lunes, 8 de julio de 2024

Pensamiento complejo contra el facilismo.

 

Pensamiento complejo contra el facilismo.

Lucas Z. Granda

Las permanentes noticias con temáticas geopolíticas armamentistas, avances científicos, desastres naturales a causa de una ebullición climática inminente, el programa farándula de la Foca farfán, pelea entre Yaco y la hija de Gisela combinado con los rolex y pulseras de Dina Boluarte agobian a la gente en su día a día, cada quien decide el público que quiere ser, donde cada persona se aferra a cosas muy lineales y comunes, efímeras como diría Pepe Mujica. Estableciendo su ámbito de intervención donde operativiza su vida cotidiana entre su celular y sus obligaciones (estudiar, trabajar y cuidar), donde la monotonía se interioriza, volviéndose una compañera durante muchas décadas, dejando ir a amistades como es el sueño y la aspiración, y casi siempre con una resignación basada en el libertinaje del derroche en dinero, la algarabía como paliativo de no reconocer nuestros problemas y los festejos que van cercenando el pensamiento crítico, complejo y la curiosidad, menciona Enrique Dussel, que como seres humanos nos llevó a obtener un conocimiento que hoy se denomina “evolución”.

Todo esto solidifica la filosofía del ser humano, el pragmatismo como un enfoque solido en la mente de la gente que basa su comportamiento en tener todo fácil, instantáneo, el querer pagar para saltarse la parte administrativa por un beneficio individual, teniendo una mirada antropocéntrica que se sigue centralizando en nuestro ego y nuestro bienestar propio, a costa de malestares colectivos y daños contra la naturaleza. La sociedad esta cambiando conjuntamente con nuestras tradiciones y culturas, las generaciones que están creciendo desconocen por opción personal el pasado y la historia, identificándose de manera autoritaria en el tiempo presente y prospectiva a futuro de los hechos sociales.

Manifestar estas ideas es terrorífico para nuestra vida en comunidad, para generar iniciativas de organización y para sostener el equilibrio de reciprocidad entre individuos que vivimos en un mismo planeta, pero esto explica porque mas de cincuenta muertes de manera extrajudicial en las protestas al inicio del gobierno de Dina Boluarte no convulsionaron el juicio ético y moral de la ciudadanía en su conjunto en el Perú, y si lo ha hecho escándalos de corrupción por unos relojes de 25 mil dólares y pulseras de 50 mil dólares adicionales, nuestro sentido de humanidad a cambiado, las cosas como se denominaban la década pasada se están reconceptualizando.

Y en este punto la croqueta del pensamiento se desmorona en nuestros valores democrático, relaciones de confianza, naciendo posiciones de alinearse a sistemas gerontocráticos por migajas que caen de la mesa del poder y resignarse a tener un miedo inherente a poder organizarse para decir “basta”. Aquí citaremos al maestro Edgar Morin filósofo y sociólogo francés, a quien se trata de rendir un pequeño reconocimiento en estas palabras. En su obra “Introducción al Pensamiento Complejo” en su octava edición publicada en el 2005, imprimiéndose en Barcelona, manifiesta una tesis contestaria al pensamiento simplificante, como el denomina.

Es que estamos eludiendo como seres humanos la complejidad de las cosas, la interdisciplinariedad de entender el porque de los hechos sociales, no todo es blanco y negro, siempre hay una escala de grises en la interpretación de la realidad. La disgregación como menciona Morin, es el mal endémico que tenemos como sociedad, la constante desintegración de las especializaciones, problemas y responsabilidades no llegan nunca a converger en un pensamiento complejo efectivo para el ser humano, tomando el reduccionismo como un habito cotidiano, imprimiendo nuestro parecer simplista como verdad absoluta y creando el dogma del pensamiento, siendo peligroso para la replicación por mentes jóvenes que escuchan estas estupideces.

En la actualidad el progreso de la humanidad esta ligado a sectores que la van a destruir, como armas termonucleares, manipulaciones en todo orden en la esfera pública-política y desarreglos ecológicos, enterrando la auto-eco-organización como un sentir autónomo como especie humana, dejando de percibir el objeto y el sujeto como parte de un mismo ecosistema que se retroalimenta en la vida que nos rodea.

El camino esta en observar diferente, en regresar a concebir nuestras raíces como propias, no incorporarnos a ideas hegemónicas y neocoloniales del saber y mucha menos de sentir, a decirle no al consumismo y si a la diversidad en toda su complejidad que nos ofrece el universo.  



¿Joven ubicas tu estrategia en un contexto incierto y sin sentido crítico?

 

¿Joven ubicas tu estrategia en un contexto incierto y sin sentido crítico?

Lucas Z. Granda.

Concluyendo una entrevista de análisis político en el Perú con la abogada Alenka Núñez de Huánuco, nos quedó muchas reflexiones que deberían fertilizar las convicciones ideológicas de los futuros liderazgos que se visibilizaran en las próximas elecciones del 2026. Primero, tener en consideración la coherencia entre lo que se dice y las acciones que acompañan nuestro quehacer ciudadano y convicciones políticas, porque debemos de hacer una autocritica a la inacción de la sociedad civil organizada provocada por una perdida de credibilidad de nuestros propios dirigentes y representantes que han quedado devaluados por manejar dobles discursos, encubrir acciones delictivas y apropiarse de la voluntad popular sin previa consulta. Segundo, la construcción comunicativa para hacer conocer propuestas serias, planificadas y que resuelven problemas se acoplan a una estructura de intereses partidarios y económicos que se juegan en la esfera pública, lo cual debemos romper con la ingenuidad, sobre todo de aquellas personas que tienen mucho entusiasmo, porque no hay un mesías, un líder autoritario que nos salve, no romanticemos los espacios, hay una estructura política que favorece a algunos grupos económicos y perjudica a otros. Tercero y último, la esperanza de cambio debe permanecer en las mentes jóvenes sin respetar grupos etarios, la esperanza debe construirse desde la ciudadanía, con acciones coherentes con el medio ambiente y con un enfoque de género transversal, lo cual no ejemplifica una timidez o sobriedad con los problemas profundos que tenemos como república, pero nos enseña a sobrellevar el pesimismo como una carga que cada vez pese menos.

Empezamos con estas tres reflexiones para saber cómo ubicar nuestra estrategia como ciudadanía en un contexto incierto y sin sentido crítico. Un maestro que aprecio mucho me presto el libro “Estrategia” de Lawrence Freedman, un historiador inglés que escribe sobre las diferentes guerras en el mundo. Venciendo las 800 páginas que atemorizan en una primera impresión, el autor hace un recuento histórico sobre las diferentes estrategias que aplicaron jefes de gobiernos, militares, personalidades de la sociedad civil, todos con el objetivo de obtener victorias, fortalecer el imaginario de su gente, potencializar los escasos recursos disponibles en un espacio y tiempo-histórico, pero sobre todo, imperando la razón en una análisis lógico colectivo en pro de salvaguardar cánones socioculturales indispensable para la reproducción de la vida en comunidad, teniendo como finalidad ultima el obtener poder.

El autor especifica que hay que tener estrategias colaterales entre el núcleo interno de articulación y el externo de difusión, lo cual conlleva plantear un proceso de planificación racional con el entorno, acompañado de individuos cohesionados que generen un compromiso con la trascendencia de lo que se quiere hacer, quedar impreso en la historia de las futuras generaciones. Allí es cuando se empieza a estructurar la estrategia institucional del equipo de trabajo, que es muy difícil de alcanzar, y aún mas de dar sostenimiento, sino hay que preguntarle a Pedro Castillo y Keiko Fujimori como no subieron manejar las oportunidades políticas para transcender en la historia republicana del Perú, sino se contentaron con ahogamientos del poder, el dinero y los clasismos.

Actualmente ubicarse políticamente en el Perú, siendo joven, con ideología que es estigmatizada por la gerontocracia, sin compartir egos de personajes que nunca tuvieron una victoria propia, ni mucho menos se atrevieron a plantear y escoger sus batallas para discutir el poder, sino que se acoplan a la incoherencia desdichada de su talento, provoca que la brújula que mira al norte sea ambivalente en la participación ciudadana, liderazgos políticos, académicos que combaten el poder desde las universidades, convirtiéndose el escenario en velas que se apagan lo suficiente para plantear la estrategia y esperar la gesta del momento correcto.



Derechos humanos extraviados en el Perú

 

Derechos humanos extraviados en el Perú

Lucas Z. Granda

Se debe partir que no hay un reconocimiento a los derechos sociales, económicos y culturales de parte de los Estados-Nación, dejando una desprotección a la ciudadanía como individuo y a la sociedad civil como colectivo. Por eso quiero dejar sentado en estas palabras que la configuración de la nación en un territorio es un trabajo complejo, más aún si hay muchas culturas aplicando la interdisciplina en sus formas de vivir y pensar, siendo como único canal para ponerse de acuerdo la legitimación de un poder supremo que es el Estado, imponiendo el imperio de la ley.

Teniendo el Estado un significado de legitimar la violencia para la distribución de los servicios públicos e intermediación para la regulación del mercado, no en el control de precios, sino para impartir justicia transversalmente. Teniendo al hombre y la mujer como el centro de referencia de la vida social.

Se cree que hay al menos dos tipos de aportes provenientes de los sistemas internacionales de protección de los derechos humanos que hay que tomar en consideración. Refiriéndose al Sistema Interamericano de Derechos Humanos como al Sistema Universal.

Partiendo de esa premisa se debe considerar el concepto de “garantías sociales”, eran puramente programáticas, es decir, que eran normas dirigidas a habilitar la actuación de los legisladores y de la administración, pero que no facultaban a los titulares de esos derechos a formular un reclamo ante la justicia en caso de incumplimiento.

Dicho de otro modo, una precondición importante para desencadenar la maquinaria del reclamo judicial es saber sobre la base de qué estándares estoy demandando en la violación de un derecho, cuál es la conducta que debía haber asumido la autoridad pública en el caso y cuál es la reparación que se pretende.

Para lo cual el derecho que se reconoce internacionalmente, pero que no tiene un mecanismo de protección, es un derecho imperfecto, ya que no existe ningún proceso que garantice y reivindique su cumplimiento. La Organización de los Estado Americanos-secretaria ejecutiva para el Desarrollo Integral establece un trabajo cohesionado para analizar y sistematizar los “Indicadores de Proceso para la Medición de Derechos Contemplados en el Protocolo de San Salvador. OEA.2011”, con el motivo de verificar la protección del Estado en un territorio sobre los derechos sociales, económicos y culturales.

Los indicadores para los derechos humanos apuntan a verificar el nivel de cumplimiento y efectividad de tales derechos y no se restringen solamente a recaudar información sobre la situación económica y social de un Estado. Estando los tipos de indicadores: estructurales, proceso y resultado. Los estructurales se ramifican en los instrumentos jurídicos internacionales básicos para facilitar la realización de un derecho humano fundamental. En cambio, los de proceso buscan medir la calidad y magnitud de los esfuerzos del Estado para implementar los derechos a través de las mediciones de alcance, la cobertura y el contenido de las estrategias, planes, programas o políticas.

Esta información tendría que promover espacios de diálogo, sensibilización, debates y difusión, trabajando con alianzas, involucrando a una red de actores entre los que destacan: los gobiernos locales que contribuyen, a través de la ley de transparencia, con los datos anuales para mantener actualizado el observatorio; las universidades y otras organizaciones que colaboran con la calidad de los datos y el análisis de información.

Otras organizaciones de la sociedad civil y los medios de comunicación que se involucran en los procesos de difusión e incidencia. Los indicadores deben ser de conocimiento público, para evidenciar y fomentar una ciudadanía activa.

Se debe desconfiar de la inteligencia y de la conciencia, y poner toda nuestra fe en los instintos, bueno así piensa un sentido común construido en la realidad que son ambivalentes en su posición con respecto a los derechos humanos. Por eso comprender una proposición o un comportamiento humano significa (incluso etimológicamente) contenerlo, ponerse en su lugar, identificarse con él. Pero sin dejar de desconfiar, pues, de quien trata de convencernos con argumentos distintos de la razón, es decir de los jefes carismáticos: hemos de ser cautos en delegar nuestro juicio y nuestra voluntad. Puesto que es difícil distinguir los profetas verdaderos de los falsos. Es por eso que en Latinoamérica los caudillismos primaron mucho en 1980 con los gobiernos dictatoriales, manejando masas y promoviendo el miedo.

Por eso una persona sin importar la profesión que tenga debe adquirir algunas facultades para vivir con civismo, democracia, respeto a los derechos humanos, justicia social y velar por un desarrollo sostenible en la sociedad.

El Estado ha venido a constituirse en un requisito indispensable para el avance del individualismo, cercenando los derechos (el gobierno de Dina Boluarte es el mayor ejemplo en el Perú), incorporando el principio de legalidad para la primacía del poder sobre la sociedad, agregaría hasta el mercado. Ejerciendo la violencia legitima a los integrantes que viven en un territorio soberano. En una vertiente estatal, nace el liberalismo, que conduce a la vertebración de un Estado limitado en sus poderes (Estado de Derecho), así como en sus funciones (Estado mínimo), y concede un lugar central a la protección de los derechos individuales y al ejercicio del poder en el marco de la ley.

Para lo cual se necesita una sociedad civil organizada que haga incidencia ciudadana en el espacio público, estableciendo una relación de poder equitativo con el Estado, haciendo vinculante la agenda pública con los gobiernos de turno, pero sobre todo ciudadanos y ciudadanas que se informen, apostando por una cultura científica y de conocimiento, construyendo metodologías de fortalecimiento del colectivo de la sociedad civil, y sobre todo luchando por las reivindicaciones sociales que hacen falta en la región más desigual del planeta tierra.



¿Democracia en el Perú?

 

¿Democracia en el Perú?

Lucas Z. Granda

Escuchar a todos y todas significa un esfuerzo enorme de quien coordina la reunión o está generando el consenso, cumplimiento un rol articulador e interlocutor entre las partes que están reunidas, y están participando en un espacio para poder resolver un problema o exigir alguna demanda al Estado. La democracia no solo se caracteriza por establecer un contrato social de convivencia pacifica y social entre pares, sino garantiza un modo de desarrollo que debe generar bienestar en los territorios, en la distribución de servicios públicos accesibles y de calidad, pero sobre todo garantizando los derechos humanos.

Como diría un amigo, del dicho al hecho hay mucho trecho, es cierto. El concepto de democracia se ha construido a partir de diferentes convulsiones sociales, golpes de estado militarizados y oligarquías monopólicas que ocuparon el gobierno. En el presente el concepto teórico tiene una línea histórica consecuente y coherente con los diferentes hechos sociales que se tuvo en Latinoamérica, pero la praxis de los principios democráticos ha cambiado de acuerdo a los fenómenos sociopolíticos en la región, siendo maleable en los diferentes países.

La democracia esta cambiando, como al inicio de los párrafos con la tipología participativa del concepto, el último escalón para poder establecer una cohesión social entre el Estado, mercado y la sociedad civil organizada es una democracia participativa. Pero cae de maduro explicar la democracia representativa que nos involucra a Latinoamérica y conjuntamente a las crisis de legitimidad en la región.

Comenzaremos diciendo que la democracia necesita vincular los derechos humanos a los diferentes procesos políticos. Para poder establecer la solidez de la evaluación, integridad y legitimidad de los regímenes democráticos, amparados en la justicia social. Poniendo el ejemplo de los Estados Unidos, con la declaratoria de independencia: "todos los hombres son creados iguales, que han sido dotados de ciertos derechos inalienables, que entre ellos se hallan la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad”. Aquí se establece una vinculación reciproca entre los derechos humanos y la democracia, pero también hay que darnos cuenta en la estructura desencadenante que tiene cada país para que las reglas de juego obedezcan a intereses colectivos del pueblo y no a interés subalternos o particulares de elites de poder. Utilizando el mismo ejemplo, particularmente “la búsqueda de la felicidad” conlleva una carga ideológica del Estado que esta naciendo, porque el Estado no garantiza la plenitud del individuo como visión y fin social, sino establece las rutas progresistas para que el individuo encuentre lo que necesite y no obtenga las oportunidades que merece.

En el Perú se tiene una democracia representativa, hasta se podría decir que los procesos electorales son por delegados de partidos políticos que cada cinco años se presentan a los comicios electorales, después de una ausencia funeraria de la opinión pública. Esta es una gran falencia que tenemos dentro del sistema de electoral, representativo y democrático del país, porque no garantizamos la legitimidad de las nuevas autoridades que ocuparan un cargo público en los diferentes niveles de gobierno, donde no hubo debate, no se construyeron alianzas, ni mucho menos se tuvo una agenda multipartidaria.

Entonces no se debería de apuntar a dar la legitimidad al proceso electoral en curso o futuros, sino a los espacios de participación vinculantes a la política ciudadana y partidaria, allí esta el problema de legitimidad, porque la empatía representativa de la ciudadanía con el candidato nace de una agenda pública, consensos con cabildos abiertos sobre demandas sociales claras y con propuestas articuladas en varios sectores de la sociedad, con un trabajo programático por etapas, consiguiendo victorias a partir de diferentes campos de incidencia.

Partimos que se tiene el derecho de elegir y ser elegido en sufragio universal y con igualdad de oportunidades para el desempeño de funciones públicas. Así ha sido el proceso de elecciones generales 2021 a presidente, vicepresidentes, congresistas y parlamentarios andinos en el Perú, con principios democráticos en las normas de manera clara y transparente, todo ello resguardado por las instituciones del proceso electoral. Garantizando el principio de legalidad y el Estado de derecho.

Justamente el proceso electoral revelo que la democracia representativa peruana pende de un hilo, porque desde los grupos de poder minoritarios pero que controlan diferentes actividades económicas y de comunicación social en el Perú, no tienen la necesidad de tener una agenda inclusiva para las regiones sino son bajo sus términos, no están dispuestos a reconocer la diversidad de sujetos, pueblos, orígenes y contextos que reflejen la variedad y riqueza de etnias, lenguas, perspectivas y culturas que constituyen el Perú en provincias.

 


La batalla perdida de la descentralización.

 

La batalla perdida de la descentralización.

Lucas Z. Granda

Terminando de escuchar “Discuerdos” un programa del “Circulo de Estudios Voces” que trataba sobre la reproducción de las clases privilegiadas en el Perú según los colegios donde se estudió, sin importar la ideología, derechas y/o izquierdas, se forman para gobernar el mundo. Confluyendo con la declaración de la sociedad civil organizada de la Provincia de Caylloma de manifestar “PERSONA NO GRATA” al gobernador Rohel Sánchez por delegar el proyecto de irrigación Majes Siguas II al gobierno central. Se verifica que ambos hechos sociales relatados se integran para quienes es útil la centralización, y quienes renuncian a procesos reformistas históricos, como el proceso de descentralización. Explicando a continuación que el proceso de descentralización, no solo es delegar grandes proyectos de inversión pública al gobierno central, sino es perder autonomía regional, tanto en competencias y funcionabilidad de la burocracia.

El proceso de descentralización como una demanda del interior del país desde 1990, con miras de largo plazo, permanente, por etapas y vinculante. Por lo que se entiende una política de Estado que fortalece la unidad de la nación al democratizar el poder y potenciar los territorios, ámbitos regionales y locales, dinamizando los seis espacios territoriales que se configuran en el país: macro norte, amazónico, macro sur, macro centro, centro andino y el de Lima y el Callao (Secreataría de Descentralización de la Presidencia del Consejo de Ministros (PCM), 2016).

En el Perú este proceso inicia formalmente en el 2002 en el gobierno del presidente Alejandro Toledo, en el cual se estableció como una política de largo plazo y gradual. Así empezó en muchos países de Latinoamérica y del mundo. 

Empezando la discusión en que la participación de una red descentralizada es de mucha utilidad para mejorar procesos en la gestión pública, siempre y cuando no se convierta en un proceso difuso de agentes heterogéneos, con sus respectivas tácticas e instrumentos no exentos de contradicción entre sí (ministerios, agentes del gobierno regional, partidos políticos, empresas inmobiliarias, prensa local, grupos corporativos vinculados con el desarrollo inmobiliario, expertos locales, etc.) (Ganter & Matus Madrid, 2020).

El proceso de descentralización tiene que abarcar, lo que denomina Castells, la identidad, como funcionalidad de entender el entorno. Tiene su origen en la cultura y es reproducida, modificada y resignificada a través de ella (Silva e Sousa, 2011). Es un juego de ida y vuelta, dialectico capaz de dar sentido al mundo, de interpretarlo, y, a partir de tales interpretaciones, relacionarse con él.

El desplazamiento desde zonas rurales a la ciudad obliga a redefinirse socialmente en un nuevo contexto de interacción, tanto en los referentes culturales usados en la vida cotidiana como en los marcadores identitarios que son activados u ocultados en función del contexto de interacción impersonal de las relaciones, la sensación de inseguridad, el tráfico, las dificultades de acceso a la vivienda (Valcuende del Río, Vásquez Andrade, & Hurtado Landy, 2016). Se convierte como el primer alcance primogénito que tiene en sus manos el proceso de descentralización, el uso y distribución de la tierra. 

Entendiendo que hay una transformación de lo tradicional sobre todo en el migrante del campo a la ciudad, que progresivamente se va transformando en un traje de gala, por lo que se usa en los momentos de reafirmación identitaria (Valcuende del Río, Vásquez Andrade, & Hurtado Landy, 2016). Pasando por procesos de alienación y aculturación citadina, entonces la misma población sufre cambios en estos flujos poblacionales que pasan en el territorio.

La centralidad también se refiere a las funciones simbólicas, de gobierno, intercambio social, comercial y cultural que se desarrollan en el espacio (Delgadillo, 2012). En cierto sentido, la centralidad tiene que ver con el derecho a participar, dentro de un espacio polivalente, de la relevancia urbana (Pino Andrade, Mauricio Andrés, Aguirre Déleg, & Salazar Vintimilla, 2019). Justo es allí donde ya se van tocando ideas del derecho a la ciudad, donde se reclama la libertad de transformación del espacio urbano no solo como una acción sobre el espacio construido sino como una manifestación de la vida urbana y de la capacidad de organización social de sus habitantes (Hiernaux, 2013). De esta forma, existe una relación socio-espacial inmanente en donde es el sujeto (individual y colectivo) quien tiene la posibilidad de apropiarse del espacio y transformarlo material y subjetivamente. La producción del espacio urbano, entre materialidad y subjetividad (Pino Andrade, Mauricio Andrés, Aguirre Déleg, & Salazar Vintimilla, 2019).

Con el ánimo de ver procesos institucionalizados, citamos el país de Colombia, donde se fortalecen la fluidez de vías de conectividad y comunicación que permite la interacción entre sus gobiernos locales. Los municipios gozan de cierta autonomía, y es ahí de donde surgen los planes orientados a proteger sus bienes culturales (Nuñez Coronel, 2018). El gobierno respalda estas políticas y decisiones, permitiendo así que se realicen más planes de trabajo locales que, al mismo tiempo, estén dentro del Plan Nacional de Desarrollo. Esta descentralización del poder dinamiza el proceso de mejora de los centros históricos. En gran medida, el éxito de las gestiones realizadas en los centros históricos colombianos responde a la vinculación del ordenamiento territorial y el patrimonio cultural por encima de sus conflictos internos, siendo procesos vinculantes, no solo declarativos como es en el Perú.

También hay voces disonantes con el proceso de descentralización, citando a la historia, como el investigador Canedo (2019, p. 178) donde define que la municipalización de poblaciones sucedía en las provincias rioplatenses –alrededor de la década de 1850– implicó la asunción o delegación de funciones y prerrogativas al ámbito local al mismo tiempo que generó nuevas o reformuladas jurisdicciones en diversas esferas (territorial, poblacional, fiscal, educativa y sanitaria (Kozul, 2022). Donde la idea de municipalización del territorio quitaba poder en la administración de recursos en los niveles subnacionales primarios. Hasta hubo movimientos políticos de izquierda que no vieron estas reformas como alternativa de redistribuir el poder, porque en el siglo XX se tenía una izquierda estatista y no valoró la dispersión del poder; más bien, receló de la descentralización como un instrumento oligárquico al servicio de latifundistas que, mediante el clientelismo, controlaron los municipios. No obstante, los parlamentarios de centro (radicales y demócratas cristianos), al igual que muchos izquierdistas, calcaron las prácticas liberales-conservadoras de “gestionar proyectos” para “sus comunidades”, sin una visión de descentralización y creación de fondos autónomos (Valenzuela, Penaglia, & Basaure, 2016).

Volviendo a las grandes discusiones del proceso de descentralización, qué se tenía que descentralizar, bajo qué condiciones y reglas políticas. Como consecuencia de lo anterior, en las regiones crece un malestar social que se traduce en protestas y estallidos sociales, fenómenos que se han gestado en territorios postergados por el poder central (crisis de expectativas entre lo nacional y lo regional).

La descentralización no solo es un proceso para mejorar la administración pública de manera desconcentrada en los departamentos, sino es un forma de redistribuir el poder y empoderar a las autoridades de los gobiernos subnacionales, pero eso no sé mira, ni se quiere mirar, porque el brillo del dinero y la mercantilización de los recursos naturales opaca el verdadero debate en la agenda pública.

 


La construcción de espacios públicos garantiza seguridad ciudadana.

 

La construcción de espacios públicos garantiza seguridad ciudadana.

Lucas Z. Granda

El espacio público tiene entre sus características el sentido de pertenencia, identidad y de confianza tanto personal como colectiva. La ciudadanía refleja que el espacio público le da alegría, cariño, orgullo, paz y tranquilidad. Pero hay un imaginario que el espacio público es peligroso, que a nadie le interesa y que ya no se usa.

Por un lado el espacio público es el espacio sometido a una regulación específica por parte de la administra pública, propietario o que posee la facultad de dominio del suelo, que garantiza su accesibilidad a todos y fija las condiciones de su utilización y de instalación de actividades. Teniendo como fin satisfacer las necesidades urbanas colectivas que transcienden los límites de los intereses individuales, en base a dominio público, uso social colectivo y diversidad de actividades. Convirtiéndose en un excelente termómetro para determinar los grados de integración social, los alcances de sentido de pertenencia, las capacidades de apropiación de los público y los niveles de democracia obtenidos en un barrio, una zona o una ciudad (RAMÍREZ KURI, 2015).

Los espacios públicos constituyen territorios sociales y culturales; por tanto, gestionar el espacio público se vuelve una prioridad en el esfuerzo por controlar la inseguridad. También hay una postura de ver el espacio público como enemigo y resguardarse en un espacio doméstico, dando como consecuencias el hacinamiento y convivencia forzada. Encontrando una contradicción entre el espacio público y privado, donde el primero es inseguro y hostil, y el segundo seguro y acogedor. Dependerá del rol fundamental que jugará el estado, para democratizar los espacios públicos, donde la ciudadanía se apropie de estos. “Ya que el espacio público es un elemento articulador de la ciudad y como estructurador para la movilidad urbano sostenible” (SEGOVIA & JORDÁN, 2005) .

Conceptualizando el espacio público es un territorio visible, accesible y con marcado carácter de centralidad, es decir, reconocido y reconocible, que en primer lugar se asignan un uso irrestricto y cotidiano al ciudadano. Es un espacio de construcción social donde los sujetos manifiestan sus prácticas, significados, lenguajes, etc.

Llegando a la terminología teórica que: “El espacio es un hecho social en el sentido que es un hecho histórico, en la medida en que lo reconocemos como un elemento de un conjunto y realiza así una doble función que le asegura, efectivamente, la condición de hecho histórico: de un lado, se define el conjunto; es a la vez productor y producto determinado; un revelador que permite ser descifrado por los mismos que revela; y al mismo tiempo, cuando adquiere un significado auténtico, atribuye un sentido a otras cosas. El espacio es un hecho social, un factor social y una instancia social” (Santos, 1990; 146).

Entonces la pérdida del espacio público significa la privatización de la vida cotidiana y social, que se tiene que construir y preservar el tejido social en la ciudad. Donde también se reflejan inequidades como la distribución entre hombres y mujeres. En la mayoría de los casos, los varones hacen uso más intenso del espacio público. Las mujeres perciben los espacios como menos seguros que los varones, tanto en el tiempo y en los usos. Es así donde se innovan programas de Parques Urbanos: profundizar el avance de las metodologías participativas, que incorporen a la comunidad en el diseño y en la gestión de los parques y fortalecer la vinculación con los proyectos, garantizando que la sociedad civil organizada se inmiscuya en la defensa de lo público (MUNICIPALIDAD PROVINCIAL DE AREQUIPA, 2019).

El ideal del espacio público en su diseño, uso y gestión participativa tienen una mayor diversidad: los espacios de mayor calidad acogen usuarios de diferentes sexos y edades, personas solas, en pareja o en grupos; que intercalan y desarrollan actividades diversas, dinámicas y pasivas: juegos y deportes, conversación, paseo y descanso. Promover un uso más intensivo, más diverso y más heterogéneo de los espacios públicos supone fortalecer el desarrollo de actividades de animación (artística, cultural y social).



El derecho a la ciudad combate la inseguridad.

 

El derecho a la ciudad combate la inseguridad.

Lucas Z. Granda.

Se debe estructurar estrategias de intervención en los espacios públicos en la provincia de Arequipa, para la recuperación de la seguridad pública y garantizar la protección de la ciudadanía fuera de su casa, considerando a la ciudad como el espacio donde los ciudadanos y ciudadanas pueden ejercer libremente sus derechos, para cual se debe coordinar interinstitucionalmente previniendo la inseguridad ciudadana en determinados sectores de la ciudad, para combatir el delito, y donde el desorden reine, le corresponda recuperarlo.

Citando a Borges, el menciona: “ La ciudad actual, es tridimensional: su faceta compacta recuerda la ciudad histórica, lo local, la ciudad del imaginario y del autogobierno; su faceta metropolitana recuerda en la periferia la herencia de la sociedad industrial, donde la ciudad pierde a veces su nombre y cuya deuda histórica se paga hoy con infraestructura, transporte y espacio público; la última, su faceta regional, indica el propósito de una ciudad de ciudades, articulada  por los medios de transporte y comunicación. En este contexto, las ciudades, y más específicamente las políticas urbanas, tienen actualmente otros restos: el de contrarrestar la exclusión social, impedir la hiperespecializaciòn territorial y evitar las desigualdades entre los lugares y las personas que la habitan”.

La ciudad tiene que reivindicarse políticamente y culturalmente, de modo que pueda responder eficientemente a las necesidades de expansión implique. Esta debe ser entendida como una institución en donde no sólo tiene lugar el goce efectivo de los derechos, revelando una responsabilidad compartida entre gobernantes y gobernados.

Para ello es necesario, además, contar con políticas públicas coherentes que trasciendan las esferas de lo público en todos los niveles, que impliquen cambios estructurales en la forma de gestionar el desarrollo urbano y local. Teniendo en cuenta el papel que deben jugar las ciudades en la garantía a todos sus habitantes, el goce colectivo de la riqueza, la cultura, los bienes y el conocimiento. Este es el reto principal, para que la ciudad deje de ser una noción política, se debe de adquirir una forma jurídica que integre en su interior obligaciones justiciables y exigibles.

Después el derecho a la ciudad es parte de la consolidación de la modernidad con la expansión de las nociones de progreso y de ciudadanía universal (Devalle, 2004). Esa formulación implica el reconocimiento de la existencia de un derecho al asentamiento. Esto es, insertarse dentro del conjunto de soportes materiales que permiten la vida social aglomerada en referencia a la reproducción de la población en las condiciones adecuadas de tiempo y lugar.

Entonces en la ciudad converge en distintos tipos de derecho: derecho a disponer y disfrutar de estos espacios; el derecho al tránsito y movilidad de los transeúntes, residentes, turistas, entre otros; el derecho al trabajo de la población de escasos recursos que utilizan dichos espacios para el comercio informal. Enfatizando la recuperación de espacios públicos antiguos, dándole su mantenimiento y aprovechamiento económico, social y cultural. Construyendo el ideal de la vida social colectiva e identidad, mejorando la calidad de vida, alejando la desconfianza y la inseguridad de la convivencia cotidiana.

Por eso el derecho a la ciudad, como un derecho humano emergente: ¿puede ser reconocido como un derecho fundamental dentro del sistema jurídico, con el objetivo de promover el fortalecimiento del Estado de derecho constitucional, democrático y de justicia social, inserta en un sistema político liberal e igualitario? Ante este cuestionamiento, entrar en estado de emergencia que piden los alcaldes de Arequipa es irracional, pragmático y no ataca el problema de fondo.

Seguiremos investigando y retratando la problemática de inseguridad ciudadana, con un enfoque territorial, con un enfoque de derecho a la ciudad de toda la ciudadanía.