¿Pena de Muerte para los Violadores? Obvio, Sacerdotes También.
La pertenencia de la vida es
individual, propia de cada ser humano, alejada ferozmente de la idea que la
vida le pertenece a una deidad divina, que debemos estar agradecidos por
despertar cada día a un ente, bueno no daremos la otra mejilla aquí. La vida es
un derecho ciudadano en pleno siglo XXI, por la evolución de la humanidad y el
conocimiento de la sociedad, en base a luchas, protestas y reivindicaciones
colectivas, significando una ciudadanía critica de la realidad y no un rebaño
de ovejas que siguen a un pastor.
La “pena de muerte” es un
debate contemporáneo, histórico, populista y que está en la opinión pública,
actualmente presente por los casos de violación a menores de edad en nuestro
país. Centrando la reflexión en los 5140 casos a menores víctimas de violación
sexual en el 2019, y solo en enero del 2020 se registraron por los Centros de
Emergencia Mujer (CEM) 464 casos de violación sexual a menores de edad, como el
caso de la niña Camila de 4 años que fue ultrajada y asesinada en el distrito
de Independencia en Lima Metropolitana.
La pena de muerte lleva el nombre
de todas y todos los violadores en el Perú, diciendo la ciudadanía a viva voz
que no es suficiente el encierro, no es suficiente 35 años de privación de la
libertad, el dolor de perder un ser querido y un familiar, no tendrá
compensación justa en un Estado democrático ni en la vida que tienen que
caminar.
Entonces responde el presidente
Martín Vizcarra: “estamos evaluando la pena de muerte”, haciendo una referencia
a los casos de violación contra menores de edad, asesinatos, entre otros,
personificando la acostumbrada indignación popular, y es aquí donde podemos ver
que no solo es subirse a la ola, en momento de crisis, sino saber cuándo parar,
para establecer el orden y hacer pedagogía pública, resguardando el derechos de
todas y todos los peruanos. Patinaste otra vez y sin congreso aún.
Porque es cierto que se tiene una
generalización del rompimiento del Estado de derecho, transgrediendo las leyes
por personas que no encuentran lugar en la sociedad, viendo el crimen y la
violación como la cotidianidad de un oficio, haciéndose acreedores a los peores
castigos, manifestados y realizados por la ciudadanía. Claro ejemplo son las
rondas campesinas en Cajamarca y Puno, donde a los abigeos los queman vivos en
los postes de alumbrado público, se les hace caminar desnudos a plena luz del
día por todo el pueblo, se les azota en las plazas de las villas, y todo como
muestra de rechazo a las actitudes transgresoras de las normas comunales y de
convivencia entre iguales. Ósea la pena de muerte inconstitucionalmente es
inviable, y para los demócratas y protectores del derecho humanos, como el
derecho a la vida, es innegociable, pero en la informalidad y la ausencia del
Estado peruano se practica la pena de muerte como sanción popular.
El otro extremo es la anarquía, que
no puede apoderarse de nuestro sentido de comunidad, responsabilidad ciudadana,
respeto a las normas y sobre todo a la vida. Pero en el supuesto que nos
salgamos del Pacto de San José, realizando las reformas pertinentes a nuestra
constitución política y sistema de justicia, ¿funcionaria para reducir la
violencia y las violaciones a mujeres, niños, niñas y adolescentes? Sobre todo si tenemos los jueces y fiscales que
determinarían la pena de muerte en relación a la magnitud del crimen (los
famosos hermanitos), ¿confiamos en nuestro sistema de justicia?, con una
justicia equitativa, sin considerar estratos socioeconómicos para aplicar la
pena. ¿Mejoraría el actuar de la Policía Nacional del Perú (PNP)?, estando
actualmente desmotivada, encontrando organizaciones corruptas que delinquen
dentro de la institución, sin respaldo institucional ni de cuadros honestos e íntegros
en su centro de trabajo, lograrían mejorar sus intervenciones para atacar la
problemática, que de paso es integral y compleja. Son muchos los cabos sueltos
que deja una medida extrema e improvisada.
En relación a la pena de muerte
hay instituciones supranacionales que han debatido, regulado y polemizado sobre
el tema, como la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). Alegando en
líneas generales su visión por erradicar esta pena de los sistemas de justicia
de cada país adscrito, estableciendo algunos parámetros: en caso de guerra
comunicada al inicio y al cierre, si es válida la pena de muerte; no a menores
de edad, personas mayores de 70 años, tampoco a madres gestantes ni por delitos
políticos; nadie puede ser arrebatado de su vida arbitrariamente, sin un debido
proceso, teniendo el derecho de pedir clemencia, amnistía o conmutación; y no
se restablecerá la pena de muerte a los países que la han abolido. Todo esto
manifestado en la Convención Americana sobre Derechos humanos 08 septiembre de
1983 – CIDH.
Por citar un caso de mal uso de
la pena de muerte manifestado por la CIDH. El Caso Raxcacó Reyes vs. Guatemala.
Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia de 15 de septiembre de 2005, párr.56:
por ser el actor directo de un secuestro a una menor de edad, comprobándose en
un juzgado el plagio como autores directos, fue condenado a pena de muerte.
Ahora la Organización de las
Naciones Unidas (ONU) tiene una visión diferente, proponiendo su erradicación
gradualmente, con restricción, pero con uso legal de la pena. Priorizando la
naturaleza de la acusación, evitando tener una pena automática, fría y mecánica,
sino enfocarse en la gravedad intrínseca del crimen perpetrado. Quiere decir,
una pena de muerte legal, pero con razones de justicia. Concluyendo, que se
debe evitar el “fenómeno del corredor de la muerte”, siendo el tiempo que se
demoraban en darle viabilidad a la pena. Cabe mencionar que la Defensoría del
Pueblo en el Perú, no cataloga a la muerte como pena, porque no es una
reinserción a la sociedad, sino es la muerte del individuo, lo cual degenera
nuestros valores democráticos y de respeto a los derechos humanos.
Manifestando
mi opinión para concluir que no hay derecho para poder quitar la vida, y si es
el motivo actual la violación a menores de edad, es una problemática más grande
que una pena de muerte. Y si hay cosas que analizar aún, no veamos solo a los
estratos más pobres y barrios urbano marginales de las ciudades y ciudades
intermedias, sino giremos también la cabeza y miremos todos los casos de
pedofilia que durante décadas los sacerdotes, diáconos, obispos y cardenales
han perpetrado la intimidad de nuestros hijos, hijas, sobrinas, hermanas, hermanos
y ciudadanos en general, haciendo uso su poder clerical, la confianza familiar
y en nombre de una deidad, solo es necesario que revises periodismo de
investigación, algunas películas como Spotligh (En Primera Plana –
Latinoamérica), o puedas viajar a la sierra profunda y converses con los
ancianos para que te expliquen que no solo hay violadores de asfalto sino
también de habito y sotana los domingos.

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