Fue un mensaje que llego al imbox del Facebook una noche, estando en plena acción laboral en el distrito de Andagua, tierra de volcanes y tranquilidad, siendo la vida profesional tan efímera en algunos lugares o perenne en otros, llegan los retos y las decisiones no se hicieron esperar. Considerar el cambio de contexto rural, tranquilo, democrático y con una cohesión social, claro, dentro de las limitaciones que la accesibilidad a los servicios en la sierra y el territorio nacional significa, trasladarse al área urbana-costera, conflictos sociales con once años transcurridos, dirigentes oportunistas que no les interesa las causas comunes sino quien pague mejor por su silencio, una cultura de dadivas constituidas a partir del posicionamiento de las empresas privadas en los distritos de la provincia, cobrando valor el morbo más que la propuesta y las medidas equivocas que se toman para corregir los fenómenos sociales.
Escoger
el clima laboral dentro de un centro de trabajo es complicado, partiendo de que
no lo escoges y si el contrato es para solucionar problemas que tengan que ver
con el tema en discusión, aún peor, las cabezas no tienen la mínima voluntad de
poder hacer caso a las recomendaciones técnicas o las habilidades blandas para
poder solucionar temas personales, trascendiendo a lo institucional,
ocasionando que la confianza se vaya perdiendo a medida que avanza la gestión
del gobierno local de turno.
Lo
público tiene muchos encantos, entendiendo lo público, como las diferentes
instituciones que están adscritas al Estado, la “hermosa” burocracia que
debería generar eficiencia y eficacia en los procesos gubernamentales, pero
genera lentitud y desconfianza. El encanto del sector está en el fin de los
múltiples procesos, lo que en términos técnicos se conoce como valor público y
lograr el cierre de brechas, en sencillo es mejorar la calidad de vida de la
ciudadanía en los diferentes servicios públicos que les sea de utilidad a la
sociedad, teniendo las oportunidades de acceder a una buena educación, teniendo
una salud plena y generar bienestar social.
El
hecho de pasar tal vez no un día, pero si una temporada en el sector público te
puede orientar a tomar dos caminos, a querer el espacio o aborrecerlo, el
trabajo mecanicista y administrativo no cuenta en esta reflexión. Cobrando
mayor preponderancia de los liderazgos, las llamadas cabezas que estén al
frente, porque las reformas, cambios o revoluciones se darán por la famosa
voluntad política, indispensable para definir con qué lado de lo público te
quedas.
En aquel día que pases por lo
público, no se debe reaccionar emotivamente a un conflicto personal, tienes que
saber que las disputas entre poderes obedecen a una mala relación con los
trabajadores subalternos, saber la jerarquía entre las diferentes gerencias,
llamar la atención-sanción acabando con un consenso y reconciliación es mucho
mejor que poner memorándum, aplicar descuentos o despedir personal, dependerá
mucho de la falta administrativa en el centro laboral, pero tendrás que tener
“muñeca” (aplicar instrumentos de diálogo político colaborativo), la habilidad
de crear un espacio de consenso propicio para que la gestión se fortalezca con
cada conflicto que pase, donde la política tendrá que ser utilizada para el
bien común.

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