Martín Vizcarra nació en Moquegua
hace más de cinco décadas. Se hizo gobernador regional de su departamento por
el movimiento “Integración Regional por Ti”, acompañado de su hombre de
confianza Ivan Manchego, se tuvo los logros importantes, como que siete niños
de diez de segundo grado de secundaria comprendieran lo que leen, estando por
encima del promedio latinoamericano y nacional. Fueron peldaños para construir
la famosa muralla Moqueguana que gobernaría el país con Karen Roca, William
Flores y Oscar Vásquez. Vizcarra se parece a Fujimori, porque se interesaba en
ver en campo el avance de las obras, meticuloso y obsesivo, con entrevistas y
cámaras. Empezamos.
La
tranquilidad a las doce del día era una sensación que percibían muchos hogares,
en plena pandemia, a partir del 16 de marzo del 2020, donde comenzó la
cuarentena en el Perú, sonaba a programa de radio “al medio día con Vizcarra”, parecía broma en aquel presente, pero
ahora parece un guion muy bien escenificado. ¿Qué capitalizo Martín Vizcarra?
¿Por qué empezó a quererlo la gente? ¿Por qué los casos de corrupción se vieron
más rápido en la opinión pública? Muchas preguntas, pero pocas respuestas.
El
ejercicio de la descripción nos puede ayudar a desmenuzar la realidad de un
hecho social o descifrar los intereses más oscuros de un actor, revelando los
objetivos principales y primogénitos del político, pero sobre todo de un
traidor, sobre todo si ha corrompido los valores que construyo en campaña y defraudado
a sus colaboradores de confianza que lo acompañaron en el gobierno, sobre todo
si humillo a médicos, serenos, personal de parques y jardines, intensivistas,
policías, bomberos, adultos mayores, utilizando la investidura del cargo de
presidente de la república para beneficio propio, vacunándose en la
clandestinidad, callando por frascos de inmunidad para su compañera y hermano
mayor, dando la espalda a aquellas personas que le dieron su apoyo en las
diferentes crisis políticas que tuvo que pasar su gobierno, ya no te creemos
Martín.
“Un error fatal que
no volverá a suceder”, son aquellas frases que salen a relucir por parte de
la ciudadanía, motivadas por la rabia y la desesperación de conseguir un balón
de oxígeno, estar a la espera de una vacuna, una cama hospitalaria o que un
familiar pueda entrar a la unidad de cuidados intensivos. La participación
ciudadana en la agenda pública tiene estas frases debido a la emotividad del
electorado a la hora de manifestar su voto en las urnas, de la misma manera en
la percepción de aprobación o desaprobación del gobierno de turno, está volatilidad
en la confianza que ofrece a sus autoridades electas tienen mucho romanticismo,
coyuntura, circo y poco argumento. De esto se valió el ciudadano Vizcarra para
tomar las decisiones más importantes en las diferentes coyunturas políticas,
sin mencionar a sus supersticiones claro está, notándose chispazos fujimoristas
en su actuar, moviéndose al copas de las encuestas, populismo puro y duro en la
marea de la incertidumbre.
El
ciudadano Vizcarra siempre polémico, pero recurrentemente se le preguntaba
sobre su plan para la gobernabilidad del país, la reducción de brechas, como se
llegaría al bicentenario o cual es el norte del barco del gobierno, no había
ancla fija, podía encallar en cualquier agua turbia o mansa, según le convenga.
Vamos
a diagnosticar la decepción más grande del bicentenario, ayudando a la
población a pasar el trago amargo de la traición, sintiendo la ciudadanía la puñalada,
no en el pecho, sino por la espalda, la ciudadanía en su mayoría se identificaba
no con una persona, líder, político o mucho menos con el ciudadano Martín
Vizcarra, así lo denominaremos ahora, sino por el significante que había
capitalizado desde el ascenso al poder, la manera como encaro a una mayoría
fujimorista con 73 escaños en el congreso, con una postura obstruccionista con
el único objetivo de ver arder el país, empuño la bandera de la lucha contra la
corrupción creando la Comisión de Alto Nivel para la Reforma Política conocida como
la comisión Tuesta, planteando los pilares para refundar la política, dándole
niveles de popularidad y aceptación jamás antes visto en un funcionario
público. Esa película que vendió a la población término siendo aburrida, falsa
y sobre todo decepcionante al final.
Sello
su popularidad con el cierre del Congreso de la República, claro, este hecho
según la historia ha significado un redito político, obteniendo la confianza
ciudadana en todo su esplendor, poco a poco se van sintiendo los calambres de inmortalidad
en esta vida terrenal. Pero Vizcarra no fue la excepción, siempre cuando el
avión logra despegar la turbulencia del emborrachamiento del poder hace que se
desplome lo que demoro mucho en levantar el vuelo. Y aún sigue cayendo Martín.
Cuando
lo vacaron el 09 de noviembre del 2020, la ciudadanía salió a las calles, sobre
todo los jóvenes del bicentenario, pero no marcharon por Martín, que quede
claro, sino por la crisis de representatividad que ya se tenía desde que fue
elegido PPK en el 2016, ocasionada por el fujimorismo y partidos políticos que
veían intereses propios, mientras el pueblo moría en hospitales a causa de la
COVID-19. Vizcarra nos había dotado de una desconfianza total en las
instituciones, en lo que dicen, en lo que hacen, en lo que escuchamos, en los
chismes, donde lo único que nos puede dar la verdad son las investigaciones, empezar
a leer ciencia y construir argumentos cohesionados con la realidad en la que
vivimos.
La
indignación nos lleva a sugerir un castigo para el máximo funcionario público
de la República del Perú, debería renunciar a su candidatura al congreso por
Somos Perú, y no volver a laborar en el sector público para que pueda limpiar
su nombre, hasta que las investigaciones puedan concluir.
En
la saga de Star Wars: Episodio III, “La Venganza de los Sith” no podría
describirlo de la mejor manera en una conversación de Obi Wan a Anaki para
hacer alusión a la decepción que significo Martín Vizcarra: “Tú eras el elegido, debías destruir a los
sit no unir a su fuerza, ibas a darle equilibrio a la fuerza no a dejarla en la
oscuridad” “Eres mi hermano Anakin, yo te quería”. La decepción Vizcarra.
El
ciudadano defraudo, se convirtió en aquello que juro destruir. Ahora estaremos
vigilante del pillo Martín, como lo hacemos con Keiko, para que puedan pagar
por los casos de corrupción y el daño que le han hecho al país, tesoro público,
salud mental de las personas, lucha contra pandemia de la COVID-19 y la crisis
política.
Lo
bueno es que empoderaste a muchos jóvenes a no creer en lo que las personas
puedan decir, sino antes verificarlo, formar un argumento propio, con ciencia y
en base a líneas claras de grandes pilares como derechos humanos, desarrollo
sostenibles, participación ciudadana, democracia, gobernabilidad, política,
ética y filosofía.
La
camanchaca es conocida en Moquegua como el único momento del año en que la
ciudad se nubla. Al parecer será el estado político por un largo tiempo del
ciudadano Martín Vizcarra. El Perú no estuvo primero para Martín Vizcarra.

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