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miércoles, 15 de febrero de 2023

La prensa en el Perú de hoy

La prensa en el Perú de hoy

Lucas Z. Granda.

En el último párrafo del artículo 14° de la Constitución Política del Perú de 1993 se menciona: “Los medios de comunicación social deben colaborar con el Estado en la educación y en la formación moral y cultural”. Dice la constitución.

En una sociedad que cada día retrocede institucionalmente --lo cual requiere decir que la reglamentación, el orden social y el ejercicio de autoridad se hace a criterio propio de quien tiene las riendas del poder político, aquel hijo e hija de papi que puede pagar para obtener algo, zurrándose en todo el escalamiento meritocrático y burocrático que cuasi administrativamente se ha ido construyendo en doscientos años de República en este territorio que se denomina Perú-- manifestarse se ha vuelto una necesidad como comer, respirar y beber agua.

Cómo no manifestarse cuando nos dicen medias verdades, cuando omiten fotografías sesgando la realidad, cuando sólo sacan reportajes de las cuantiosas pérdidas económicas en diferentes regiones del país sin investigar a las más de 69 familias enlutadas por las balas que el gobierno Balearte gatilló hacia su pueblo, hacia el Perú profundo que tanto manifiesta cuando habla en quechua, aquel que constitucionalmente menciona defenderlo. No se investiga las dos caras de la misma moneda. Cómo no manifestarse.

En las últimas manifestaciones, tanto en sus tipologías, contextos y diferentes actores a nivel regional y nacional, se han compenetrado diferentes profesiones y puntos de vista para poder determinar el cómo, por qué y los procesos de los hechos sociales que suceden a diario, teniendo que recaer en argumentos sólidos y con una base teórica que no tome las generalizaciones y la indignación como buenas acompañantes para explicar un fenómeno social complejo como el papel de los medios de comunicación en el país. 

Entonces las cuestiones empiezan a construirse en torno a cómo se genera una opinión, cayendo del árbol cuestiones como ¿Quiénes generan diferentes percepciones en la ciudadanía para construir opinión pública en relación a los acontecimientos diarios que suceden? Naturalmente proviene de la información que tenga cada individuo, tomando una postura y fortaleciendo sus preferencias al escoger alguna alternativa política, literaria, etc. ¿Quiénes informan a la ciudadanía? Los medios de comunicación a través de sus diferentes modalidades: radio, televisión, redes sociales y prensa escrita (diarios). ¿Qué informan los medios de comunicación? (Deberían) Informan la verdad de las cosas que suceden en la realidad en todo el territorio nacional y regiones, son independientes en sus líneas editoriales al mostrar los hechos, tomando testimonios de diferentes partes de una misma historia, contrastando la información bruta que les llega, utilizando el filtrado con otras fuentes de información, para entregar a la ciudadanía la verdad. De todo ello podemos concluir que una prensa libre e independiente, el ideal, tiene que respetar la libertad de expresión en todas sus formas, sin etiquetar ninguna preferencia política, étnica, religión o cultural por parte de las diferentes naciones que conviven en un mismo territorio, mostrando su profesionalismo por más poder económico y político que se enfrenten, porque para los medios de comunicación después de la verdad todo es ilusión.

Según la encuesta de opinión sobre medios de comunicación que elaboró el Instituto de Estudios Peruanos (IEP) en mayo del 2021 en plena segunda vuelta de campaña electoral, el 84% de la ciudadanía consideró que los medios de comunicación son importantes, el 54% consideraba que los medios de comunicación favorecen a una candidatura, el 79% de la ciudadanía consideró que hay un favorecimiento por parte de los medios de comunicación hacia la candidata Keiko Fujimori. Ese fue el inicio de la desacreditación total de los grandes medios de comunicación de señal abierta, que hasta la fecha no se pueden recuperar. Justamente son estos peruanos y peruanas que manifiestan -porque es una necesidad manifestarse en el Perú- no coincidir con la labor que cumplen los medios de comunicación, eso manifiestan las estadísticas, en relación a la tercera cuestión que en el párrafo anterior se da respuesta, donde se toma conocimiento que hay mercenarios que venden su micrófono, sus plumas, sus preguntas, sus cámaras, sus reportajes, sus investigaciones periodísticas, sus libros, su voz, su reputación por pesetas, por uno soles, por mercadería barata y reduciendo sus conciencias a la publicidad, a las grandiosas líneas editoriales que son dirigidas por los familiares del dueño del medio de comunicación, sin importar la modalidad donde salga el mensaje comunicativo. La credibilidad de los medios de comunicación en el Perú está en los suelos, es innegable esa realidad, lo peor para este negocio, totalmente lucrativo, porque es lo que está primando. Y la ciudadanía es consciente de esto.  

La coyuntura sobre el papel sesgado que han tomado los medios de comunicación se conversa en cada almuerzo, desayuno y cena, sobre todo en regiones. Un acompañante para poder descifrar y analizar cómo piensan los medios de comunicación, mejor dicho, los dueños de los medios de comunicación, es la novela “Los Últimos Días de La Prensa” de Jaime Bayly (Bayly, Jaime. Los Últimos Días de La Prensa. Editorial Peisa. Lima. 2001). Con el autor y la editorial se hace un ejemplo de cómo se busca referencias en ambos lados de una misma historia, donde la producción literaria tanto en su impresión y su publicación la hace el Grupo el Comercio y la familia Miró Quesada. Teniendo el objetivo de describir la realidad mediática de estos centros de información, veremos que dice entrelineas.

La novela de Jaime Bayly toca diferentes cuestiones y olas de revelaciones que tienen que ser decodificadas para un mayor entendimiento de los actores que llenan los horarios matinales y nocturnos de información, donde a simple vista no se observa la defensa de intereses subalternos y el poder de grandes grupos económicos que quieren mantenerlo, todo ello será explicado en los párrafos que vendrán a continuación. Que seguramente se quedará corto con la realidad circundante que muestra la obra literaria, basada en hechos reales, siendo una prueba fehaciente de lo que pasa en los medios de comunicación.

Los reconocimientos se fabrican por parte del gobierno de turno para poder satisfacer egos periodísticos personales, comprando silencios por alguna investigación consolidada que saldrá a la luz, lo cual da motivo a una posible futura carpeta fiscal por difamación o tráfico de influencias o cualquier delito. Son aquellos aplausos que retumban en la sala, al momento de dar el reconocimiento a la libertad de expresión de algún medio de comunicación, con el adeudo de solapar un régimen autoritario y asesino, que no solamente pasa actualmente, sino que en la historia republicana tenemos muchos ejemplos.

Otorongo no come a otorongo en los medios de comunicación, Jaime Bayly lo menciona implícita y explícitamente en su novela. Mientras vendas tu pluma y tu consciencia vaya en relación a la línea editorial y la indignación de tus palabras muy bien ensayadas pueda generarme algunos ingresos, blanqueando algunas palabras, podrías llegar a ser un gran analista de noticias como Mónica Delga, Nicolas Lukar, Federico Salazar (e hijo), Sol Carreño, Mavila Huerta, Beto Ortiz, Phillip Butters, Milagros Leiva, Aldo Mariátegui, Roxana Cueva, entre otros. Para poder decir “libertad de expresión por siempre con ética y moral”, ¿la democracia va a prosperar teniendo a los referentes mencionados?

Todo está descrito por el alter ego de Jaime Bayly, representado por Diego Balbi, un muchacho de 15 años que consiguió un puesto en el diario La Prensa por las relaciones sociales que tenía su abuela, ferviente devota católica, que fue creciendo, mejor dicho, cobrando más poder periodístico a medida que guardaba más secretos e iba escalando gracias a su relación con los jefes del diario.

También están los personajes “literarios” de Francisco Larragaña, el director del diario, vendido a los intereses del gobierno de turno. Zamorano, un conservador a ultranza que a todos los que estaban en contra de sus puntos de vista los etiquetaba como comunistas, y que para él tenían que morir. Patricia Bustios, secretaria del periódico La Prensa, haciendo y cobrando favores periodísticos de manera sexual entre compañeros, colegas, enemigos y amigos. Una infinidad de personajes que la novela recomienda para que podamos entender cómo son los medios de comunicación. Todos estos personajes, tienen hazañas como, literariamente hablando, modificar cartas y testimonios de los entrevistados, como pasó con Rafael Tudela, abuelo de Diego Balbi, exigiendo el adulto mayor justicia para la restitución de su hacienda que la reforma agraria le había quitado, donde su mismo nieto modificó la carta para hacerla pública en el periódico, complaciendo a sus jefes y generando el caldo de cultivo para futuros ascensos.

Se encuentra en la obra literaria una mención del personaje de Zamorano: “esto de ser periodista es el deshueve, tenemos más poder que los diputados”. La tarea del periodismo debe ser inquietar a quienes ostentan el poder mediante una elección popular y un mercado monopólico ganado, porque la investigación de las redes de corrupción en las compras públicas debe ser el horizonte de la verdad, como para dar un ejemplo, de inquietar al poder político. Pero el periodista no puede ver como adversarios a aquellos que fiscaliza e intriga como contrincantes que impidan hegemonizar el poder absoluto, y allí es cuando la verdad se vuelve un instrumento para los medios de comunicación, ya no un principio.

En un episodio de la novela se menciona con bombos y platillos la incorporación de una flamante reportera estrella para un suplemento dominical, la cual era enamorada del hijo del dueño del periódico, Francisco Larragaña, quien la palmeaba siempre en las piernas y glúteos en presencia de los compañeros de trabajo en diferentes ocasiones. Sin dejar de mencionar el orgullo y el mérito que cree tener la periodista, que nunca estudió para serlo. Es importante este punto porque nos muestra cómo se van construyendo la deformación de la formación periodística, convirtiendo un modelo replicable en los grandes medios de comunicación de señal abierta, teniendo horizontes de ambición que los llevan hasta el Congreso de la República, sin respetar parámetros de izquierdas y derechas, una doctrina que guie su profesionalismo, ni mucho menos un bagaje cultural-histórico.

En otro instante Zamorano menciona una frase, que particularmente caracteriza a muchos periodistas que defienden a grandes intereses económicos inconscientemente y conscientemente, “el único rojo bueno, es el rojo muerto”, mencionándolo repetitivamente en la novela. Recordemos que muchos periodistas tienen unos juicios adelantados, sin desplegar los equipos de investigación, basando todo su argumento en sentido común y prejuicios muy bien elaborados por las líneas editoriales.

En la página 102 de la novela, se manifiesta los conflictos internos entre periodistas, provocando muertes, altercados, corrupción de las líneas editoriales y demás, los cuales se manejan con códigos para que no se convierta en noticia, en la comidilla. Otorongo no come a otorongo en los medios de comunicación. En la novela se reunían los directores de periódicos y pactaban acuerdos sobre la meza, porque no se podía pisar el poncho entre colegas.

En la página 164, se menciona que toda la culpa del decaimiento de la línea editorial y las pérdidas cuantiosas en las finanzas del periódico La Prensa se debe a la familia propietaria. Es esta familia quien ostenta el poder, sangrando al diario por parte de los hijos, las nueras y amistades. Convirtiendo a grandes presentadores y “periodistas” en tontos útiles, defendiendo una política mercenaria y mercantilista por parte del dueño empresarial, con argumentos donde se embandera la libertad de expresión y la ética periodística, pero sin darse cuenta que siguen yendo como carne de cañón, mientras los dueños desangran a la empresa.

En la página 173, se habla sobre una nueva tipificación de periodista, el rosadito, el pasadito por agua tibia, el que quiere la reducción del Estado y no su aniquilación total, para que el hombre se rija por las reglas del mercado y privatice todo lo que se pueda, aire, agua, mares, calles, parques y empresas. Los rosados son los que se mueven de acuerdo a las calles, complacientes con los poderes fácticos, con el Estado y la ciudadanía. Siempre complacientes.

En la página 216, se encuentra la experiencia de un senador, que también es periodista del periódico, mencionando una frase épica de recordar, no hay que creer todo lo que dice el periódico, joven Balbi. Los periódicos están llenos de mentiras. Por eso me gusta leer el Hola porque las fotos no mienten”, otra frase, “no hay como ser periodista y senador. Es el deshuevé. Te pasas la vida dando discursos y escribiendo articulitos y cobrando en dólares. (…) qué rica es la democracia, joven Balbi”. Ya defender un régimen y un statu quo a costa de tu consciencia poniendo un precio a tu pluma significaría una pérdida de libertad de expresión, pero vanagloriarse de ello, es no tener vergüenza.

En la página 248, el abuelo de Balbi, un ex hacendado, le confesó que mantenía a más de 50 familias y que había violaciones consentidas a cambio de jornal, comida, agua y vivienda. Esa situación se normalizó, eso nunca se publicó en ningún medio de comunicación. Por otro lado, cuando el abuelo quiso una devolución de su tierra, mandando una carta al diario La Prensa para que la hiciera pública, el mismo director le pidió a Balbi, su nieto, que la modificara para que saliera algo más acomodada y acondicionada a la línea editorial que se acostumbraba. Entonces, no son traiciones por parte de los medios de comunicación al no sacar determinada información, sino solamente se les denomina inconveniencias, esto en el lenguaje codificado de los centros de información.

Se piensa que, con un reportaje, una columna o una entrevista se puede sepultar a un funcionario público, pero con claros intereses económicos detrás, envueltos en la gracia y al amén de la libertad de expresión.

Se tiene que decir también que está la prensa que hace su chamba. En nuestra realidad le pasa a Carlos Cornejo, Patricia del Río, Juan Carlos Tafur, Pedro Salinas, Josefina Townsend, Paola Ugaz, Gustavo Gorriti, Cesar Hildebrandt, entre otros, porque obviamente hay excepciones a la regla, pero siguen siendo minoría y sus mensajes no tienen un gran alcance en comparación a los medios que si tienen la disponibilidad de la señal abierta. Pero no se puede negar que hay plumas inquebrantables como la de Cesar Hildebrandt y Gustavo Gorriti, que mantienen sus líneas editoriales en relación a la investigación y da vida a la verdad.

Hay medios de comunicación que luchan contra la desinformación y la post verdad. Hay medios de comunicación independientes en redes sociales como Sudaca, El Foco, La Mula, Sálvese Quien Pueda, La Encerrona, etc., pero el mayor logro que se pueda sacar de la crisis de los grandes medios de comunicación, que le pusieron un precio a su profesión, es que la ciudadanía sabe que todo lo tiene que verificar, contrastar, esperar para dar su opinión y construir un mensaje con base en la verdad, y poco a poco que la investigación se vuelva un hábito para la ciudadanía y no solamente para la academia.