¿Joven ubicas tu estrategia en un contexto
incierto y sin sentido crítico?
Lucas Z. Granda.
Concluyendo una entrevista de
análisis político en el Perú con la abogada Alenka Núñez de Huánuco, nos quedó muchas
reflexiones que deberían fertilizar las convicciones ideológicas de los futuros
liderazgos que se visibilizaran en las próximas elecciones del 2026. Primero, tener
en consideración la coherencia entre lo que se dice y las acciones que
acompañan nuestro quehacer ciudadano y convicciones políticas, porque debemos
de hacer una autocritica a la inacción de la sociedad civil organizada
provocada por una perdida de credibilidad de nuestros propios dirigentes y
representantes que han quedado devaluados por manejar dobles discursos,
encubrir acciones delictivas y apropiarse de la voluntad popular sin previa
consulta. Segundo, la construcción comunicativa para hacer conocer propuestas
serias, planificadas y que resuelven problemas se acoplan a una estructura de
intereses partidarios y económicos que se juegan en la esfera pública, lo cual
debemos romper con la ingenuidad, sobre todo de aquellas personas que tienen
mucho entusiasmo, porque no hay un mesías, un líder autoritario que nos salve,
no romanticemos los espacios, hay una estructura política que favorece a
algunos grupos económicos y perjudica a otros. Tercero y último, la esperanza
de cambio debe permanecer en las mentes jóvenes sin respetar grupos etarios, la
esperanza debe construirse desde la ciudadanía, con acciones coherentes con el
medio ambiente y con un enfoque de género transversal, lo cual no ejemplifica
una timidez o sobriedad con los problemas profundos que tenemos como república,
pero nos enseña a sobrellevar el pesimismo como una carga que cada vez pese
menos.
Empezamos con estas tres reflexiones
para saber cómo ubicar nuestra estrategia como ciudadanía en un contexto
incierto y sin sentido crítico. Un maestro que aprecio mucho me presto el libro
“Estrategia” de Lawrence Freedman, un historiador inglés que escribe sobre las
diferentes guerras en el mundo. Venciendo las 800 páginas que atemorizan en una
primera impresión, el autor hace un recuento histórico sobre las diferentes
estrategias que aplicaron jefes de gobiernos, militares, personalidades de la
sociedad civil, todos con el objetivo de obtener victorias, fortalecer el
imaginario de su gente, potencializar los escasos recursos disponibles en un espacio
y tiempo-histórico, pero sobre todo, imperando la razón en una análisis lógico
colectivo en pro de salvaguardar cánones socioculturales indispensable para la
reproducción de la vida en comunidad, teniendo como finalidad ultima el obtener
poder.
El autor especifica que hay que
tener estrategias colaterales entre el núcleo interno de articulación y el
externo de difusión, lo cual conlleva plantear un proceso de planificación
racional con el entorno, acompañado de individuos cohesionados que generen un
compromiso con la trascendencia de lo que se quiere hacer, quedar impreso en la
historia de las futuras generaciones. Allí es cuando se empieza a estructurar
la estrategia institucional del equipo de trabajo, que es muy difícil de
alcanzar, y aún mas de dar sostenimiento, sino hay que preguntarle a Pedro
Castillo y Keiko Fujimori como no subieron manejar las oportunidades políticas
para transcender en la historia republicana del Perú, sino se contentaron con
ahogamientos del poder, el dinero y los clasismos.
Actualmente ubicarse políticamente
en el Perú, siendo joven, con ideología que es estigmatizada por la
gerontocracia, sin compartir egos de personajes que nunca tuvieron una victoria
propia, ni mucho menos se atrevieron a plantear y escoger sus batallas para
discutir el poder, sino que se acoplan a la incoherencia desdichada de su
talento, provoca que la brújula que mira al norte sea ambivalente en la
participación ciudadana, liderazgos políticos, académicos que combaten el poder
desde las universidades, convirtiéndose el escenario en velas que se apagan lo
suficiente para plantear la estrategia y esperar la gesta del momento correcto.

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