En la Tierra Suceden
Muchas Revoluciones
Al inicio de esta epístola se
elogia a la película “La Revolución y la
Tierra” por haber llegado a los 74 mil espectadores que fueron a ver el
documental peruano, este narra el proceso de la reforma agraria, considerando
los pro y los contra. La pregunta cae de madura ¿Por qué tanta acogida del
documental en los cines a nivel nacional? ¿Por qué se sigue firmando peticiones
de reproducción en facebook y twitter para que vuelvan a pasar la película?, el
que no quiera reconocer que es un fenómeno social post-reforma agraria, seguro
proviene del legado oligarca, o no ha logrado identificar la relevancia de
esclarecer nuestro pasado histórico peruano, en el Perú contemporáneo que
estamos viviendo en el presente.
Se puede escuchar en la película
algunos huaynos ayacuchanos, cajamarquinos y cusqueños, preponderantemente
quechua, y con un enfoque transversal melancólico de la época. Respondiendo a
la segunda pregunta, se escucha claramente cantar a las señoras y a los señores
que están de espectadores, la reforma agraria vive en la ciudadanía, nunca se olvidó.
Entonces la carga social no queda en el pasado, sino se recrea y transforma en
el presente. Hugo Neyra menciona: “Si no
hubiera habido reforma agraria en el Perú sendero luminoso hubiera ganado la
guerra”, pero el proceso de cambio fue radical, en 1969 a 1979 se
expropiaron 15 826 fundos y 9 millones de hectáreas, según Fernando Eguren.
Juan Velazco daba inicio a la reforma agraria: “¡Campesino, el patrón ya no comerá más de tu pobreza!”. Sentando
un precedente en la historia republicana del Perú.
Sin duda alguna la reforma
agraria en el Perú y en cada país latinoamericano ocasiono un rompimiento con
la colonia, con la opresión y con las relaciones de servidumbre que hubo en el
siglo XX. Seguido de ello se vinieron
las grandes migraciones del campo a la ciudad, en busca de mejores
oportunidades laborales, educativas y de calidad de vida, impulsado también por
los asesinatos de Sendero Luminoso y Movimiento Revolucionario Tupac Amaru a
las y los comuneros.
Teniendo el postulado que la
carga social se recrea y se transforma en el presente de cada país, no podemos
dejar de sentar una posición por la conflictividad en Chile y Bolivia.
Prácticamente la clase media nacida de las reformas agrarias latinoamericanas,
y hoy refugiadas en la economía de la informalidad, la mediana empresa y el
deseo de obtener algún cargo público, está en las calles. No solamente
reclamando reivindicaciones y derechos laborales, sino se está luchando en el
caso de Chile, por emparejar la cancha, tanto para personas que tienen que
utilizar el metro y para los que viajan en auto particular. Tildándolos de
radicales izquierdistas que atentan contra el orden constitucional y statu quo
de la sociedad, pero veamos el fondo, es la clase media mejor instruido de la
región que no logra tener movilidad social en mejorar sus condiciones de vida y
recreación, por una concentración del poder político y económico de familias
elites chilenas, que han orillado al gobierno de Piñera a una constituyente,
esperando que haya aires de equidad chilena.
En Bolivia si hubo golpe de
Estado, en Bolivia si hay una clase media descontenta con el gobierno de Evo
Morales por utilizar a la democracia al servicio de mantenerse en el poder. La
democracia es delegar y es alternancia en los cargos públicos de elección
popular, no fue la virtud de Morales buscar un gobierno de amplia base y con
renovación de cuadros. Lo preocupante es que Fernando Camacho embandera la
colonialidad, la biblia, el neoliberalismo intervencionista y manipulación de
las fuerzas armadas, que estas dos últimas semanas ocasionaron destrozos en
todo Bolivia y en especial a las personas quechuablantes comuneras.
Se piensa que la informalidad
peruana será un desfogue a los conflictos sociales, Chile y Bolivia no
opinarían igual.

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