Un
país donde los Cuevas son los convocados
Lucas
Z. Granda
La meritocracia a muerto,
ha sido desterrada de nuestro sentido común, ganando la improvisación al tomar
decisiones, imponiéndose la remediación inconsistente en vez de apostar por la
construcción de un nuevo modelo. Nuestras oraciones no van en relación a que
haya menos sacerdotes que violen a las niñas y niños, sino que puedan ser
cambiados de prelatura o que no se haga escándalo por el miedo "al que
dirá la gente".
Han muerto los canales
institucionales para ascender socialmente, conocidos como disciplina, educación
permanente, preparación física, experiencia profesional, habilidades
adquiridas; imponiéndose el modelo Cueva de ascenso social, el pendejo que
puede divertirse hasta beberse la última gota de whisky, cerveza o lata hasta
la madrugada, después de una derrota o victoria de la selección peruana y
equipo de liga que se desempeñe.
El modelo Cueva se ampara
en un jugador de fútbol peruano nacido en Huamachuco, siendo una promesa del
fútbol peruano que fracaso, pero que, a pesar de las diferentes acciones de
indisciplina, bohemia permanente y ninguna consideración por ser un atleta, es
convocado a la selección nacional del Perú. Concluyendo en un fracaso más, en
una estrella que perdió su brillo, sin equipo por cual competir (porque todos
los botaron por indisciplinado), pero ejerciendo un autoritarismo convencional
(ya acostumbrado en nuestro país) en el imaginario de la población, se ha
manifestado un claro mensaje que dice: No te esfuerces tanto por destacar, sólo
consigue un Fossati que te convoque, consigue a un Fossati que te haga jugar,
consíguete un padrino y júntate con quienes dan la oportunidad para que a
través de intercambio de favores puedas conseguir lo que quieras.
¿Cuál es el mensaje para
los jugadores de categorías menores en diferentes clubes de fútbol? ¿Cuál es la
lección que interioriza los chicos de las canteras del Melgar que fueron
desconvocados por llevar a un juerguero sin equipo, sin pena ni gloria a la
Copa América? La respuesta es dura, pero ya acostumbrada, que ni en el fútbol
se puede ser honesto y coherente, la pelota se ha manchado con eses y alcohol,
trayéndonos a un terreno donde la temperatura se encuentra a 10 grados
centígrados, similar al salir de una discoteca a las tres de la mañana, donde
las canchas de deporte se encuentran pegajosas y melosas por toda la vergüenza
que tenemos al cerrarnos en el modelo Cueva, en este modelo que solo les dice a
la juventud disfruta de tus defectos o vete a otro lado, porque para ser bueno
en lo que haces no necesitas ser disciplinado o esforzarte, sólo necesitas un
Fossati (padrino) y estar en escándalos mediáticos.
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