Sabemos el Inicio pero no el Final del COVID-19
El dieciséis de marzo inicio la
cuarentena en nuestro país, trasladando a miles de personas que trabajan lejos
de su lugar recurrente de residencia, las y los peruanos que se encontraban en
otro país por motivos de estudio, recreativo o turismo decidieron regresar de
inmediato al escuchar el mensaje del presidente Vizcarra, que cerraría las
fronteras, los motores productivos de todo el territorio no podían creer la
radical medida que tenía el gobierno para emprender la lucha contra el
Covid-19. Los sectores pobres y pobres extremos estaban en la incertidumbre, ya
que la mayoría de hogares en esta condición socioeconómica encuentran su
dispensa en la informalidad, siendo el 73% de la economía en el Perú. El sector
educación nos dio el primer síntoma de prevención contra la pandemia, aplazando
el inicio escolar de la educación básica regular y la educación superior
(universitaria y técnica). Las sentencias por parte del poder judicial, como
las investigaciones por casos de corrupción a organizaciones políticas
constituidas para delinquir, habían quedado postergadas. Las grandes campañas
de pesca que se realizada en las diferentes escalas, artesanales e
industriales, se han detenido, dejando puestos de trabajo a las localidades
costeras y pesqueras. Sin contar al sector turismo que esta inamovible, todo
para poder impedir las aglomeraciones de personas en lugares cerrados o
abiertos, siendo la forma de contagio muy fácil, se han tomado las medidas para
resguardarnos como especie humana.
A
inicios del 2020 se empezó a desarrollar y expandir el coronavirus Covid-19,
desde Wuhan (China) partió y se convirtió en la lucha mancomunada más grande en
el mundo contemporánea. ¿Por qué varios países y ciudadanía en general no
vieron la gravedad de la situación que se acercaba para cada uno de sus países?
A consecuencia de ello tenemos resultados nefastos, como en Italia, ya llevan
más de 5 mil fallecidos a causa de Covid-19, y nos acercamos al millón de
infectados en todo el planeta. Se mantuvo la información bajo secreto, los
fallecimientos y contagios fueron ocultados por varios gobiernos, hasta que la
crisis sobrepaso los diferentes sistemas de salud en el mundo.
Uno
de los principales opositores para tomar la medida al estado de cuarentena
obligatoria fueron los diferentes grupos de poder que manifestaban sus
argumentos de pérdidas económicas millonarias. Entonces la decisión de varios
gobiernos frente a la pandemia definió la configuración geopolítica entre el mercado
(mano invisible) y el Estado-Nación (gobiernos que ejercen el poder en un territorio)
como agente dominante, siendo el ultimo que ha está imperando en el ejercicio
del poder. En la otra orilla se encuentran posturas republicanas que defienden
el sentido de la libertad en toda su expresión, oponiéndose a las medidas de
cuarentena obligatoria, solo para citar algunos ejemplos, tenemos: a Jaime
Bayly (periodista liberal a favor del libre mercado) y Rafael Rey (funcionario
de confianza del difundo Alan García). Que creen férreamente en el show del
Covid-19 en el Perú, siendo una estrategia populista para poder dar réditos
políticos al gobierno, manteniendo su principal postulado: en que cada
individuo es libre de hacer con su salud lo que le plazca, y si decide infectarse,
es bajo su responsabilidad. Son medidas descontextualizadas a la realidad
peruana, jerarquía de poderes, competencias institucionales y sobre todo
salvaguardar el bien común.
El
Covid-19 es un virus que no distingue si eres rico o pobre, negro o blanco,
costeño o serrano, peruano o venezolano. Solo las enfermedades atacan de manera
horizontal y equitativa a todas las personas sin importar su condición social,
política, económica o de status. Si, el ser humano es un ser social por
naturaleza, desde la época de la iluminación y la revolución francesa en 1789,
lo sabemos, la cuarentena está atentando contra el rol social de la
interacción, pero la razón tiene que primar en base a la información y el
conocimiento de nuestra sociedad. Hay varios sectores, por no decir todos, a
nivel nacional que están paralizados, nuestra realidad como Perú no es la que
quisiéramos, sin advertir el estado de nuestro sistema de salud, pero tenemos
que actuar como comunidad, en base a la reciprocidad y a la solidaridad,
valores ajenos al capitalismo y al sistema consumista que impera actualmente,
pero nos estamos jugando la vida.
Esto
llevara a una reconfiguración de todo lo establecido o equilibrado que
conocíamos, siendo la globalización la proveedora de este statu quo. Mario
Bunge definía en cuatro campos el cambio de una sociedad atrasada a una en
desarrollo: cultura, política, economía y biología. Es sin lugar a dudas el
inicio de una década de rompimiento de paradigmas en el conocimiento,
manifestando nuestra fe y sobre todo nuestros esfuerzos en la prevención. Varios
han querido darle el nombre de castigo divino o un golpe de la naturaleza, para
poder entender lo que la razón no puede darnos como sociedad para las mentes
mecánicas y dogmáticas, pero no es así.
Algunos
que podemos manifestar nuestra opinión a través de palabras, se le negó en darle
palestra al Covid-19, para colaborar en no caer en la histeria generalizada en
el mundo entero, provocando que las muertes sucedan no por el virus sino a
consecuencia de la desesperación. Bueno ahora los esfuerzos tienen que ser
unificados, sino, ¿Qué sería la vida sin salud?
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