Pedro Paulet Mostajo un maestro contemporáneo.
Lucas Z. Granda
Pedro Paulet, es un arequipeño que
nació en Tiabaya el 02 de julio de 1874, considerado el padre de la aeronáutica
que estuvo relacionado a los primeros estudios para que el hombre pueda llegar
a la luna, diseñando su propia nave aeroespacial. Inventor del primer cohete de
combustible líquido. Una anécdota que se saca del baúl de la historia es que el
rector de la Universidad Nacional de San Agustín lo invito a rendir un examen,
donde sorprendió a muchos y logro su ingreso a la casa de estudios a estudiar
en la Facultad de Letras y Ciencias. Siendo un prolijo inventor, economista,
diplomático, escritor, político y científico de talla mundial.
Una de las variables que sorprende
es la profesionalización de diferentes disciplinas científicas puestas a
contribuir su rol humano, vanguardista científico y promotor de una sociedad
que evoluciona, adelantándose 70 años a su tiempo cuando ideaba su motor-cohete
en la Universidad de Sorbona en Francia, el cual permitiría años después que
Neil Armstrong y Edwin Aldrin pisaran la superficie lunar, al igual que los
misiles A2 alemanes, por un motor de combustible líquido. Donde Pedro Paulet
mencionaba siempre que el financiamiento es crucial para dar luz a grandes
ideas, pero no debe ser un impedimento para seguir buscando el medio para
conseguirlo.
Pedro muestra su coherencia política
e ideológica al no unirse a proyectos tecnológicos y aeronáuticos por ética,
porque serían utilizados con fines militares, donde la historia le diera la
razón, porque la carrera armamentista se intensifico en su tiempo antes y
después de la segunda guerra mundial en 1945, donde muchos inventos acabaron
con millones de vidas humanas, donde la ciencia no buscaba mejorar la dignidad
humana, sino empezó a apagar la vida.
Pedro muestra grandes enseñanzas en
no unirse a grandes proyectos de investigación por prestigio, fama y dinero,
sino ver el lado humano y propósito que se ciñen en estos avatares,
reconociendo el esfuerzo y dedicación en estos párrafos a Álvaro Mejía, que sigue
haciendo esfuerzos para que sea reconocido el gran maestro bajo las grandes enseñanzas
que nos deja Pedro Paulet. Siempre mencionaba "los arequipeños no le
tienen miedo al fuego ni a las explosiones", como un signo de
motivación para nunca desmayar ante cualquier vicisitud que se le presentara en
sus proyectos de investigación y diplomáticos.
Estas características mencionadas
representan a un maestro que no solo refleja coherencia, energía, fuerza sino
lucha por su territorio, por su país. Es que hablar de Pedro Paulet Mostajo,
tiene una motivación en el Perú presente, que nuestros mayores ejemplos
de lideres están muertos, donde la historia que no conoce la ciudadanía los va
olvidando, sepultando sus hazañas en la memoria del olvido, porque los
personajes presentes decepcionan y se contradicen sobre todo cuando pasan a la
esfera pública y política, por eso los maestros del pasado no decepcionan a
ninguna generación, fortaleciendo las causas coherentes con ideas correctas.
Los ideales y
las ideologías se han mancillado por personas que no encuentran la coherencia
como un modelo a seguir después de tener la oportunidad de obtener poder
político y económico, los cuales van de la mano. Los maestros contemporáneos han decepcionado a
los discípulos y viceversa, donde los maestros no han podido tener la
reflexibilidad de entender el entorno de las nuevas de generaciones al formarse
políticamente, ya no en las canteras de los partidos políticos ni en los
movimientos regionales, sino dispuestos a tener el proceso de
enseñanza-aprendizaje desde la academia, el activismo y la articulación de la
sociedad civil.
Se ha roto todo tipo de intercambio
intergeneracional, mueren generaciones sin luchar, se acomodan a pensamientos
plantilleros y simplistas, sin cuestionar el statu quo, sin una estrategia
multidimensional para tomar el poder y redistribuirlo para las regiones, para
las zonas rurales, para el pueblo que vive olvidado en la pobreza y la
desigualdad. Cuanta nostalgia nos hace falta un José Carlos Mariátegui, Víctor
Raúl Haya de la Torre y un Pedro Paulet Mostajo.
Pedro no muere el 30 de enero de
1945 a la edad de 71 años, sino lo hará cuando las generaciones futuras no
encontremos las lecciones de un maestro contemporáneo nos tiene para la
ciudadanía peruana, que hoy por hoy, le toca luchar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario