lunes, 8 de julio de 2024

Yana-Wara elimina el romanticismo andino neocolonial

 

Yana-Wara elimina el romanticismo andino neocolonial

Lucas Z. Granda.

Esta obra cinematográfica sienta la postura de no romantizar los escenarios y cultura andina, tejiéndola de una corriente realista, genuina y cotidiana que sucede en nuestro Perú. A mi percepción, corta la mamadera a personajillos que fácilmente viven hablando de la vulnerabilidad, pobreza, desigualdad en los diferentes grupos poblacionales dispersos en el área rural, no con el clamor de sensibilizar a la ciudadanía sobre las diferentes problemáticas flagelantes, sino para engrandecer egos personales y mercantilizar la victimización con fines lucrativos y necesidad de reconocimiento, cayendo en causas incoherentes en su verdadero modo de pensar.

Yana-Wara es aquella película que da una cachetada de peruanismo a Tudela y al pollito de la bancada de Avanza País, porque demuestra que los fondos del Ministerio de Cultura, obviamente no por la gestión del gobierno sino por la movilización organizada de los cineastas regionales, financian la transmisión de mensajes autóctonos, reales, generando un rostro humano desconocido para las ciudades intermedias costeras de nuestro Perú, pero sobre todo nos representa como una ciudadanía diversa, chauvinista en búsqueda de una identidad perdida y con diferentes contextos que obedecen a un espacio-tiempo-histórico.

La película ataca directamente el romanticismo andino, Don Evaristo de ochenta años fue el asesino de su nieta de trece años, que la única palabra que dijo al morir fue “gracias taita”. Aquella nieta que fue violada por un docente de educación secundaria en una escuela rural, aquel profesional que debería representar la ética; también fue obligada a vivir con su agresor décadas mayor que ella, fue excluida por su misma comunidad, y poco a poco se fueron cerrando caminos que significaron la sobrevivencia bajo las condiciones agrestes del campo. Dejando la pregunta al salir de la sala del cine ¿las personas con alguna discapacidad y/o condición mental se adaptan y son incluidas en la vida cotidiana de las áreas rurales y selváticas? ¿Cuáles son las instituciones públicas y privadas que dan el soporte en salud, educación, servicios públicos, empleo y seguridad para que las personas con discapacidad sean incluidas en una sociedad que las “reconoce”? ¿con que ojos se está mirando el campo, serán los citadinos?

Son preguntas reales y terrenales que nos increpan como humanidad y como ciudadanía, porque creer tener empatía y tener grados de superioridad por sobre aquellas personas que no han tenido la oportunidad de conocer el campo ni de sentir sus vicisitudes no los deja excluidos del problema público, mucho menos arroparse con la verdad absoluta. Debemos de hacer la creación heroica que hicieron Tito Catacora y Oscar Catacora, trasladar la crudeza de como pasan las cosas en el campo, no plasmar lo bello de la cultura milenaria, ancestral e histórica que podría significar una afluencia de turistas que se tomen muchas fotos y se compren muchos toors vivenciales, no, se tiene que hacer sentir lo que pasa y lo que sufre la gente en el país, pero sin el sesgo del “final feliz” y las posiciones de quienes son los malos y quienes los buenos, hacer cine regional.

Yana-Wara nos hace una última advertencia implícita de aquellas personas que romantizan el campo y recogen aplausos por un manejo del humo en auditorios muy elocuente, nos dice que hay que tener cuidado con el petulante ego hablando sobre la verdad absoluta, su verdad, sometiendo diferentes percepciones a la exclusión sino toman en cuenta su único punto de vista. La manipulación y la instrumentalización hecha carne, observando a las personas como pequeños engranajes de un juego de pura conveniencia individual, obviamente vendiendo humo colectivo, lucha de clase y solidaridad genuina para los auditorios que se ufana caminar. Recibiendo duras críticas de las personas que lo han rebelado como el vil ser humano que es, pisando cabezas para sentirse mejor cualitativamente que los demás. Sin ningún tipo de reconocimiento a las personas que caminan a su alrededor, apropiándose de labores hechas por los verdaderos héroes del campo, que siguen luchando, sin romantizar nada, sino con lucha y coherencia, y sin auditorios.



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