíprocos  de los asistentes, entre franeleadas para la foto, que pena y  vergüenza, porque no miramos mas lejos de los limites que nos pone la visión, porque solo pedimos lo básico, pedimos que se acabe la violencia, se respeten los valores democráticos y se tenga dinero en el bolsillo de la gente, totalmente insignificante para un país que debería exigir un nuevo modelo de desarrollo, no basado en la extracción de recursos naturales y un proceso de distribución de riqueza del chorreo, queriendo decir, si las elites opulentas tienen más dinero, los pobres tendrán migajas mas grandes, ¿no?, ese es el desarrollo a la peruana.  

Se podía determinar los comentarios de cada una y uno de los actores que estaban presentes, estamos hablando el lenguaje, que desde que estoy en voluntariados y articulación con la sociedad civil organizada se sigue repitiendo, y estoy seguro que las personas que pintan canas, tienen más de cuatro décadas hablando sobre las mismas cosas, peor aún sobre los mismos problemas no resueltos.

 

Todavía se pregunta en esos espacios, “¿ya van a venir los sindicatos y los gremios como la FDTA (Federación Departamental de Trabajadores de Arequipa) y los sindicatos como construcción civil?”, obviamente que la respuesta es NO, no van a venir nunca, porque esta pequeña reflexión en este articulo de opinión aquellas instituciones gremiales ya lo conocen de primera mano hace muchas décadas, saben que se piensa, se analiza y se discute y todo queda la foto, suficiente para la cooperante por supuesto, el apelativo de espacios caviares queda muy atinado en la foto.

Espacio aburrido, los mismos temas, las mismas franeleadas y las mismas suplicas. “¿Qué hacemos?” preguntaron algunos, recibiendo aplausos del público, vergüenza, tenemos un pensamiento dogmático, simplista y neocolonialista. Dogmático porque no entendemos que el mundo ha cambiado, pudiendo tener un desarrollo no solo amparado en la extracción de recursos naturales sino en energía renovables y más. Simplista, porque tenemos un reduccionismo sobre las cosas que queremos y como imaginamos nuestro futuro. Y neocolonial, porque los problemas los tenemos que resolver nosotros, no esperar que alguien nos diga lo que tenemos que hacer, no esperar un mesías, no esperar que nos digan como pensar, eso si es deplorable en cualquier debate y en cualquier nivel de articulación. 

También hay que mencionar a los grandes consultores que los presentan como dioses de la gestión pública y desarrollo territorial, pero aquellas participaciones no dan crédito a las experiencias regionales que ayudaron a construir esos modelos mentales que plantean reformas, fortalecimiento de políticas públicas y revoluciones dentro de los contratos sociales, por mas que se le incomode de hablar de aquellas temáticas, que obviamente no son creación heroica sino importan esas ideas, les ponen sus títulos con su autoría y lo manifiestan en espacios regionales por supuesto. Así, ni siquiera tenemos una forma institucional de tener redes de conocimiento en las universidades regionales, por mas que se mencione en un discurso centralista y hegemónico.

Hay miedo a dar el salto a la política participativa, miedo a dejar su zona confort. Como les mencionaba a algunos actores, no siempre vas a estar calculando las cosas, se tiene que sentar posición, pero se prefiere no cuestionar el modelo de desarrollo, recrear el poder en instancias concejales y regidurías (fáciles de dominar), tratando, porque no creo que lo logren, conducir mejores olas para que los vean deslizarse, para la foto también.

El gran aprendizaje parte de madurar nuestros propios procesos de participación, articulando otros de menara ascendente, con coherencia, posición y trabajo programático, tenemos que seguir madurando en nuestra participación ciudadana y política, porque sino estaremos como personas que representan algunas ONGs repitiendo el discurso de izquierda de 1980, donde los progresismos modernos lo han olvidado, donde no hay cuestionamientos de construir un pensamiento latinoamericano.

No cuestiono el espacio, siempre y cuando se renueven los actores y las metodologías para poder no solo dialogar, sino, carajo, tener acuerdos concretos y viables de articular desde la poca institucionalidad que tiene la sociedad civil organizada. Donde algunos decidiremos migrar a donde seamos más útiles y menos repetitivos.

 


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