sábado, 17 de febrero de 2024

La resignación ciudadana no será condescendiente con el poder.

 

La resignación ciudadana no será condescendiente con el poder.

Lucas Z. Granda

La indignación que sentimos como ciudadanía nos perturba en nuestra vida cotidiana al tolerar forzadamente y contra nuestra voluntad a un gobierno que gira en torno a una señora que no gobierna, no entiende de nada de democracia, no protege y resguarda los derechos humanos, ni mucho menos tiene voluntad política de renovar nuestro sistema de representación y legitimidad dando un paso al costado y convocando a nuevas elecciones para que el país pueda reencontrarse con el diálogo entre personas que piensan diferente, pero que necesitan darse mutuamente la oportunidad de llegar a un consenso por la gobernabilidad del país.

El inicio de diciembre, para citar solo algunos casos, nos sorprende con una supuesta red de corrupción en el Ministerio Público encabezada por la fiscal de la nación Patricia Benavides, comprando votos de congresistas a cambio de archivamientos de carpetas ficales de redes de corrupción, narcotráfico y lobby para controlar la Junta de Fiscales Supremos. Por otro lado, después de seis años se activa nuevamente el indulto mercantilista de votos congresales de PPK articulando con Kenyi Fujimori, donde no hay reparación civil, ni mucho menos arrepentimiento por los crimines de lesa humanidad del reo Alberto Fujimori. Y en otra esquina, tenemos un ejecutivo que depreda al Estado con ordenes de servicios hacia amigas del premier Otarola, el hermano de la presidenta Nicanor Boluarte y en general un ejecutivo que hace agua desde lo técnico, político, humano y postura institucional. Causas suficientes que explican la indignación de la ciudadanía, y como efecto rebote mas de 400 mil peruanos que han migrado fuera del Perú.

Así se fortaleció las causas para las manifestaciones del 07 al 09 de diciembre a nivel nacional, donde diferentes gremios sindicales, estudiantiles, campesinos, obreros, académicos y sociedad civil en general acudieron a las calles a hacer sentir su voz de protesta e indignación por todo lo que pasa en el país. Uno de los gremios que destaco en Lima-Metropolitana fue la Coordinadora Nacional Unitaria del Perú, que proponía la renuncia de Dina Boluarte a la presidencia de la república, nuevo congreso y una nueva constitución política del Perú.

Desde regiones se escuchó una voz fuerte de rechazo a todas las redes de corrupción en el Ministerio Público, Tribunal Constitucional, Ejecutivo y Legislativo, pero las narrativas que impregnaron los medios de comunicación al manifestar que eran marchas pacíficas sin fuerza de movilización, enumerando las cuantiosas pérdidas económicas que se estarían produciendo por las paralizaciones y banderas de lucha ridiculizadas por “lideres de opinión” que encuentran los últimos acontecimiento de corrupción como legitimas a los patrones que les pagan la olla de comida. Ha creado mucho divisionismo, una cultura de la desorganización e improvisación y una impresión de resignación de tener una clase política que nos gobierna actualmente.

La seguridad e inamovilidad de su curul que sienten las madres y padres de la patria en relación a las diferentes manifestaciones que se han producido en los espacios públicos en el año 2023 es una constante, mandando un mensaje fuerte y claro para la ciudadanía, que no habrá protesta tan grande para que los saque, que no renunciaran a su curul sin importar el caso de corrupción que se evidencia a la ciudadanía, que los dejemos desinstitucionalizar el país para que primen sus intereses económicos y de poder por encima de cualquiera que no sea un congresista. 

Debemos tener acciones más orgánicas en la articulación de la sociedad civil, que queremos cambiar del modelo de gobernabilidad, económico, social, neocolonial, extractivista, patriarcal y exógeno extranjero, porque lo queremos cambiar, como lo queremos cambiar y con quienes lo queremos cambiar, sobre todo en el tiempo que podría cambiarse. Se asocia muchas propuestas de grupos de izquierdas y seudo derechas para realizar reformas y cambios estructurales desde la propia constitución de 1993, pero lamentablemente se construyen proyectos políticos en la incorporación de una carrera electoral futura. Teniendo mas de 28 partidos inscritos, con la carrera de articular todas las bases regionales y provinciales que se pueda, encontrando militantes hasta debajo de las piedras, pero sin construir un Perú de manera horizontal, descentralizado, mirando las potencialidades de cada región y sin incorporar miradas disidentes de posturas políticas contrarias.

No seamos una sociedad civil mecánica, ni mucho menos partidos políticos con el mismo tinte para ganar procesos electorales. Consideremos los niveles de desaprobación del mas del 90% tanto en el congreso como en la presidencia de la república. No neguemos que necesitamos un nuevo pacto social, porque la resignación de la ciudadanía al tener la clase política actual, no va ser condescendiente.






 

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