El Pueblo, lo Público y lo Político
“Los antiguos tenemos derecho a tener paraderos, y los que recién están
viniendo tendrán que esperar”, en alguna reunión de moto-taxistas con el
sector público pude escuchar, se tenía como objetivo la regulación del transporte
local en un distrito de 5000 habitantes aproximadamente. “El pueblo necesita transporte para movilizarse y nosotros se lo damos,
no lo hace la municipalidad, sino la moto-taxi”, ¿Cuándo lo técnico tiene
el respaldo del pueblo? ¿Cuándo la razón se impera a la fuerza y a la multitud?
¿Las decisiones políticas son tomadas en base al bien común? Son algunas
cuestiones válidas para conseguir el anhelado desarrollo, basado en la
democracia, el consenso y el diálogo. En este ejemplo de resolver un problema
público, lamentablemente no se regulo el transporte local, no por ineficiencia
del Estado, típico argumento trillado y oportunista por los que lo usan,
tampoco porque no hubiera ideas o estrategias para mitigar el problema a corto,
mediano y largo plazo, sino porque no hubo predisposición de dialogo, porque se
quiso imponer una idea individual, y porque al final nadie quiso ver el
problema del transporte sino que podría ganar cada uno de los presentes.
Una municipalidad no es diferente
que la Presidencia de Consejo de Ministros (PCM), ni tampoco de un voluntariado
que tiene cierto orden y control para llevar sus actividades, si de gestión,
ética y eficiencia podemos poner en la mesa para conversar. Algunas diferencias
tal vez: el presupuesto que se maneja, la calificación del personal con el que
se trabaja y la envergadura del cargo. Pero los problemas son bien comunes: los
cargos que vienen de campaña que prácticamente son los zánganos viviendo de la
institución pública, la chismosearía que se toma la mitad de la jornada laboral
reduciendo la productividad de la institución, nadie escucha o pone en
ejecución las propuestas técnicas solo sirve para generar papel, se hecha culpa
siempre a las personas que no están presentes para argumentar una explicación, la
subjetividad prima para tomar decisiones de política pública o de interés
colectivo y las personas que están empujando la combi son contadas e
indispensables para que se consiga resultados.
“En este momento no, estoy en navidad” fueron
las declaraciones de Ana Teresa Revilla Ex- Ministra de Justicia y Derechos
Humanos, al referirse de un caso de feminicidio reciente en el distrito del
Agustino. Siendo rechazadas las declaraciones por el presidente de la república
y el premier Vicente Zeballos, que dijo: “Una declaración es parte de muchos
indicadores miden el trabajo de cada ministro y ministra”. En febrero del 2020
ha renunciado la ministra en cuestión, el Ministro de Energía y Minas Juan
Carlos Liu, conjuntamente el Ministro de Transportes y Comunicaciones Elmer
Trujillo, especulando que la titular del Ministerio de Educación Flor Pablo
podría estar renunciando también, por un caso en concreto de reuniones con
empresarios de Odebrecht por el caso Lava Jato. Es un duro golpe para el
gobierno y para el gabinete, que ya ha perdido varios ministros y sin congreso
que los fiscalice aún, pero ¿Qué paso? ¿Por qué renunciaron?, aparte de las
explicaciones coherentes y específicas que tienen la obligación de dar estos
funcionarios, se debe ver el problema de fondo ¿Cuáles son las cualidades que
debe tener un ministro o ministra dentro del contexto político-social peruano?,
y en el mismo papel están los funcionarios de cada municipalidad o que brinde
servicio público.
Contestar la última pregunta del
párrafo anterior es parte de otra columna, pero podemos concretizar algunas
ideas fuerzas. Trabajar para el Estado, es brindar un servicio a la comunidad,
no se viene a servirse del erario estatal, ni a lucrar ni mucho menos a
corromper las instituciones; no puede haber espacios para los egos dentro de
los tomadores de decisión porque te quitan la sensibilidad social, empatía
ciudadana, la versatilidad para resolver problemas, añorando lo perfectible
pero no lo práctico.
El pueblo debe hacer política
participativa y fiscalizadora, pero sobre todo de acompañamiento, porque el
pueblo no debe empujar al abismo al Estado, sino proponer soluciones a sus
mismos problemas. Guagua que no llora no mama, pero que no lo haga bajo las
mismas razones siempre sino que proponga.

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