domingo, 21 de febrero de 2021

Hasta Pronto Scooby

                Ser estudiante agustino implica hacer universidad, con cajón y guitarra, no solo en las aulas, sino también en los espacios públicos dentro y fuera de los claustros universitarios. Se tiene que romper la educación básica regular que se hereda gratuitamente, hasta autoritariamente en la secundaria, queriéndola replicar en la universidad, llegando temprano para que no te cierren la puerta cuando hay catedra libre que debes hacer respetar, levantando la mano cuando llaman asistencia, venerar al docente por encima del conocimiento mismo, pero sobre todo negarse la oportunidad de sacarse la venda de los ojos, viviendo y sintiendo la realidad de la sociedad misma, eso represento Scooby para agustinos y agustinas, seamos de provincia, vivamos en la capital o seamos del extranjero.

               Mi primer vinculo contigo fue hace ocho años cuando concurría al comedor universitario, donde a la semana podíamos vivir con trece soles, un perro robusto con mirada fija al frente y tratabas a estudiantes como tus iguales, no entendía aún la dinámica universitaria, pero Scooby conocía las tres áreas de la universidad (biomédicas, sociales e ingenieras) como sus patas, incluyendo el rectorado por supuesto. Recuerdo que concurría como casero, no solo a las cocineras del comedor, sino también a los quioscos, tal vez a ello obedece el problema de colesterol que siempre sufrió, porque nunca le falto alimento al agustino más querido.

               Sus críticos y opositores preguntaban ¿Quién es ese perro feo que no tiene ni color? Mencionan los que no conocen, los que pasaban por la universidad por instrucciones para vivir y no por conocimientos por descubrir, los que pensaban en la zapatillas de 200 soles y en las fiestas de fines de semanas con marihuana negando su situación socioeconómica, apellido Mamani o Quispe y la carga familiar en casa, enajenados por el consumismo y la moda, renegados por no estudiar lo que querían sino a lo que pudieron alcanzar, matriculándose paralelamente a una universidad privada que podía complacerlos en sus caprichos ególatras, sintiéndose superiores a las personas que teníamos utopías de mejorar los servicios colectivos de nuestra universidad pública y gratuita, seguíamos peleando para que sea de calidad. Aquellos estudiantes en promedio leían 30 copias por semestre, por eso mencionamos al inicio que se tenía que hacer universidad, muchos estudiantes ingresan y nunca lo hacen, pero luego se arrepienten. Podríamos decir que es el legado de Scooby, aquellos que no fueron al comedor, los que no participaron en las manifestaciones, los que no tuvieron tertulias interminables debatiendo la realidad nacional y sobre todo no para cumplir una tarea, no compartieron noches culturales en los estacionamientos o losas deportivas, se arrepiente con la perdida de Scooby. Porque cuando ladro para que despertadas seguías pensando en la billetera de marca.

               En las primeras elecciones electorales que te enfrentas, en tu vida como ciudadano, son las universitarias, pero vas a ciegas, porque la política en pregrado era nula, la federación universitaria había sido disuelta, los referentes eran asociados como vagos o dinosaurios enquistados en la cúpula del poder universitario, teniendo como cereza del pastel la política nacional llena de casos de corrupción, desigualdades y centralismo, siendo una región del sur lo debemos de mencionar, entonces no había opción o afinidad por algún candidato. Pero cuando nos fijamos en las bambalinas, mosquitos (afiches de bolsillo) y campaña publicitaria en redes sociales, mencionaban a un candidato que nunca se presentaba, pero las encuestas lo daban como ganador indiscutible, postulando a consejero universitario o hasta al mismo puesto de rector, era nuestra causa Scooby.

               Algunos grupetes de izquierda como Juventud Socialista se colgaban de su fama para promover el voto nulo y viciado, tan ciego no estábamos para no darnos cuenta y poder distinguir las propuestas de los alarmistas y sensacionalistas sin argumento. El perro que nos acompañaba al comedor, dormía con nosotros en el parque de los asmáticos (solo un agustino sabrá el significado), estaba con nosotros en las pichangas, aniversarios de escuelas o facultades, eventos académicos internacionales (no fue ponente, pero tenía mucho que enseñar), cuando FBC Melgar fue campeón por segunda vez (faltaba que levantes la copa, nada mas), pero sobre todo en las huelgas y marchas en la defensa de los intereses de las y los estudiantes, siempre estuvo en primera línea, igual que un intensivista en la lucha contra la COVID-19, allí estaba Scooby. Moviendo su cola al compás de los tambores, vigilante siempre en las noches desde el edificio de Héroes Anónimos en la Av. Independencia con la Av. Paucarpata. Siempre fiel, siempre presente, hasta la muerte. 

               Ese era Scooby, no solo el candidato del pueblo agustino, sino el protector de sus intereses, referente de la política universitaria. Tenemos que recordar a Scooby como un símbolo de rebeldía ante la inercia y la injusticia, pero sobre todo a luchar por tus convicciones.

               Scooby y la UNSA son uno ahora, siempre recordare cuando visite tus cenizas, la utopía que mostrabas al romper las cadenas del statu quo, el poder seguir tus sueños que alguna vez tuviste, y que siempre habrá un tambor que suene para que te levantes y sigas luchando, porque las y los agustinos seguiremos tocando los tambores para puedas acompañarnos al frente ladrando.

Hasta siempre amigo.




No hay comentarios:

Publicar un comentario