Flores Galindo y el circuito comercial para
Arequipa en la historia.
Lucas Z. Granda
La endeble institucionalidad que se
vive en nuestro país en pleno siglo XXI nos hace escarbar en nuestros archivos
y actores que hicieron trabajos académicos para poder entender nuestros
cimientos republicanos y coloniales para evidenciar la teoría de la dependencia
en los circuitos económicos, comerciales y geopolíticos, enganchando siempre el
debate a quien posee los medios de producción, las clases dominantes que se
reconfiguran constantemente y las condiciones endebles de nuestra ciudadanía.
En el siglo XIX el sur se convierte
en una economía predominantemente exportadora de lanas. En el aspecto comercial
entre Arequipa (que aún era sujetada por el dominio de los clericós) y Puno
disminuyo notablemente, como el comercio del Cusco se redujo a la coca y
Moquegua era como ir a vivir al fin del mundo. Era la época de las plazas
grandes porque fueron los primeros mercados de los asentamientos humanos que
fueron creciendo, luego lo que serían las ciudades. Aquí nacen los primeros
indicios de reconcentración de los asentamientos humanos para albergar
distintos servicios relacionados al comercio y las primeras casas de
intercambio relacionadas a las finanzas.
Hay que mencionar el caso de los Goyeneche,
como marcaron y se trasladaron del comercio a la agricultura, fenómeno que se
repetiría constantemente en la clase alta arequipeña, como sucedía con las
familias Tristán, Romaña y Bustamante y Barreda. Las cuales controlaban los
medios de producción y disponían de los recursos para meterse a la política
local y nacional, manejando los hilos de como se conducía Arequipa.
Importante mencionar la
categorización que representaba el poder en el siglo XIX, el gamonalismo como
posesión del poder económico por parte del hacendado, que conllevaría también
un poder político, siendo designado autoridad en la localidad, movilizando
hasta tropas para impartir coacción en el territorio. Lo que fue permitiendo la
desarticulación regional entre la propiedad de la tierra y el poder político,
así apareció el gamonalismo. Considerando que el gamonal carece de interés por
incrementar su producción.
Con respecto al comercio lanero aún
la sociedad persistía dentro de los modelos tradicionales. Por otro lado, no
solo se exportaban lanas por Arica e Islay, en referencia al año 1838, se
exportaba adicional a la lana, la quinina, pieles de chinchilla, cuero, estaño,
mineral de cobre, platería, oro en polvo amonedado, entre otros, considerando
que los puertos rivales del pacifico estaban en el Callao y Valparaíso.
Se articula Puno como la mayor
dispensa ganadera del Perú, y por toda la comercialización se empiezan a
organizar las ferias del sur como Tungasuca y Vilque, pero aún la fabrica y su
proceso de industrialización aparecía artificialmente en medio de una sociedad
tradicional y muy atrasada en el interior de un mercado restringido.
La hegemonía arequipeña comenzó en todo el sur,
logrando su consolidación solo con la construcción del ferrocarril, a pesar de
los conflictos de clase cotidianos la consolidación del poderío arequipeño se
acentuó en el sur del Perú, apareciendo la oligarquía en el escenario regional.
La región empieza a aparecer
manteniendo una relación de independencia de los procesos nacionales, pero
Arequipa no fue un caso único. Por eso nuestra Región Arequipa
contemporáneamente es el eje articulador económico, social, político, cultural
y hasta electoral en el Perú, entender a Alberto Flores Galindo desde su libro
“Arequipa y el Sur Andino”, muestra del artículo, nos empieza a dar señales de
como preparar medidas reales, acciones estratégicas vinculantes y evaluar con
indicadores sistematizables en un Perú que se va cada día mas al fondo del pozo,
dentro de una oscuridad y un silencia ciudadano incomparable en la historia.

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