Fenómeno Contra Cíclico de la Ciudad al Campo
¿Qué
te podría obligar a salir de tu vivienda en plena epidemia y caminar por la
carretera? ¿Qué llevas contigo? ¿Quiénes te acompañan en el recorrido? ¿Por qué
te expones a que te contagies del COVID-19? ¿De dónde vienes y a dónde vas?, en
los diferentes medios de comunicación estamos siendo parte de cientos de
compatriotas que se están exponiendo, caminando largas horas bajo el sol, donde
falta el agua y la comida, sin muchos puntos de abastecimiento y con escasos
recursos para movilizarse. Somos parte de un fenómeno social contra cíclico, la
emigración de la ciudad al campo, o de las ciudades intermedias costeras a los
lugares más descentralizados del Perú, y es necesario analizar esta cadena
social de hechos para poder analizar la vulnerabilidad de grupos poblacionales
invisibles por el Estado, quisiéramos decir durante mucho tiempo, pero esta
situación fue normalizada y aceptada por todos los actores involucrados. Vamos
a ir por partes.
Cuando
se originó la revolución industrial en Gran Bretaña en el siglo XVIII, simultáneamente
se expandió en varios países de Europa y luego en las demás regiones del mundo,
sucedieron muchos fenómenos, de diferentes dimensiones y características como
económicas, políticas y culturales, siendo fundamental el cambio en lo social.
Comprometiendo a grandes migraciones del campo a la ciudad, en un mundo donde
la población vivía en el espacio rural, se distribuía por aldeas, caserones y
haciendas menores a 20 mil habitantes, en menos de un siglo hubo una
conglomeración intensificada, con demanda de vivienda, mejor atención en la salud,
el servicio educativo y un empleo, y actualmente el 60% de la población vive en
las grandes ciudades.
En
el Perú, también hubo motivos para desplazarse del campo a la ciudad, en 1980
por ejemplo, cuando empezó el terrorismo por Sendero Luminoso (SL) y el
Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA), hombres, mujeres y niños tuvieron
prácticamente que escapar para poder vivir. La hiperinflación en 1987 en el
primer gobierno de Alan García movilizo una migración a países de otras
regiones, y es así que ocurre la migración a la capital del país. Por miedo o
por necesidad te vas y comienzas de nuevo.
En
el Perú del 2020 se encuentran ciudades intermedias como Piura, Chiclayo,
Arequipa y Puno, pero es Lima la que se consolida con las actividades
productivas, mayor demanda laboral y el mayor nodo migrante del país. ¿Es Lima
la que representa la oportunidad de salir de la pobreza?, no lo creo, la
centralidad de las instituciones, grandes emporios comerciales, en suma bienes
y servicios diversos que podrían generar en la persona cierta movilidad social
que lo satisfaga a su simple percepción
en comparación a su ciudad natal o de origen, es una representación cualitativa
individual, lo que podría generar desarrollo y calidad de vida en una persona.
A nivel general, el desarrollo social es el camino para el cambio de la calidad
de vida, garantizando la salud, una excelente educación, un empleo digno y bien
remunerado, vivienda y servicios de agua y saneamiento, como una matriz
básica. Entonces, de los 9 millones y
medio que viven en la ciudad de Lima, con más del 50% que es migrante, de
diferentes olas migratorias, se están yendo a sus regiones, provincias y localidades,
¿Qué paso allí? ¿Quiénes están saliendo de la ciudad, y en su mayoría
arriesgando la vida de poblaciones vulnerables?
El
fenómeno social contra cíclico de la ciudad al campo ocasionado por miles de
personas que salen a caminar a la carretera, van en busca de ayuda para
resguardarse del COVID-19 en sus familias extensas, confiando en la agricultura
familiar, el trueque como mecanismo de comercialización local y la ayuda de la
comunidad, viviendo tal vez de los recursos naturales que colonizaron las y los
abuelos en alguna época, no podrán percibir las riquezas o comodidades que
tenían en Lima, pero en su sentido común tendrán la seguridad de afrontan la
pandemia. Pero, también es cierto que muchos fueron a la capital a trabajar por
temporadas, pudiendo significar un mayor desprendimiento a lo que habían
acumulado, pensando que el 16 de marzo la cuarentena los agarro en un mal
momento, pero si es la otra cara de la moneda, ya vives 1 año o 8 años en la
ciudad, el impacto en la anhelada movilidad social limeña no fue significativa
para las familias migrantes, para aguantar la cuarentena (que es de nunca
acabar), reconociendo las desigualdades que limitaban su movilidad. Dándole un
giro, ¿Qué va ocasionar que puedan salir miles de personas a sus regiones de
origen? ¿Cuál es el riesgo epidemiológico?
Llegar
a aquel lugar que te vio nacer, te llena de emociones encontradas, tristeza,
alegría, resignación, miedo, histeria, compromiso, entre otras. Para la lucha
contra el COVID-19 este fenómeno contra cíclico de la emigración de la ciudad
al campo es peligro y alarmante para el gobierno y la ciudadanía en general.
Porque, si escasamente lo teníamos geo-referenciado las zonas más propensas a
infectarse por el virus, la propagación en masa de una manera descentralizada y
con riesgo a que penetre a las comunidades amazónicas y rurales de nuestro Perú
profundo son altísimas, donde las regiones han demostrado su incapacidad de
gestión, liderazgo, compromiso, infraestructura y organización para combatir
sus propias epidemias regionales, no le podemos pedir que contenga olas
emigratorias infectadas con COVID-19. Con este fenómeno social contra cíclico
no se va reducir o achatar la famosa curva de contagios, sino vamos a tener una
ola de defunciones, tal vez podrá ser tu vecino o el mío, en tu propio barrio,
en tu propia familia.
Con
la cuarentena se está ganando tiempo, y hay que tenerlo muy presente. Me
explico, si salimos mañana y te contagias será igual que salgas en agosto te
aglomeres y te contagies, el orden de los factores no altera el contagio, en el
espacio y tiempo, entonces la pregunta es: ¿tiempo para qué? La respuesta más
pronta es para que no colapse el “sistema de salud” y no mueres en un
estacionamiento o en la calle, así de sencilla es la realidad que pasamos
compatriotas.
Quiero
finalizar este pequeño campo de reflexión, en que no hay culpables en esta
guerra, sin echar la culpa a gobiernos o autoridades, fue algo inesperado, pero
sigamos fiscalizando y denunciando los casos de corrupción. No levantemos el
dedo acusador como lo hace el ciudadano Donald Trum, buscando culpables para
justificar su torpeza, falta de tino y cero liderazgo, acosta de la muerte de
su pueblo.





