El Efecto Joker en Latinoamérica
Tendremos el papel de spoiler
para aquellas personas que no han logrado ver el “Joker”. El significado de la película no extrapola la realidad contemporánea
en que se vive, situando lugares, problemas, coyunturas y desigualdades en específico,
encontrar un mayor sentido a la muerte que a la vida, es peligroso, pensar que
encuentras reconocimiento y status a partir de infringir la ley y el contrato
social, atemoriza, arrebatar lo que no te pertenece por “justicia”, es el caos.
A partir de ello surgen muchas preguntas, que han tenido respuesta en Latinoamérica:
¿Por qué quitar la vida a una persona es malo? ¿El reconocimiento y status se
gana o se adquiere? ¿Puede ser justo
prevaler el derecho de las minorías sobre las mayorías?
Joker vive en una ciudad discriminadora, segregada, con delincuencia,
espacios públicos inseguros, lúgubre, homofóbica, violenta y problemas
mentales, pero también tiene servicios básicos de calidad, educación
innovadora, servicio de salud humanizado para el ciudadano y con ingresos
altos, cabe recalcar que estos últimos adjetivos solo lo tiene el 10% de las
personas que viven en la ciudad, de 10 personas una vive cómodamente. En la
mega ciudad mueren a diario personas de bajos recursos, normalizado para la
opinión pública, pero cuando mueren tres hombres violentos, que laboran en Wall
Street y de pertenecientes a familias adineradas, es una crisis moral, ética,
de desconcierto social y concluye en una crisis política a sangre y fuego.
¡Justamente este es el efecto Joker!, catalogar a la violencia social
legitima como un mecanismo de movilidad social y reivindicativa, en base a las
desigualdades estructurales que la sociedad ha segregado a la población durante
décadas, motivado por las diferentes brechas sociales económicas y culturales
que hemos tenido, creando contrincantes, burgueses vs proletariado, citadinos
vs migrantes, serranos vs costeños, negros vs blancos, incas vs españoles,
ricos vs pobres, peruanos vs venezolanos, arequipeños vs limeños, puneños vs
ileños, y así podríamos enumerar muchos conflictos de grupos humanos. Este
efecto hoy en día encuentra justificantes claros en Latinoamérica, somos el
continente más desigual del planeta.
En Ecuador salieron a protestar grupos
sociales, indígenas y transportistas rechazando los recortes económicos impuestos
por el FMI (Fondo Monetario Internacional) para que el país reciba ayuda
financiera pensado por el gobierno de Lenin Moreno. El objetivo era reducir el
gasto público e incrementar los ingresos del Estado, teniendo como primera
medida del paquetazo económico eliminar los subsidios de gasolina, recortar el
personal que labora en el Estado y atacando a los derechos laborales como las
vacaciones recortarlas a la mitad.
En Chile salieron a protestar por
el incremento del pasaje al Metro de Santiago, rechazando el sistema de
desigualdad manifestado en la labor de las Administradoras de Fondos de
Pensiones (AFP), no distribuyendo lo necesario para los pensionistas, solo el
20% de la ciudadanía puede pagar por una atención de mejor calidad en el
sistema de salud, los demás lo hacen en el sector público, la privatización del
agua en el país sureño, la poca movilidad y la privatización de la educación.
Chile ejemplifica las desigualdades en Latinoamérica.
Sin tocar el tema del fraude
electoral en Bolivia, donde se tiene que ir a una segunda vuelta por la paz
social del país; y la crisis en Argentina condiciona una crisis que cualquier
momento puede estallar. Todo bajo la mano invisible de corrupción por
Odebrecht.
Aclarando que no es un movimiento
de las fuerzas vivas de izquierda en Latinoamérica lo que ocasiona los disturbios
generalizados en nuestro continente, solo el pensamiento neocolonialista puede
dar justificantes que no son evidentes, la lucha es por la desigualdad, la
lucha es por la segregación, la lucha es por un Estado que da la espalda a su
pueblo, dotándolos de servicios de baja calidad y con precios exorbitantes, la
lucha es para que el Estado represente los interés y derechos de toda la ciudadanía,
no un Estado pelele al servicio de intereses de organismos supranacionales.

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