Ser estudiante agustino implica
hacer universidad, con cajón y guitarra, no solo en las aulas, sino también en
los espacios públicos dentro y fuera de los claustros universitarios. Se tiene
que romper la educación básica regular que se hereda gratuitamente, hasta
autoritariamente en la secundaria, queriéndola replicar en la universidad,
llegando temprano para que no te cierren la puerta cuando hay catedra libre que
debes hacer respetar, levantando la mano cuando llaman asistencia, venerar al
docente por encima del conocimiento mismo, pero sobre todo negarse la
oportunidad de sacarse la venda de los ojos, viviendo y sintiendo la realidad
de la sociedad misma, eso represento Scooby para agustinos y agustinas, seamos
de provincia, vivamos en la capital o seamos del extranjero.
Mi
primer vinculo contigo fue hace ocho años cuando concurría al comedor
universitario, donde a la semana podíamos vivir con trece soles, un perro
robusto con mirada fija al frente y tratabas a estudiantes como tus iguales, no
entendía aún la dinámica universitaria, pero Scooby conocía las tres áreas de
la universidad (biomédicas, sociales e ingenieras) como sus patas, incluyendo
el rectorado por supuesto. Recuerdo que concurría como casero, no solo a las
cocineras del comedor, sino también a los quioscos, tal vez a ello obedece el
problema de colesterol que siempre sufrió, porque nunca le falto alimento al
agustino más querido.
Sus
críticos y opositores preguntaban ¿Quién es ese perro feo que no tiene ni
color? Mencionan los que no conocen, los que pasaban por la universidad por
instrucciones para vivir y no por conocimientos por descubrir, los que pensaban
en la zapatillas de 200 soles y en las fiestas de fines de semanas con
marihuana negando su situación socioeconómica, apellido Mamani o Quispe y la
carga familiar en casa, enajenados por el consumismo y la moda, renegados por
no estudiar lo que querían sino a lo que pudieron alcanzar, matriculándose
paralelamente a una universidad privada que podía complacerlos en sus caprichos
ególatras, sintiéndose superiores a las personas que teníamos utopías de
mejorar los servicios colectivos de nuestra universidad pública y gratuita,
seguíamos peleando para que sea de calidad. Aquellos estudiantes en promedio
leían 30 copias por semestre, por eso mencionamos al inicio que se tenía que
hacer universidad, muchos estudiantes ingresan y nunca lo hacen, pero luego se
arrepienten. Podríamos decir que es el legado de Scooby, aquellos que no fueron
al comedor, los que no participaron en las manifestaciones, los que no tuvieron
tertulias interminables debatiendo la realidad nacional y sobre todo no para
cumplir una tarea, no compartieron noches culturales en los estacionamientos o
losas deportivas, se arrepiente con la perdida de Scooby. Porque cuando ladro para
que despertadas seguías pensando en la billetera de marca.
En
las primeras elecciones electorales que te enfrentas, en tu vida como
ciudadano, son las universitarias, pero vas a ciegas, porque la política en
pregrado era nula, la federación universitaria había sido disuelta, los
referentes eran asociados como vagos o dinosaurios enquistados en la cúpula del
poder universitario, teniendo como cereza del pastel la política nacional llena
de casos de corrupción, desigualdades y centralismo, siendo una región del sur
lo debemos de mencionar, entonces no había opción o afinidad por algún
candidato. Pero cuando nos fijamos en las bambalinas, mosquitos (afiches de
bolsillo) y campaña publicitaria en redes sociales, mencionaban a un candidato
que nunca se presentaba, pero las encuestas lo daban como ganador indiscutible,
postulando a consejero universitario o hasta al mismo puesto de rector, era
nuestra causa Scooby.
Algunos
grupetes de izquierda como Juventud Socialista se colgaban de su fama para
promover el voto nulo y viciado, tan ciego no estábamos para no darnos cuenta y
poder distinguir las propuestas de los alarmistas y sensacionalistas sin
argumento. El perro que nos acompañaba al comedor, dormía con nosotros en el
parque de los asmáticos (solo un agustino sabrá el significado), estaba con
nosotros en las pichangas, aniversarios de escuelas o facultades, eventos
académicos internacionales (no fue ponente, pero tenía mucho que enseñar),
cuando FBC Melgar fue campeón por segunda vez (faltaba que levantes la copa,
nada mas), pero sobre todo en las huelgas y marchas en la defensa de los
intereses de las y los estudiantes, siempre estuvo en primera línea, igual que
un intensivista en la lucha contra la COVID-19, allí estaba Scooby. Moviendo su
cola al compás de los tambores, vigilante siempre en las noches desde el
edificio de Héroes Anónimos en la Av. Independencia con la Av. Paucarpata.
Siempre fiel, siempre presente, hasta la muerte.
Ese
era Scooby, no solo el candidato del pueblo agustino, sino el protector de sus
intereses, referente de la política universitaria. Tenemos que recordar a
Scooby como un símbolo de rebeldía ante la inercia y la injusticia, pero sobre
todo a luchar por tus convicciones.
Scooby
y la UNSA son uno ahora, siempre recordare cuando visite tus cenizas, la utopía
que mostrabas al romper las cadenas del statu quo, el poder seguir tus sueños
que alguna vez tuviste, y que siempre habrá un tambor que suene para que te
levantes y sigas luchando, porque las y los agustinos seguiremos tocando los
tambores para puedas acompañarnos al frente ladrando.
Hasta siempre amigo.