jueves, 14 de noviembre de 2019

En la Tierra Suceden Muchas Revoluciones


En la Tierra Suceden Muchas Revoluciones

Al inicio de esta epístola se elogia a la película “La Revolución y la Tierra” por haber llegado a los 74 mil espectadores que fueron a ver el documental peruano, este narra el proceso de la reforma agraria, considerando los pro y los contra. La pregunta cae de madura ¿Por qué tanta acogida del documental en los cines a nivel nacional? ¿Por qué se sigue firmando peticiones de reproducción en facebook y twitter para que vuelvan a pasar la película?, el que no quiera reconocer que es un fenómeno social post-reforma agraria, seguro proviene del legado oligarca, o no ha logrado identificar la relevancia de esclarecer nuestro pasado histórico peruano, en el Perú contemporáneo que estamos viviendo en el presente.

Se puede escuchar en la película algunos huaynos ayacuchanos, cajamarquinos y cusqueños, preponderantemente quechua, y con un enfoque transversal melancólico de la época. Respondiendo a la segunda pregunta, se escucha claramente cantar a las señoras y a los señores que están de espectadores, la reforma agraria vive en la ciudadanía, nunca se olvidó. Entonces la carga social no queda en el pasado, sino se recrea y transforma en el presente. Hugo Neyra menciona: “Si no hubiera habido reforma agraria en el Perú sendero luminoso hubiera ganado la guerra”, pero el proceso de cambio fue radical, en 1969 a 1979 se expropiaron 15 826 fundos y 9 millones de hectáreas, según Fernando Eguren. Juan Velazco daba inicio a la reforma agraria: “¡Campesino, el patrón ya no comerá más de tu pobreza!”. Sentando un precedente en la historia republicana del Perú.

Sin duda alguna la reforma agraria en el Perú y en cada país latinoamericano ocasiono un rompimiento con la colonia, con la opresión y con las relaciones de servidumbre que hubo en el siglo XX.  Seguido de ello se vinieron las grandes migraciones del campo a la ciudad, en busca de mejores oportunidades laborales, educativas y de calidad de vida, impulsado también por los asesinatos de Sendero Luminoso y Movimiento Revolucionario Tupac Amaru a las y los comuneros.

Teniendo el postulado que la carga social se recrea y se transforma en el presente de cada país, no podemos dejar de sentar una posición por la conflictividad en Chile y Bolivia. Prácticamente la clase media nacida de las reformas agrarias latinoamericanas, y hoy refugiadas en la economía de la informalidad, la mediana empresa y el deseo de obtener algún cargo público, está en las calles. No solamente reclamando reivindicaciones y derechos laborales, sino se está luchando en el caso de Chile, por emparejar la cancha, tanto para personas que tienen que utilizar el metro y para los que viajan en auto particular. Tildándolos de radicales izquierdistas que atentan contra el orden constitucional y statu quo de la sociedad, pero veamos el fondo, es la clase media mejor instruido de la región que no logra tener movilidad social en mejorar sus condiciones de vida y recreación, por una concentración del poder político y económico de familias elites chilenas, que han orillado al gobierno de Piñera a una constituyente, esperando que haya aires de equidad chilena.

En Bolivia si hubo golpe de Estado, en Bolivia si hay una clase media descontenta con el gobierno de Evo Morales por utilizar a la democracia al servicio de mantenerse en el poder. La democracia es delegar y es alternancia en los cargos públicos de elección popular, no fue la virtud de Morales buscar un gobierno de amplia base y con renovación de cuadros. Lo preocupante es que Fernando Camacho embandera la colonialidad, la biblia, el neoliberalismo intervencionista y manipulación de las fuerzas armadas, que estas dos últimas semanas ocasionaron destrozos en todo Bolivia y en especial a las personas quechuablantes comuneras. 

Se piensa que la informalidad peruana será un desfogue a los conflictos sociales, Chile y Bolivia no opinarían igual.


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