La prensa en
el Perú de hoy
Lucas Z.
Granda.
En el último párrafo del artículo 14° de la
Constitución Política del Perú de 1993 se menciona: “Los medios de
comunicación social deben colaborar con el Estado en la educación y en la
formación moral y cultural”. Dice la constitución.
En una sociedad que cada día retrocede
institucionalmente --lo cual requiere decir que la reglamentación, el orden
social y el ejercicio de autoridad se hace a criterio propio de quien tiene las
riendas del poder político, aquel hijo e hija de papi que puede pagar para
obtener algo, zurrándose en todo el escalamiento meritocrático y burocrático
que cuasi administrativamente se ha ido construyendo en doscientos años de
República en este territorio que se denomina Perú-- manifestarse se ha vuelto
una necesidad como comer, respirar y beber agua.
Cómo no manifestarse cuando nos dicen medias verdades,
cuando omiten fotografías sesgando la realidad, cuando sólo sacan reportajes de
las cuantiosas pérdidas económicas en diferentes regiones del país sin investigar
a las más de 69 familias enlutadas por las balas que el gobierno Balearte gatilló
hacia su pueblo, hacia el Perú profundo que tanto manifiesta cuando habla en
quechua, aquel que constitucionalmente menciona defenderlo. No se investiga las
dos caras de la misma moneda. Cómo no manifestarse.
En las últimas manifestaciones, tanto en sus
tipologías, contextos y diferentes actores a nivel regional y nacional, se han
compenetrado diferentes profesiones y puntos de vista para poder determinar el
cómo, por qué y los procesos de los hechos sociales que suceden a diario,
teniendo que recaer en argumentos sólidos y con una base teórica que no tome
las generalizaciones y la indignación como buenas acompañantes para explicar un
fenómeno social complejo como el papel de los medios de comunicación en el
país.
Entonces las cuestiones empiezan a construirse en
torno a cómo se genera una opinión, cayendo del árbol cuestiones como ¿Quiénes
generan diferentes percepciones en la ciudadanía para construir opinión pública
en relación a los acontecimientos diarios que suceden? Naturalmente proviene de
la información que tenga cada individuo, tomando una postura y fortaleciendo sus
preferencias al escoger alguna alternativa política, literaria, etc. ¿Quiénes
informan a la ciudadanía? Los medios de comunicación a través de sus diferentes
modalidades: radio, televisión, redes sociales y prensa escrita (diarios). ¿Qué
informan los medios de comunicación? (Deberían) Informan la verdad de las cosas
que suceden en la realidad en todo el territorio nacional y regiones, son
independientes en sus líneas editoriales al mostrar los hechos, tomando
testimonios de diferentes partes de una misma historia, contrastando la
información bruta que les llega, utilizando el filtrado con otras fuentes de
información, para entregar a la ciudadanía la verdad. De todo ello podemos
concluir que una prensa libre e independiente, el ideal, tiene que respetar la
libertad de expresión en todas sus formas, sin etiquetar ninguna preferencia
política, étnica, religión o cultural por parte de las diferentes naciones que
conviven en un mismo territorio, mostrando su profesionalismo por más poder económico
y político que se enfrenten, porque para los medios de comunicación después de
la verdad todo es ilusión.
Según la encuesta de opinión sobre medios de
comunicación que elaboró el Instituto de Estudios Peruanos (IEP) en mayo del
2021 en plena segunda vuelta de campaña electoral, el 84% de la ciudadanía
consideró que los medios de comunicación son importantes, el 54% consideraba
que los medios de comunicación favorecen a una candidatura, el 79% de la
ciudadanía consideró que hay un favorecimiento por parte de los medios de
comunicación hacia la candidata Keiko Fujimori. Ese fue el inicio de la
desacreditación total de los grandes medios de comunicación de señal abierta,
que hasta la fecha no se pueden recuperar. Justamente son estos peruanos y
peruanas que manifiestan -porque es una necesidad manifestarse en el Perú- no
coincidir con la labor que cumplen los medios de comunicación, eso manifiestan
las estadísticas, en relación a la tercera cuestión que en el párrafo anterior
se da respuesta, donde se toma conocimiento que hay mercenarios que venden su
micrófono, sus plumas, sus preguntas, sus cámaras, sus reportajes, sus
investigaciones periodísticas, sus libros, su voz, su reputación por pesetas,
por uno soles, por mercadería barata y reduciendo sus conciencias a la
publicidad, a las grandiosas líneas editoriales que son dirigidas por los
familiares del dueño del medio de comunicación, sin importar la modalidad donde
salga el mensaje comunicativo. La credibilidad de los medios de comunicación en
el Perú está en los suelos, es innegable esa realidad, lo peor para este
negocio, totalmente lucrativo, porque es lo que está primando. Y la ciudadanía
es consciente de esto.
La coyuntura sobre el papel sesgado que han tomado los
medios de comunicación se conversa en cada almuerzo, desayuno y cena, sobre
todo en regiones. Un acompañante para poder descifrar y analizar cómo piensan
los medios de comunicación, mejor dicho, los dueños de los medios de
comunicación, es la novela “Los Últimos Días de La Prensa” de Jaime Bayly (Bayly,
Jaime. Los Últimos Días de La Prensa. Editorial Peisa. Lima. 2001). Con el
autor y la editorial se hace un ejemplo de cómo se busca referencias en ambos
lados de una misma historia, donde la producción literaria tanto en su
impresión y su publicación la hace el Grupo el Comercio y la familia Miró
Quesada. Teniendo el objetivo de describir la realidad mediática de estos
centros de información, veremos que dice entrelineas.
La novela de Jaime Bayly toca diferentes cuestiones y
olas de revelaciones que tienen que ser decodificadas para un mayor
entendimiento de los actores que llenan los horarios matinales y nocturnos de
información, donde a simple vista no se observa la defensa de intereses subalternos
y el poder de grandes grupos económicos que quieren mantenerlo, todo ello será
explicado en los párrafos que vendrán a continuación. Que seguramente se
quedará corto con la realidad circundante que muestra la obra literaria, basada
en hechos reales, siendo una prueba fehaciente de lo que pasa en los medios de
comunicación.
Los reconocimientos se fabrican por parte del gobierno
de turno para poder satisfacer egos periodísticos personales, comprando
silencios por alguna investigación consolidada que saldrá a la luz, lo cual da
motivo a una posible futura carpeta fiscal por difamación o tráfico de
influencias o cualquier delito. Son aquellos aplausos que retumban en la sala, al
momento de dar el reconocimiento a la libertad de expresión de algún medio de
comunicación, con el adeudo de solapar un régimen autoritario y asesino, que no
solamente pasa actualmente, sino que en la historia republicana tenemos muchos
ejemplos.
Otorongo no come a otorongo en los medios de
comunicación, Jaime Bayly lo menciona implícita y explícitamente en su novela.
Mientras vendas tu pluma y tu consciencia vaya en relación a la línea editorial
y la indignación de tus palabras muy bien ensayadas pueda generarme algunos ingresos,
blanqueando algunas palabras, podrías llegar a ser un gran analista de noticias
como Mónica Delga, Nicolas Lukar, Federico Salazar (e hijo), Sol Carreño,
Mavila Huerta, Beto Ortiz, Phillip Butters, Milagros Leiva, Aldo Mariátegui,
Roxana Cueva, entre otros. Para poder decir “libertad
de expresión por siempre con ética y moral”, ¿la democracia va a prosperar
teniendo a los referentes mencionados?
Todo está descrito por el alter ego de Jaime Bayly,
representado por Diego Balbi, un muchacho de 15 años que consiguió un puesto en
el diario La Prensa por las relaciones sociales que tenía su abuela, ferviente
devota católica, que fue creciendo, mejor dicho, cobrando más poder periodístico
a medida que guardaba más secretos e iba escalando gracias a su relación con
los jefes del diario.
También están los personajes “literarios” de Francisco
Larragaña, el director del diario, vendido a los intereses del gobierno de
turno. Zamorano, un conservador a ultranza que a todos los que estaban en
contra de sus puntos de vista los etiquetaba como comunistas, y que para él
tenían que morir. Patricia Bustios, secretaria del periódico La Prensa, haciendo
y cobrando favores periodísticos de manera sexual entre compañeros, colegas,
enemigos y amigos. Una infinidad de personajes que la novela recomienda para
que podamos entender cómo son los medios de comunicación. Todos estos
personajes, tienen hazañas como, literariamente hablando, modificar cartas y
testimonios de los entrevistados, como pasó con Rafael Tudela, abuelo de Diego
Balbi, exigiendo el adulto mayor justicia para la restitución de su hacienda
que la reforma agraria le había quitado, donde su mismo nieto modificó la carta
para hacerla pública en el periódico, complaciendo a sus jefes y generando el
caldo de cultivo para futuros ascensos.
Se encuentra en la obra literaria una mención del
personaje de Zamorano: “esto de ser periodista es el deshueve,
tenemos más poder que los diputados”. La tarea del periodismo
debe ser inquietar a quienes ostentan el poder mediante una elección popular y un
mercado monopólico ganado, porque la investigación de las redes de corrupción
en las compras públicas debe ser el horizonte de la verdad, como para dar un
ejemplo, de inquietar al poder político. Pero el periodista no puede ver como adversarios
a aquellos que fiscaliza e intriga como contrincantes que impidan hegemonizar
el poder absoluto, y allí es cuando la verdad se vuelve un instrumento para los
medios de comunicación, ya no un principio.
En
un episodio de la novela se menciona con bombos y platillos la incorporación de
una flamante reportera estrella para un suplemento dominical, la cual era
enamorada del hijo del dueño del periódico, Francisco Larragaña, quien la
palmeaba siempre en las piernas y glúteos en presencia de los compañeros de
trabajo en diferentes ocasiones. Sin dejar de mencionar el orgullo y el mérito
que cree tener la periodista, que nunca estudió para serlo. Es importante este
punto porque nos muestra cómo se van construyendo la deformación de la
formación periodística, convirtiendo un modelo replicable en los grandes medios
de comunicación de señal abierta, teniendo horizontes de ambición que los
llevan hasta el Congreso de la República, sin respetar parámetros de izquierdas
y derechas, una doctrina que guie su profesionalismo, ni mucho menos un bagaje
cultural-histórico.
En
otro instante Zamorano menciona una frase, que particularmente caracteriza a
muchos periodistas que defienden a grandes intereses económicos
inconscientemente y conscientemente, “el
único rojo bueno, es el rojo muerto”, mencionándolo repetitivamente en la
novela. Recordemos que muchos periodistas tienen unos juicios adelantados, sin
desplegar los equipos de investigación, basando todo su argumento en sentido
común y prejuicios muy bien elaborados por las líneas editoriales.
En
la página 102 de la novela, se manifiesta los conflictos internos entre
periodistas, provocando muertes, altercados, corrupción de las líneas
editoriales y demás, los cuales se manejan con códigos para que no se convierta
en noticia, en la comidilla. Otorongo no
come a otorongo en los medios de comunicación. En la novela se reunían los
directores de periódicos y pactaban acuerdos sobre la meza, porque no se podía
pisar el poncho entre colegas.
En
la página 164, se menciona que toda la culpa del decaimiento de la línea
editorial y las pérdidas cuantiosas en las finanzas del periódico La Prensa se
debe a la familia propietaria. Es esta familia quien ostenta el poder,
sangrando al diario por parte de los hijos, las nueras y amistades. Convirtiendo
a grandes presentadores y “periodistas” en tontos útiles, defendiendo una
política mercenaria y mercantilista por parte del dueño empresarial, con
argumentos donde se embandera la libertad de expresión y la ética periodística,
pero sin darse cuenta que siguen yendo como carne de cañón, mientras los dueños
desangran a la empresa.
En
la página 173, se habla sobre una nueva tipificación de periodista, el
rosadito, el pasadito por agua tibia, el que quiere la reducción del Estado y
no su aniquilación total, para que el hombre se rija por las reglas del mercado
y privatice todo lo que se pueda, aire, agua, mares, calles, parques y
empresas. Los rosados son los que se mueven de acuerdo a las calles, complacientes
con los poderes fácticos, con el Estado y la ciudadanía. Siempre complacientes.
En la página 216, se encuentra la experiencia de un
senador, que también es periodista del periódico, mencionando una frase épica
de recordar, “no hay que creer todo lo que dice el
periódico, joven Balbi. Los periódicos están llenos de mentiras. Por eso me gusta
leer el Hola porque las fotos no mienten”, otra frase, “no hay como
ser periodista y senador. Es el deshuevé. Te pasas la vida dando discursos y
escribiendo articulitos y cobrando en dólares. (…) qué rica es la democracia,
joven Balbi”. Ya defender un
régimen y un statu quo a costa de tu consciencia poniendo un precio a tu pluma significaría
una pérdida de libertad de expresión, pero vanagloriarse de ello, es no tener
vergüenza.
En la página 248, el abuelo de Balbi, un ex hacendado,
le confesó que mantenía a más de 50 familias y que había violaciones
consentidas a cambio de jornal, comida, agua y vivienda. Esa situación se
normalizó, eso nunca se publicó en ningún medio de comunicación. Por otro lado,
cuando el abuelo quiso una devolución de su tierra, mandando una carta al diario
La Prensa para que la hiciera pública, el mismo director le pidió a Balbi, su
nieto, que la modificara para que saliera algo más acomodada y acondicionada a
la línea editorial que se acostumbraba. Entonces, no son traiciones por parte
de los medios de comunicación al no sacar determinada información, sino
solamente se les denomina inconveniencias, esto en el lenguaje codificado de
los centros de información.
Se piensa que, con un reportaje, una columna o una
entrevista se puede sepultar a un funcionario público, pero con claros
intereses económicos detrás, envueltos en la gracia y al amén de la libertad de
expresión.
Se tiene que decir también que está la prensa que hace
su chamba. En nuestra realidad le pasa a Carlos Cornejo, Patricia del Río, Juan
Carlos Tafur, Pedro Salinas, Josefina Townsend, Paola Ugaz, Gustavo Gorriti,
Cesar Hildebrandt, entre otros, porque obviamente hay excepciones a la regla,
pero siguen siendo minoría y sus mensajes no tienen un gran alcance en
comparación a los medios que si tienen la disponibilidad de la señal abierta. Pero
no se puede negar que hay plumas inquebrantables como la de Cesar Hildebrandt y
Gustavo Gorriti, que mantienen sus líneas editoriales en relación a la
investigación y da vida a la verdad.
Hay medios de comunicación que luchan contra la
desinformación y la post verdad. Hay medios de comunicación independientes en
redes sociales como Sudaca, El Foco, La Mula, Sálvese Quien Pueda, La
Encerrona, etc., pero el mayor logro que se pueda sacar de la crisis de los
grandes medios de comunicación, que le pusieron un precio a su profesión, es
que la ciudadanía sabe que todo lo tiene que verificar, contrastar, esperar
para dar su opinión y construir un mensaje con base en la verdad, y poco a poco
que la investigación se vuelva un hábito para la ciudadanía y no solamente para
la academia.
