
05 de septiembre se llevó una
marcha multitudinaria en diferentes regionales de nuestro querido Perú. No se
puede negar que la indignación es generalizada, en una línea histórica desde el
2000, cuando se manifestó la marcha de los cuatro suyos no se intensificó la
unión de diferentes frentes de la sociedad organizada unidos por un objetivo, que
no distingue género, edad, etnia, condición socioeconómica, nivel de
instrucción, político, ciudadano, anarquismo y democrático, se alinearon ayer
por una causa común, el rechazo a la crisis política-institucional de
corrupción e insostenibilidad de la relación entre el ejecutivo y el
legislativo.
Para contribuir al debate y poner
en la palestra discusiones que no reflejan a simple vista la marcha de ayer.
Hay dos preocupaciones latentes que nos trae a colación este fenómeno social.
Primero es el mensaje implícito
del descontento ciudadano hacia la política partidaria y la funcionabilidad de
las instituciones del estado peruano; no se puede negar que hay una
participación activa de la ciudadanía con relación a la política, que ha ido en
ascenso, lo cual se debe buscar su sostenibilidad con participación y sobre
todo con “propuesta de cambio”, pero también preocupa que la causa común, no se
materialice en bien común, explicando que una elección adelantada no resuelve
los problemas estructurales de nuestro país, como la discriminación
étnica-migratoria, el generar empleo sostenible, violencia contra mujer, bajos
niveles de aprendizaje, brechas en infraestructura, la descentralización, la
corrupción institucional, el transporte público de calidad, el derecho a una
ciudad inclusiva y de derecho, entre otros. Cuando reinicias la computadora
necesariamente no vas a encontrar una situación diferente cuando la prendas,
depende de cómo y quién la prenda. Concluyendo, si pides “QUE SE VAYAN TODOS”,
también tienes que proponer cómo resolvemos la crisis en conjunto “TODOS Y
TODAS”.
El segundo punto va referido a
que la marcha no es causal, sino intencional, siendo parte de una cronología de
hechos articulados y programáticos, que obedecen a intereses de diferentes
colectivos y partidos políticos, que ya empezaron los 90 minutos para alcanzar
el poder en el 2020. Esta postura de aquellas organizaciones no es rechazada,
sino aplaudida, siempre y cuando lo den a conocer a la opinión pública, para
que la crisis institucional-política no se cambie una por otra. Imaginemos un
escenario el próximo año, donde cabe el supuesto que tengamos a Elmer Caceres
Llica como presidente del Perú, y a la agrupación política “Cambio 21” con 80
congresistas, ¿saldremos a marchar nuevamente? ¿Pediremos elecciones
adelantadas y que se vayan todos otra vez? ¿La política es necesaria para
generar desarrollo y garantizar la calidad de vida o es un juego del
espectáculo de la televisión basura? La osadía y la indignación ciudadana son
compartidas por todo el Perú, pero también la responsabilidad que tenemos todos
y todas de ver a quien le vamos a dejar nuestro país, y cuáles van a ser las
propuestas ciudadanas que reorientaran el rumbo de nuestra república, para no
repetir lo que ya estamos pasando.
Seamos precavidos y consientes de las diferentes
agrupaciones políticas o no que han salido a marchar el 05 de septiembre, y empecemos
a evaluar que proponen o cuál es su postura a la crisis política-institucional.
Traslademos un objetivo común ciudadano, que nos unió ayer,
a una propuesta integral que genere bien común sostenido para todas y todos los
peruanos.